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Tensiómetro no digital

¿Que tensiómetros se usaban antes del modelo digital?

La tecnología digital ha hecho accesible a todo el mundo la posibilidad de tomarse la tensión arterial con comodidad y sin conocimientos médicos

16.07.2019 13:18 h.
7 min

Existen en el mercado actual una amplia gama de tensiómetros digitales que ofrecen, gracias a una tecnología asequible, la posibilidad de realizar un chequeo de la tensión arterial, de una forma muy cómoda y sin que sea necesario tener ningún tipo de cualificación o conocimiento médico (aquí tienes ejemplos de tensiometros como Medisana).

Pero no siempre las cosas han sido así. Antes de la aparición de los tensiómetros digitales, para conocer la presión arterial de una persona se utilizaba un brazalete asociado a una pera que iba insuflando una entrada de aire hasta ejercer una presión sobre el brazo, o extremidad, que bloqueaba la circulación sanguínea y era medida con un manómetro y un estetoscopio. Este sistema se centraba en saber en qué momento dejaba de circular la sangre a través del brazo, la llamada presión sistólica, y cuando volvía a circular, una vez dicha presión disminuía (presión diastólica).

Referencias del mundo antiguo a la tensión arterial

El estudio de la presión arterial tiene una larga historia. En este sentido, el documento histórico más antiguo, del que se tenga constancia, sobre el tema de la tensión arterial, es la obra “Neijing” o “Clásico de medicina interna”, del Emperador Amarillo de China o Huangdi, escrito en torno al año 2600 A.C.. Asimismo, se analizaba la presión arterial en tiempos del Antiguo Egipto, cuando los médicos tomaban el pulso palpando las venas del paciente. También merece especial mención al respecto, el tratado médico “De medicina”, escrito por el patricio romano Cornelius Celsus, durante la Dinastía Julio-Claudia.

Primeras mediciones fiables

Pero habría que esperar hasta el siglo XVIII para que se diseñaran los primeros dispositivos que permitiesen medir la tensión arterial. La primera medición en un ser vivo, de la que se tenga registro, la llevó a cabo el clérigo inglés Stephen Hales, concretamente en una yegua (aunque ya había hecho intentos en perros varios años antes). Realizó una incisión en la arteria femoral izquierda, por la que introdujo un fino tubo de latón de menos de 5 mm de diámetro. Por medio de otro tubo de este material, utilizó un tercer tubo rígido, de vidrio, de 9 pies o 2,74 metros de longitud. Manteniéndolo en posición vertical, desató la ligadura que había impedido el flujo de la sangre en la arteria, y vio como la sangre alcanzaba dentro del tubo una altura de casi dos metros y medio, y cómo oscilaba con cada latido entre 5 y 10 cm. Retiró luego el tubo de vidrio, y constató que al aire libre la sangre no llegaba a más de 60 cm de altura. Después, dejó desangrar a la yegua controlando la altura que la sangre alcanzaba en el tubo a intervalos regulares. Hizo muchas más mediciones del mismo tipo en caballos y perros, y en diferentes arterias, que le llevarían a establecer que un tercio del latido cardíaco correspondía a la sístole y dos tercios a la diástole.

Avances del siglo XX

Fue un científico ruso, de nombre Korotkov, quien, en el año 1905, ideó un sistema para conocer la presión diastólica. De ahí que, actualmente, se denominen sonidos de Korotkov a los emitidos mientras se realiza la medición de la presión arterial. El sistema de Korotkov es el primer sistema no invasivo válido para conocer los valores sistólicos y diastólicos de la presión sanguínea.

Existen equipos para medir la presión arterial desde principios del siglo XX, aparatos que son manejables y parecidos a los utilizados en la actualidad. No fue, sin embargo, hasta mediados de siglo cuando se extendió el estudio de la tensión arterial como una variable médica relevante, lo que supuso la universalización del uso de estos equipos.

Analógicos versus digitales

Los tensiómetros analogicos o manuales son utilizados, en todo el mundo, por profesionales de la medicina y particulares con el conocimiento de la técnica, ya que pueden ofrecer un nivel de precisión más fiable que muchos digitales. El éxito de los tensiometros digitales se ha fundamentado en la sencillez de su uso y en la no necesidad de disponer de conocimientos médicos para realizar un chequeo de la tensión arterial de uno mismo, u otra persona (además, ofrecen la posibilidad del envío de datos a un smartphone). Sin embargo, entre profesionales y pacientes convenientemente entrenados, el uso de estos equipos sigue plenamente vigente para monitorizar la tensión arterial.

Los equipos digitales aparecieron a finales del siglo XX, los primeros fabricados por una prestigiosa marca japonesa líder de ventas de este segmento de mercado. Es, sin embargo, perfectamente asequible adquirir un equipo manual. De hecho, el coste de los equipos de gama básica suele ser muy económico. Para comparar modelos, los podemos mirar aquí:  https://mejorestensiometros.com/aneroides/.

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