El incendio declarado el 26 de junio en Tiana obligó a confinar varias urbanizaciones, cortar carreteras y movilizar un amplio dispositivo de emergencias. Las llamas calcinaron cerca de 50 hectáreas del Espacio de Interés Natural de la Conreria.
Los Agents Rurals comenzaron la investigación a la mañana siguiente. La inspección sobre el terreno localizó seis puntos de inicio, un hallazgo que descartaba prácticamente desde el principio una causa accidental.
La zona de vegetación quemada del espacio de interés natural de la Conreria-Sant Mateu-Céllecs por el incendio intencionado del 26 de junio.
Dos días después, las cámaras de seguridad permitieron identificar al presunto autor, que ingresó en un centro psiquiátrico por orden judicial.
Detenido rápidamente
No es habitual que las investigaciones post-incendio avancen con tal celeridad. Determinar el origen de un incendio puede llevar días o semanas y obliga a contrastar los indicios antes de establecer una causa.
La primera fase siempre transcurre sobre el terreno. Allí empieza un trabajo que, según avanza la investigación, puede incorporar unidades especializadas, medios aéreos y —esto siempre— el apoyo de la sala central de coordinación.
La primera inspección
La investigación se activa desde el momento en que se declara el incendio y la sala de coordinación moviliza a los agentes encargados de determinar las causas, pero los efectivos no acceden al punto de inicio hasta que los Bombers consideran que la zona es segura.
"Hay que preservar la zona para que nadie altere las pruebas y empezar a aplicar el método científico", explica Jaume Castelló, coordinador de especialidades del Área Regional de Barcelona de los Agents Rurals.
Un agent rural en la zona boscosa de Tiana tras el paso del incendio
Los investigadores localizan el punto de inicio, lo balizan y documentan el terreno antes de recoger cualquier muestra. También se fijan, por ejemplo, en las ramas calcinadas para deducir la dirección de propagación de las llamas y así poder reconstruir cómo comenzó el incendio.
El olfato como herramienta
A pesar de que la localización de seis puntos de inicio apuntaba desde el principio a un incendio intencionado, el equipo comprobó si se habían utilizado líquidos acelerantes para prender o propagar las llamas.
Para esa comprobación interviene, cuando es necesario, el Grup Especial Caní (GEK9) de los Agents Rurals. Solo hay dos perros en toda la región que están adiestrados para localizar restos de sustancias inflamables que pueden pasar desapercibidos durante la inspección ocular.
Anna Subirós, responsable de la unidad canina y la perra Collie.
"El perro no busca gasolina o alcohol como conceptos. Detecta partículas volátiles y marca el punto donde la concentración es más alta", explica Anna Subirós, responsable de la unidad.
Los investigadores recogen muestras de tierra o vegetación en el lugar señalado por el animal y las envían al laboratorio para confirmar si contienen restos de sustancias acelerantes.
El GEK9 no interviene en todos los incendios. Los investigadores solicitan su apoyo cuando la inspección inicial no permite descartar el uso de acelerantes o cuando existen indicios de un posible fuego intencionado.
Collie, una de las perras de la unidad canina de Agents Rurals.
En Tiana, los perros descartaron la presencia de sustancias acelerantes. La investigación tomó entonces otro camino. El análisis de las cámaras de seguridad acabó situando al presunto autor.
Cartografiar el incendio
Cuando el incendio queda extinguido, los agentes deben documentar toda la superficie afectada y elaboran la cartografía que se incorpora al expediente.
De ese trabajo se encarga el Grup de Suport Aeri i RPAS (GSA), la unidad de drones del cuerpo. Sus pilotos sobrevuelan el perímetro para fotografiar toda la superficie quemada y generar un modelo tridimensional del terreno.
Elisenda Torruella, piloto de drones de los Agents Rurals, prepara el dispositivo
"Desde el aire obtenemos una visión global de las consecuencias del incendio que desde el suelo no siempre es posible", explica Elisenda Torruella, piloto de drones de los Agents Rurals.
Las imágenes ayudan a delimitar el perímetro del incendio y a revisar zonas que desde tierra resultan difíciles de interpretar.
En incendios de pequeñas dimensiones, el trabajo puede realizarse únicamente con drones. Cuando la superficie quemada es mayor, la cartografía se completa con los helicópteros del cuerpo.
Las imágenes obtenidas en Tiana se incorporaron al expediente junto con el resto de diligencias practicadas durante la investigación.
El centro de operaciones
La investigación de Tiana era solo una de las incidencias que ese día pasaban por la sala central de Torreferrussa. Desde allí, los Agents Rurals reciben los avisos relacionados con incendios forestales, movilizan a las patrullas y mantienen el contacto con las unidades desplegadas sobre el terreno.
El centro de operaciones de Agents Rurals de la provincia de Barcelona
La central gestiona entre 400 y 500 incidencias al día relacionadas con el medio natural. No solo incendios, sino también quemas agrícolas, vertidos, actuaciones de vigilancia o avisos sobre fauna protegida.
"Es una pieza muy importante del cuerpo. Desde aquí damos apoyo a las patrullas y coordinamos la información que llega del territorio", explica Jordi Pasalaigua, jefe de la Unidad de Planificación y Coordinación Operativa.
La información que envían las patrullas, junto con las previsiones meteorológicas y el estado de la vegetación, sirve para planificar cada día el despliegue de los Agents Rurals y reforzar la vigilancia en las zonas con mayor riesgo de incendio.
El mapa que cambia cada día
Cada mañana, los Agents Rurals actualizan el Pla Alfa, el mapa abierto a la ciudadanía que fija el nivel de peligro de incendio forestal en cada municipio de Cataluña. Para elaborarlo tienen en cuenta la previsión meteorológica, el estado de la vegetación y otros indicadores de riesgo.
Un especialista de Agents Rurals prepara el mapa del Pla Alfa.
El Pla Alfa también sirve para decidir cómo se distribuyen los efectivos sobre el territorio y, en los niveles más altos, puede implicar restricciones de acceso a espacios naturales o la suspensión de actividades que aumentan el riesgo de incendio.
Hasta el 15 de julio, el incendio de Tiana era uno más entre los 461 incendios forestales y 4.571 hectáreas quemadas en Cataluña registrados por los Agents Rurals, una de las mayores superficies afectadas de la última década para esas fechas.
Ese escenario obligó a trabajar durante semanas con niveles elevados del Pla Alfa. En varias jornadas de julio, decenas de municipios permanecieron en nivel 4 y centenares más en nivel 3.
Para Pasalaigua, investigar un incendio y prevenir el siguiente forman parte del mismo trabajo. "Nuestro objetivo no es solo averiguar qué ha pasado, sino reducir las posibilidades de que vuelva a ocurrir".
