Menú Buscar
David Vallespin, candidato a rector de la UB, visita Crónica Global / CG

David Vallespín: “Un rector debe ir a la cafetería y escuchar lo que dicen los estudiantes”

El candidato a rector de la Universitat de Barcelona considera que “el sistema educativo español es un auténtico desastre" porque carece de estabilidad

12 min

Luchar contra los recortes y las injerencias políticas es el objetivo del catedrático de Derecho Procesal David Vallespín, candidato a rector de la Universitat de Barcelona (UB). Con 48 años, personaliza un relevo generacional que considera necesario en este ámbito académico. Fue el vicerrector que gestionó la reducción de departamentos en este centro, algo que se hizo por amplio consenso pese a la eliminación de cargos y complementos salariales que eso conlleva.

-El actual rector, Dídac Ramírez, deja el listón alto, pues la UB está considerada en las clasificaciones internacionales como una de las mejores del mundo.

-La Administración Pública ha recortado en los últimos años el 30% de las transferencias a la universidad, pero con un gran voluntarismo por parte del personal docente y del personal de la Administración, se ha mantenido un importante nivel de calidad. Eso no puede durar mucho más, porque los ranking condicionan la imagen del presente, pero no la perdurarán. Hay que cambiar formas de actuar y reclamar un sistema de financiación estable.

En los últimos años, debido a los recortes aplicados a nivel estatal y autonómico, las condiciones laborales han empeorado, tanto para el profesorado permanente como el provisional

-¿Qué efectos han tenido esos recortes?

-Los recortes, unidos a la crisis generalizada, han provocado una injusticia lamentable: el aumento del precio de las matriculaciones y de las tasas, que dificultan la igualdad de acceso a la universidad.

-¿Los profesores universitarios están mal pagados?

-Hay que dignificar la figura del profesorado, en general, y del universitario, en particular. En los últimos años, debido a los recortes aplicados a nivel estatal y autonómico, las condiciones laborales han empeorado, tanto para el profesorado permanente como el provisional. El reto de cualquier equipo rectoral es luchar contra eso. Abogamos por una autonomía universitaria real, que nos den la financiación y la potestad de definir nuestro modelo universitario. Y ya nos espabilaremos en buscar una financiación.

-Pero teóricamente ya existe autonomía universitaria...

-Las universidades públicas, en los últimos años, han sufrido una injerencia. Es cierto que gozamos de autonomía universitaria, está reconocida en una norma, pero debido a los recortes y a la crisis estructural del sistema, la autonomía se queda más en la apariencia que en el ejercicio real. Una de las prioridades esenciales de nuestra candidatura es ejercer la autonomía universitaria de forma responsable, revertir los recortes injustos que se han padecido, dignificar el profesorado y luchar para que cualquier persona con capacidad tenga garantizado su acceso a la universidad.

-¿Es cierto que las luchas internas en la universidad son tan duras?

-Cuando hay concursos a cátedra o profesor titular, suele haber una gran competitividad debido a que últimamente no se convocan demasiados. Eso no solo implica a los que se presentan, sino a sus maestros, a las personas que les han formado para presentarse. Ahí salen rencillas manifiestas que se remontan a hace años. Se ha mejorado esa vía endogámica, pero nosotros proponemos mejoras en ese ámbito. La universidad necesita cambiar y estar liderada por nuevas generaciones. Nuestros predecesores han tenido aciertos y desaciertos, pero hay que afrontar los cambios con una nueva mentalidad.

-Tenemos la imagen de un rector como la de una persona mayor, encerrada en su despacho…

-Es obvio que yo no doy la imagen de un señor mayor (ríe), los otros candidatos están entre los 58 y 64 años. Un rector tiene que estar en un despacho porque tiene una responsabilidad institucional, pero debe tener la puerta abierta y salir. Hay que pisar el territorio. Por mucho que tus decanos y vicerrectores te expliquen lo que ocurre en sus centros, es mucho más fácil para un rector ir a la cafetería de una facultad y escuchar lo que dicen los alumnos. La gestión de la comunidad universitaria debe ser la prioridad. Y a determinadas edades existe una desconexión.

-¿Hay presiones políticas?

-Presiones directas, quizá no, pero a veces se hace de forma deslizada. Un rector debe saber dónde está. La ideología está presente, pero estamos al servicio de la universidad, de la confrontación, del análisis crítico. Pero no estar a las órdenes de nadie, porque entonces perderíamos la esencia de la universidad.

-A diferencia de otros centros, la UB no se ha visto demasiado implicada en debates lingüísticos o independentistas…

- Hemos apostado por el máximo consenso posible y con la firmeza necesaria. Si no, habríamos caído en manos de un mínimo sector inmovilista. Eso nos ha permitido que, en temas lingüísticos o ideológicos, se haya facilitado el debate. Pero sin que nadie se posicione. En la universidad, ni trincheras ni banderas. Hay que centrarse en lo que importa, que es lograr una universidad prestigiosa en docencia e intensiva en investigación. Y fomentar la transferencia de conocimiento.

-¿El proceso independentista ha reducido el número de alumnos o profesores de la UB de fuera de Cataluña?

-Puede que se hayan producido casos puntuales, pero no existen problemas lingüísticos en la UB. Las clases se adaptan a los alumnos si proceden de fuera. El problema es que ahora no hay concursos de traslado.

-¿Calificaría su candidatura de continuista?

-Le puedo asegurar que mi candidatura no es continuista. Representa el relevo generacional y no tiene entre sus miembros a ningún miembro del actual equipo rectoral. Tengo una relación muy cordial con el actual rector, pero tenemos un carácter muy diferente. Le tengo gratitud porque me abrió la puerta a la gestión universitaria, he aprendido a su lado.

-El actual rector ha intensificado las relaciones de la UB con la Iglesia ¿usted está de acuerdo con esa estrategia?

-Los convenios existen, deben mantenerse o no en función de las circunstancias. Pero al igual que en la política, el rector no debe primar ninguna ideología, porque la universidad es absolutamente heterogénea, hay personas religiosas y otras, no. Hay que analizar el convenio y valorarlo. Pero siempre con el máximo consenso.

-¿Se está primando demasiado la FP dual en detrimento de la universidad?

-El sistema educativo español es un auténtico desastre porque carece de estabilidad. Cualquier diseño educativo que se pretenda aplicar debe ser estable. No puede renovarse un sistema sin saber si funciona. Es imposible. La EGB, con sus fallos, tuvo una cierta estabilidad que permitió aplicar los análisis pertinentes para detectar qué se hizo bien o mal. Tiene que haber un consenso institucional en vez de una nueva ley cada vez que cambia el Gobierno. Primar la FP no puede responder a una moda porque a alguien le interesa o porque aparece en un programa electoral. Debe haber preocupación por todos los ámbitos, porque no todo el mundo puede acceder a la universidad, pero sobre la base de un diseño global.

-¿Debería haber una homologación universitaria a nivel europeo?

-Cada país tiene un modelo. No tengo nada en contra de ninguno de ellos, pero aquí todavía no se han evaluado los resultados del 4 más 1 --cuatro cursos de grado y uno de máster-- cuando ya pensamos en el 3 más 2. Se aplican criterios economicistas, cuando no gubernamentales, porque se pensó que con dos años de máster habría más ingresos por matrícula, sin pensar que eso puede ser adecuado para unos estudios y para otros, no.

Hay fuga de cerebros, pero si otros países los fichan, es que algo hacemos bien pese a los recortes

-¿A qué responde la 'fuga de cerebros', solo a criterios económicos?

-Tiene diversos condicionantes. Los cerebros que podrían quedarse aquí, con las políticas que se aplican en el terreno de la investigación, son invitados a marcharse. Es cierto, también, que ya no hay fronteras y es más fácil marcharse a otros países. Si otros países fichan a esos cerebros, es que algunas cosas, pese a los recortes, hacemos bien.

-¿El mecenazgo funciona como vía de financiación universitaria?

-El mecenazgo no ha acabado de consolidarse por dos motivos. Porque cuando se intentó, estábamos en mitad de la crisis económica. Y porque, a diferencia de los países anglosajones, no está asentada esa cultura. Queremos cambiar esa situación, queremos recuperar el sentimiento de pertenencia a la UB. Somos una marca que tiene mucho prestigio y eso hay que trabajarlo. Hay que explicar las cosas bien. Porque si hay alguna empresa que se interesa por algún trabajo de investigación de la universidad, eso no debe entenderse como una privatización de un centro público. Se trata de socializar los beneficios derivados de esa colaboración.

-¿Se deberían eliminar o fusionar titulaciones?

-Lo primero que hay que hacer es un mapa de titulaciones catalán.

-¿No existe?

-Hay uno hecho por la Generalitat, pero se debería hacer uno bien hecho, con respeto a la territorialidad. Si no se hace, lo vamos a hacer nosotros. Hay que determinar a cinco años vista qué titulaciones van a tener salida. Hacerlo bien y con criterios académicos.

-¿Cómo han irrumpido las nuevas tecnologías en la universidad?

-Teníamos un personal demasiado anclado en la lección magistral, mientras que otro está totalmente abducido por las nuevas tecnologías. Lo ideal es combinar ambas cosas, que sean complementarias.