El distrito de Molenbeek, en el oeste de la capital belga.

El distrito de Molenbeek, en el oeste de la capital belga.

Vida

Molenbeek, mucho más que un barrio yihadista

Los vecinos del distrito rechazan la versión estigmatizada que se ofrece sobre ellos y afirman que es un barrio popular, vivo y más diverso de lo que aparenta

22 marzo, 2016 19:33

Los atentados perpetrados en Francia el pasado noviembre y los de este martes en Bruselas han puesto en el punto de mira al barrio bruselense de Molenbeek, de donde provenían la mayoría de los yihadistas relacionados con los atentados, como es el caso de Salah Abdeslam, detenido el pasado sábado tras un operativo policial en la zona.

Este distrito, uno de los 19 con los que cuenta la capital belga, es considerado una de las bases del extremismo islamista en Europa por el notable número de milicianos que desde allí se dirigen a Siria a combatir en las filas del Daesh. Sin embargo, los vecinos del barrio rechazan este estigma y afirman que es mucho más que eso: un barrio popular, vivo y más diverso de lo que parece.

24 mezquitas

Molenbeek está situado al oeste de la capital, a 20 minutos a pie del centro de la ciudad y pocas paradas de metro lo separan de las instituciones europeas. Con 24 mezquitas, sus residentes son mayoritariamente musulmanes, pero casi todos ellos están integrados en el país, luchando por un trabajo digno y castigados por el paro, el tráfico de drogas y, ahora, por un nuevo enemigo: el extremismo islamista que está incrementado su presencia entre los hijos jóvenes de inmigrantes.

Este es el caso de Abdeslam, localizado por la policía a solo 500 metros de la residencia de sus padres en el mismo vecindario, o el del cerebro de los atentados en la sala Bataclan, Abdelhamid Abbaoud, cuyos padres tienen una tienda de ropa muy frecuentada incluso por clientes residentes en otras partes de la ciudad. 

No es un gueto

Molenbeek, como el resto de los 19 distritos, llamados también comunas, tiene un ayuntamiento independiente del de la capital que se ocupa aproximadamente de sus 95.000 habitantes. Antes de la llegada del actual equipo municipal presidido por Françoise Schepman, del Movimiento Reformador (MR), los socialistas hicieron una fuerte política de inversión para renovar las viviendas y crear parques y zonas verdes.

Una política en materia de urbanismo que propició que gente de otros distritos --y no solo de origen magrebí-- se desplazara a vivir al vecindario. La zona se revalorizó, no tanto en un sentido económico, pero sí de calidad de vida por su ubicación céntrica y belleza urbana.

Crónica Global ha contactado con gente que trabaja en Bruselas desde hace muchos años y que conoce el barrio de primera mano. Algunos de ellos prefieren permanecer en el anonimato debido al trabajo que desempeñan en las instituciones europeas. Una de esas personas asegura que Molenbeek no es ningún gueto: “Es cierto que hay muchos marroquís, pero también es un barrio que hace unos años se puso un poco de moda entre los más progres de la ciudad que decidían ir a vivir allí por el comercio de proximidad, su belleza o el precio económico”.

“Los medios no dan una visión completa de los que es Molenbeek”, aegura.

Comercio de proximidad

Por su parte, Paolo B., un joven de 28 años que vive en el barrio y trabaja en el Parlamento Europeo, explica que es un barrio con “muchas tiendas donde venden frutas y verduras”, y al mismo tiempo, “pocos lugares donde socializar o de ocio”. Algo que coincide con lo que explican otras fuentes: “Es una zona de mucho comercio, con muchas tiendas de ropa, pescaderías y fruterías. Mucha gente de los otros barrios se desplaza hasta allí para comprar. En este sentido, es como un trocito de Marruecos en el centro de Bruselas”.

Paolo B. tiene otros conocidos que viven por la zona, principalmente en la parte “más cercana al centro de Bruselas”. Entre los principales obstáculos que ve en el distrito es “la poca seguridad” que existe por la noche, sobre todo "si eres una chica". Un aspecto que distintas voces critican del anterior equipo municipal: su empeño en la inversión pública obviando la seguridad policial.

“Fuimos allí una vez a ver una obra de teatro. El ayuntamiento intentaba hacer cosas atractivas en la zona. Y al volver en el autobús nos dimos cuenta de que había grupos de chicos de origen marroquí que se dedicaban a increpar a las mujeres que veían solas”, relata una de las fuentes que, como Paolo B., considera que la discriminación de las féminas es uno de los principales problemas que sufre el barrio más allá de los núcleos yihadistas.

Similar a Sants

Molenbeek está en el centro de la ciudad. Para hacerse una idea, una catalana que lleva más de 20 años viviendo dice que "lo más equiparable con Barcelona sería Sants, salvando todas las distancias. Es un barrio dentro de la ciudad que había tenido muchas fábricas a finales del siglo XIX y principios del XX, y donde vivían muchos obreros”.

“El barrio ha evolucionado de forma muy distinta a Sants. Se vació de obreros cuando la industria decayó, en los años 50, y llegó la población magrebí”, añade. Una población que en un 70%, afirman las fuentes de forma orientativa, se ha "integrado en Bélgica". "Muchos de los terroristas tienen familias normales. Y no solo eso, sino que ellos también han tenido oportunidades, si bien limitadas, de tener trabajo. No es un caso tan diferente al que viven muchos jóvenes en España", explica la catalana.

El terrorista detenido el fin de semana en el barrio es uno de estos casos. Antes de integrarse en organizaciones islamistas Abdeslam trabajaba en la compañía de transporte público de la zona y lo despidieron por su reiterado absentismo.

El futuro del barrio

Encontrar las causas de esta escalada violenta, que ha situado el barrio en el centro del yihadismo en Europa, no es tarea fácil. Los que viven allí, pese a mostrar preocupación y con los atentados de este martes aún a flor de piel, intentan mantener el optimismo.

Lo más dificil, afirman, es que el miedo no se apodere de uno cuando viaja en metro o se desplaza a una zona con mucha gente. Continuar con la rutina diaria para que Molenbeek y su amplia mayoría musulmana no sea estigmatizada y se pueda seguir haciendo vida en el barrio.