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Representación artística de la anorexia, uno de los principales trastornos de conducta alimentaria / EP

Las consultas por trastornos de alimentación, disparadas tras un año de pandemia

La mayor preocupación por hacer deporte, comer bien y cuidarse ha acarreado también problemas de salud mental, advierten los especialistas

6 min

El confinamiento decretado hace un año para contener el coronavirus provocó un auge de consultas para tratar trastornos de conducta alimentaria (TCA) como la anorexia y la bulimia. Hoy, lejos de corregirse, el problema sigue perpetuándose, con un número de casos muy superior a los registrados con anterioridad al Covid, algo que los especialistas ven “alarmante”, y que atribuyen a la presión psicológica de la pandemia y a una creciente --a veces desmedida-- preocupación por la imagen, el bienestar y el ejercicio físico.

A todo ello hay que añadir la sobrecarga que ha arrastrado durante meses el sistema sanitario por culpa del coronavirus y que en muchos casos afecta a la atención de otras dolencias, tanto médicas como psicológicas. Llueve sobre mojado en un contexto en el que ya existía, según viene denunciando el sector desde hace años, un déficit de implicación pública tanto en el cuidado de la salud mental en general como de los trastornos de alimentación en particular.

Recreación de una persona con trastorno de conducta alimentaria / EP
Recreación de una persona con trastorno de conducta alimentaria / EP

El caso de Martina

La semana pasada, Núria Busquet, madre de una chica de 13 años que desarrolló un trastorno precisamente a raíz del confinamiento, visibilizó su caso a través de un hilo de Twitter viral en el que denunciaba un servicio insuficiente por parte del CatSalut. En él, expresaba la impotencia de su familia por no poder pagar un tratamiento privado y relataba llamadas a diversos centros “llorando desesperada” por su temor y preocupación ante la pérdida de peso de Martina, su hija: “La niña se morirá”.

“Hemos avanzado muy poco, porque Martina todavía no está en normopeso”, explica su psicóloga, Sònia Pitarch. “Cuando salen del ingreso, muchas veces no tienen normopeso, porque [en el hospital] están tan saturados que muchas veces no llegan al peso saludable necesario. Es el caso de Martina, que ha sido ingresada dos veces sin lograr este objetivo, aunque en consulta “se siente bien por poder hablar de otras cosas de las que hablan siempre en el hospital de día”. Pitarch asegura que el Covid ha provocado saturación tanto a hospitales como ambulatorios, y desde psiquiatría a servicios especializados en TCA.

El hilo de Twitter viral sobre el caso de Martina / NÚRIA BUSQUET
El hilo de Twitter viral sobre el caso de Martina / NÚRIA BUSQUET
 

Se disparan las consultas

Según la psicóloga, el caso de Martina no es aislado: “No paran de llamarme personas con TCA”, señala. “En la pandemia solo se podía hacer ejercicio, todo el mundo está más centrado en hacer deporte, comer bien, el autocuidado… Quizás se nos ha ido un poco de las manos”, alerta Pitarch, que añade que la pandemia también dificulta el tratamiento al haber menos posibilidades de ocio y distracción.

Una situación que confirman otros centros de Barcelona consultados, como el Servicio Especializado en Trastorno de la Conducta Alimentaria (Setca), donde también han detectado que “está habiendo muchos casos” hasta el punto de hablar de “situación alarmante”, según la psicóloga Reyes Raspall. O el centro de atención psicológica Ipsi, cuya directora, Diana Barenblit, ve una mayor incidencia tanto de estos trastornos como de problemas de salud mental entre los más jóvenes: “El sector adolescente ha sufrido mucho la pandemia, porque ha tenido que estar retraído”. Se habla, en algunos casos, de incrementos de consultas que superan el 30% y el 40% respecto a la etapa anterior al Covid.

Representación de una dieta restrictiva / EP
Representación de una dieta restrictiva / EP

El dinero importa

La terapeuta Sònia Pitarch considera que situaciones como la denunciada por Núria Busquet en Twitter se repetirán hasta que no llegue un mayor despliegue de recursos de salud mental públicos: “No sabemos si casos como el de Martina saldrían si tuviesen dinero, pero al menos tendrían la opción”, plantea, y apunta a “la desesperación que se siente al tener un hijo en esta situación, y como no tienes el seguro privado no puedes hacer nada. “Solo para ir a un psicólogo privado ya tienes que tener dinero”, recuerda.

Según Pitarch, la atención a la salud mental no está garantizada actualmente para todas las familias, ya que “como profesionales, desde la pública ven a cantidad de personas, tienen un tiempo mínimo por persona y a no ser que entres en programas específicos, igual te están viendo una vez al mes”. “Si estás muy grave te veo más, pero eso fomenta que estés más grave para que te vean para tener la atención”, advierte. Por ello concluye que “las personas que pueden van al privado”, algo que no cambiará hasta que se replantee el modelo público de asistencia a la salud mental.