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Interior del restaurante Can Lluís.

Comercios centenarios del Raval, desamparados por el Ayuntamiento de Barcelona

Aseguran que no han recibido apoyo y coinciden en que los peores tiempos son los actuales

Nuria Vázquez
29.07.2016 23:41 h.
5 min

El consistorio barcelonés presentó este lunes un plan para asegurar el relevo de comercios históricos de Ciutat Vella y evitar, así, su cierre. Crónica Global ha recorrido el distrito en el que se encuentran, ha comprobado que varios ya han cerrado, que otros están en peligro de hacerlo y que ninguno ha recibido noticias del ayuntamiento.

Torres.“Si fuéramos solo tienda y no vendiéramos también al por mayor, ya habríamos cerrado hace tiempo, seguro”, explica a Crónica Global Marc, propietario del supermercado Torres, de la calle Nou de la Rambla. Su abuelo levantó la persiana del colmado en 1928 y él es la tercera generación que lo regenta. Actualmente, es cuando peor lo está pasando y se ha planteado la clausura definitiva del negocio.

Hay demasiados supermercados junto al suyo y venden los mismos productos. “Donde antes había cuatro supermercados, ahora hay infinidad. Al ayuntamiento se le fue de las manos hace años, pero no lo quiere parar porque habrá intereses. Ellos ya saben lo que hay”, dice. “Es la ley de la demanda: aquí te has de espabilar. Si el local no fuera mío, me hubieran subido el alquiler como a otros comercios”.

Miedo a echar el cierre

Junto a la Rambla del Raval, en la calle Sant Rafael con el Pasaje Bernardí Martorell, se mantiene el restaurante El Cafetí desde 1978. Toni, su propietario, cuenta a este medio que su gran competidor, Casa Leopoldo, cerró hace ahora un año y teme que le pase lo mismo a él. “Aquí, el tipo de clientes que hay son gente muy joven con muy poco dinero”, por lo que recurren a los bares de tapas.

Él mismo ha pedido reunirse con la alcaldesa, Ada Colau, o con la regidora del distrito, Gala Pin, para pedirles ayuda, pero no ha recibido respuesta. “Lo único que recibí fue una carta para que nos reuniéramos todos los restauradores y viéramos cómo garantizar el descanso de los vecinos”, lamenta.

Locales con historia

Can Lluís.“Creo que tendría que apoyarnos un poco” afirma a Crónica Global Ferran, el propietario del restaurante Can Lluís, situado en la calle de la Cera. También es la tercera generación de la familia: su abuelo abrió las puertas en 1929 y allí mismo fue donde murió en 1946, en un atentado. Una mujer anarquista buscada por la policía lanzó una bomba de mano cuando trataban de identificarla.

Señala la marca que le sirve como recordatorio del punto exacto en el que su abuelo y su tío perdieron la vida. Eran otros tiempos, se dice. “Lo que no le puedo perdonar al ayuntamiento es cómo ha cambiado mi barrio en cinco años. Siempre hemos sido un barrio duro, éramos el Barrio Chino, pero ahora es terrible. Sales y ves señores esperando a ver a quién le roban el monedero o el móvil”. El consistorio, según él, ya sabe lo que tiene que hacer. “O eso supongo”.

Comercios que ya no están

Librería Millà.En el distrito había una librería llamada Millà, en la calle Sant Pau, desde el año 1900. Ya no existe, aunque el local mantiene el nombre. Ahora, desde el pequeño agujero de la persiana bajada se pueden observar las obras que se están llevando a cabo en su interior.

Tampoco existe ya el local de Gráficas Sanpons, en la calle Marquès de Barberà. Abrió sus puertas en 1844 y las cerró en 2012 tras pasar por el negocio tres generaciones de la misma familia. Lo cuenta a Crónica Global Anna Botí, de Gráficas Botí, situada en la misma calle. Ella también regenta un negocio familiar desde 1931 y con ella tampoco se ha puesto en contacto el ayuntamiento.

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