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Estudiantes erasmus realizan un examen con mascarilla y distancia de seguridad / EUROPA PRESS

Erasmus sin ‘orgasmus’

El programa europeo pierde la mitad del alumnado por el Covid y la insípida versión online

6 min

El curso pasado, según datos oficiales, vinieron a España 185.145 universitarios becados por el programa europeo de movilidad y 47.138 españoles marcharon a las aulas comunitarias. Por miedo al Covid, durante el curso 2020-21 los intercambios caerán a la mitad, calculan la Conferencia de Rectores (CRUE), varios centros universitarios y la Erasmus Student Network (ESN), asociación de ámbito europeo.

España es el primer destino de los estudiantes europeos, atraídos sobre todo por la vida social de las ciudades, el clima y el patrimonio histórico y artístico. El recorte tiene un elevado impacto, sobre todo en alojamientos universitarios. Un estudio del Instituto de Comercio Exterior (ICEX) calculó en 2018 que los alumnos extranjeros se dejaron en nuestro país 2.200 millones de euros.

Miedo al encierro

El temor por quedarse encerrados en casa en otro país, como ocurrió en marzo, ha sido decisivo tanto para los visitantes como para españoles que se van. Han visto un aumento de rebrotes y varios miles han decidido, de momento, aparcar sus maletas y renunciar a las becas que les iban a permitir estudiar un curso o un cuatrimestre en otro país.

Las universidades de Valladolid, Zaragoza y Salamanca han detectado numerosos becados que apuestan por retrasar la movilidad a febrero. Confían en que la situación mejorará y quizá haya una vacuna. “Pero cuando ven que no es posible, desisten”, aseguran los responsables del programa.

Clases online

Algunos países exigen una prueba PCR y cuarentena a los españoles que llegan. Y en la mayoría no está claro que la enseñanza vaya a ser presencial. El programa, con tan buena fama entre los jóvenes, les echa para atrás en su versión online. No les convence la fórmula de proseguir de manera presencial a lo que han llamado blended mobilities, como han planteado el Ministerio de Universidades, dirigido por Manuel Castells, y la Comisión Europea.

Las redes sociales se llenan estos días de divertidos memes sobre lo frustrante que resulta hacer el curso a distancia de la universidad de destino, sin el calor de otros intercambios culturales o sociales, con alumnos extranjeros lejos del hogar familiar. “Para eso me quedo con los cursos de la Universidad de Murcia. Seguramente apruebo mejor”, cuenta Matilde Gómez, aspirante a un máster de comunicación en Lieja (Bélgica).

Juergas y sexo

No es casualidad que el programa fuese picaronamente rebautizado como Orgasmus a los pocos años de su implantación por las abundantes juergas, sexo, desenfreno y absentismos de las aulas. Se han escrito varias novelas y abundan los foros bajo el título fácil de Erasmus/orgasmus. Cuentan algunos participantes que a su vuelta la primera o segunda pregunta es por su actividad afectivo-sexual.

“En Alemania, las universidades son muy exigentes. Fue bastante duro. Quizá elegí el destino mirando más en mi formación y en las posibilidades posteriores de empleo. Pero no veo mal que se aprovechen unas becas para hacer intercambios sentimentales”, asegura Álvaro Prados, que cursó un máster de ingeniería en Berlín.

Más ‘orgasmus’

A diferencia de similitudes en los niveles de juerga, la dureza del curso no es igual en todos los países de la UE. De los 32 estados donde se puede elegir, Italia es el destino preferido de los españoles, muy por encima de Francia y Reino Unido.

“Como docente veo todos los años que los Erasmus están totalmente polarizados: están los Erasmus erasmus y los Erasmus orgasmus. Los primeros son menos y es buenísimo tenerlos en una clase. Los segundos son más, según las listas que me pasan de secretaría. A unos pocos los conozco el primer día, pero no vuelven ni a clase ni al examen. Serán esos que forman Salamanca la nuit”, cuenta el profesor de literatura Francisco Campos.

Un millón de bebés

Son millares los españoles y españolas que aseguran que el Erasmus les ha cambiado completamente la vida en lo educativo, laboral y personal. Lo corroboran sus parejas y descendencia.

La Comisión Europea estima que más de un millón de niños ha nacido fruto de los romances forjados al calor de las aulas. Los serios datos oficiales certifican que desde 1987 han disfrutado de esta enseñanza y experiencia en la flor de la juventud más de 4,5 millones de jóvenes europeos.

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