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Vista aérea de Pamplona

"A Pamplona hemos de ir"… aun sin Sanfermines

Este año no habrá chupinazo ni encierros pero la capital del Reino de Navarra es mucho más que eso, con cultura e historia que pueden atraer ahora a nuevos visitantes

8 min

Pamplona es universal, es fiesta, tradición y es épica. Es ese lugar que cada 7 julio estalla en un espectáculo ritual que durante siete días la convierte en el centro del mundo. Pero también es de esos sitios que atrapa y enamora en un “encierro” del que no querrán escapar, tras admitir que este año será diferente, sin los Sanfermines, por culpa del Covi-19.

Les proponemos un extraordinario viaje desde el corazón del casco viejo de la ciudad. Recorrer sus calles y plazas, visitar sus edificios más emblemáticos, pasear por su muralla y acabar disfrutando de una naturaleza muy cercana, perfecta para largos paseos en un verano excepcional e inolvidable.

El “chupinazo” en tierra de todos

La plaza Consistorial, el escenario del universal “chupinazo”, es el punto de partida ideal para conocer el casco viejo la capital navarra. Acostumbrados a verla desde las pantallas de nuestros televisores, in situ, es mucho más pequeña de lo que uno imagina. Sin embargo, el tamaño no le resta un ápice de encanto. La preside el ayuntamiento, desde cuyo balcón se da el pistoletazo de salida de las célebres fiestas. La ubicación del consistorio no es arbitraria. Su origen se remonta a 1423 cuando el monarca Carlos III el Noble, harto de las disputas entre los burgos de San Nicolás, San Saturnino y Navarrería, promulgó el Privilegio de la Unión y ordenó levantar el susodicho edificio en tierra de nadie. De esta manera acabó con las trifulcas de los vecinos. Si se animan a visitarlo descubrirán que, tras la fachada de estilos neoclásico y barroco, nos aguarda un interesante interior. Destaca, sobre todo, el espléndido Salón de Recepciones de cuyas paredes cuelgan retratos del tenor Julián Gayarre o Isabel II y, junto a la señorial sala, una capilla que guarda reliquias de San Fermín y San Saturnino, el patrón de la ciudad.

Menos televisiva pero imprescindible en cualquier visita es la catedral de Santa María. El templo de fachada neoclásica, firmada por Ventura Rodríguez, esconde, puertas adentro, un exquisito claustro considerado uno de los más sublimes del gótico universal. El recinto catedralicio contempla además el Museo Diocesano que atesora numerosas joyas de arte sacro navarro, una colección de tallas medievales de la Virgen o relicarios góticos del Santo Sepulcro.

El ayuntamiento y la catedral de Santa María. Dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad / TURISMO DE NAVARRA
El ayuntamiento y la catedral de Santa María. Dos de los edificios más emblemáticos de la ciudad / TURISMO DE NAVARRA

No lejos de allí nos encontramos un antiguo palacio medieval, el único vestigio de arquitectura gótica civil, actual sede del Tribunal de Cuentas, la Cámara de Comptos (Siglo XIII). En los alrededores también se pueden admirar otras interesantes construcciones como son la iglesia de San Saturnino, la capilla de San Fermín en el interior de la iglesia de San Lorenzo, el Palacio del Condestable o el Archivo General y Real de Navarra, ocupando el histórico palacio de los Reyes de Navarra.

Plaza del Castillo. El escenario predilecto de Hemingway

Tras un agradable paseo es hora de un merecido descanso. Nos vamos hasta la plaza del Castillo, uno de los puntos más vibrantes y centro neurálgico de la ciudad. Debe su nombre, como pueden imaginar, al castillo que antaño se erguía en el terreno.

Fue precisamente esta plaza el primer lugar que pisó Hemingway en julio de 1923. Desde entonces se convirtió en uno de sus sitios preferidos, tanto que fue uno de los escenarios en los que situó a los personajes de Fiesta, su famosa novela llevada a la gran pantalla en 1957 con Ava Gardner y Tyrone Power como protagonistas. El histórico Café Iruña, otro de sus predilectos también se localiza aquí. Un elegante espacio donde el escritor americano escribió alguna de las páginas de Por quién doblan las campanas o El viejo y el mar. Y el mítico Gran Hotel La Perla con huéspedes tan ilustres como el mismo Hemingway, Charles Chaplin, Orson Welles, Manolete… Quizás desde sus balcones, algunos de ellos orientados a la calle Estafeta, disfrutaron de los encierros.

Ambiente de bares y restaurantes en la popular calle Estafeta / TURISMO DE NAVARRA
Ambiente de bares y restaurantes en la popular calle Estafeta / TURISMO DE NAVARRA

Caminen sin rumbo, descubran sus tiendas de artesanos, transiten los escenarios taurinos que le han dado fama mundial y disfruten, por supuesto, de su gastronomía que aún queda mucho por ver.

Murallas con historia y arte

Cuando en 1515 el Reino de Navarra se anexionó a la Corona de Castilla, la ciudad pasó a ser un punto estratégico de la corona frente a los constantes ataques del ejercito francés. Ahí es donde encontramos el origen de su formidable fortaleza, un extraordinario complejo bélico considerado como uno de los mejor conservados de toda España, y que está catalogado como Monumento Nacional.

Cinco kilómetros de agradable recorrido entre el Parque de la Media Luna (donde además se encuentra su centro de interpretación), pasando por el paseo del Obispo Barbazán, hasta finalizar en la Taconera. Un conjunto defensivo excepcional en el que observamos fortines, bastiones, revellines, fosos y la espléndida Ciudadela, cuya estructura original constaba de cinco baluartes formando un pétreo pentágono. Precisamente sobre los restos del baluarte de San Antón se erige el moderno Palacio de Congresos y Auditorio de Navarra Baluarte. Todo un referente cultural en que se podrá ver durante todo el verano Van Gogh Alive, una magnífica exposición multisensorial en torno al genial pintor. Otra de las citas veraniegas es el Festival de las Murallas (del 4 al 22 de agosto), música y danza en el mejor de los escenarios. 

Imagen de la exposición Van Gogh Alive / PALACIO DE CONGRESOS Y AUDITORIO DE NAVARRA BALUARTE
Imagen de la exposición Van Gogh Alive / PALACIO DE CONGRESOS Y AUDITORIO DE NAVARRA BALUARTE

Un paseo por la ribera del Arga y una escapada a Olite

Pamplona también es naturaleza. Una de las actividades más queridas por sus habitantes es pasear por el Parque Fluvial del río Arga. Un placentero trayecto de casi 12 km de longitud que incluye hasta un museo de Educación Medioambiental. Un itinerario fluvial acompañados por el rumor de las aguas mientras atravesaremos pasarelas y puentes, parques, jardines, embarcaderos, fuentes, granjas y merenderos.

Si tienen tiempo, otra estupenda opción es visitar la cercana población de Olite. Esta encantadora villa, residencia real durante el medievo, celebrará del 17 de julio hasta el 2 de agosto su Festival de Teatro. Es la excusa perfecta para recorrer sus calles con sus nobles casonas y contemplar la inconfundible silueta de su castillo-palacio, como sacado de un cuento de hadas y princesas.