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Un análisis de ADN / EFE

Los análisis de ADN también son cosa de abuelos, adolescentes y difuntos

Las reagrupaciones de inmigrantes y casos de ‘bebés robados’ marcaron un hito en estas pruebas

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El abanico de usuarios de pruebas genéticas recibió un fuerte empujón en España hace una década en casos de reagrupación familiar de inmigrantes en los que hay dudas. En la Comunidad de Madrid durante el 2008, los análisis para extremar precauciones crecieron casi un 30%.

Este hito fue seguido del aumento de las adopciones irregulares, los llamados bebés robados. Para afrontarlo, en 2010 el Ministerio de Justicia creó un banco de ADN con el que colaboran los laboratorios privados.

Nietos dudosos

También se ha abierto el mercado a los abuelos. Tita Cervera, viuda del barón Thyssen y heredera de una inmensa fortuna, fue la pionera. Ante la desconfianza de su nuera y parafraseando al refranero (Los hijos de mi hija, nietos míos son; los de mi hijo… sábelo Dios) acudió al ADN para que certificara que Sacha era hijo de su hijo Borja y, por tanto, nieto biológico.

En la mayoría de casos de mayores, no tan renombrados, se trata de personas cuyo hijo falleció de forma prematura y que han vivido con la duda de si sus nietos eran fruto de una relación extramarital.

También figuran hombres, hoy hasta bisabuelos, que en los años setenta tuvieron un hijo a los 18 años, se casaron de penalti como era frecuente y, tiempo después, quieren comprobarlo. Por simple curiosidad. Lo ideal es que en el proceso participen tanto el abuelo como la abuela y el nieto varón.

Huella genética

Los especialistas aseguran que nunca es pronto para usar estas técnicas. A los centros acuden adolescentes que van a ser padres y que ven que va a cambiar su vida. El negocio se extiende incluso a test prenatales no invasivos en sangre materna.

Y nunca es tarde, tampoco, para quienes quieran conocer y archivar su huella genética, de manera que pueda ser utilizada con fines médicos o en otras situaciones futuras.

Es el caso de niños adoptados en los que no existe posibilidad de obtener muestras de familiares biológicos directos. O de fallecidos a los que se decida incinerar. Con las cenizas es imposible realizar estudios de ADN. Incluso saber con seguridad a quién pertenecen.