Nadiia Oleksiv, de 50 años, es una madre soltera que huyó de la guerra de Ucrania hace un año junto a sus hijos Dmytro, de 18 años, y Yuliia, de 24. Originarios de Lviv, una ciudad situada a unos 70 kilómetros de la frontera con Polonia. "Había días que escuchábamos cinco sirenas de alerta", relata el menor de sus descendientes.
El conflicto comenzó en 2022. Nadiia estaba ingresada en el hospital cuando todo comenzó, a razón de una lesión de gravedad que le derivó en una discapacidad de grado II. No obstante, cuando la escuela de Dmytro fue bombardeada, supieron que era momento de partir.
"Pagamos un minibús con nuestros ahorros para llegar a España. Pasamos casi tres días de viaje por carretera, cruzamos las fronteras de Polonia, República Checa, Alemania y Francia", explica Nadiia a Crónica Global, aunque lo hace por escrito, pues el estrés de su situación actual afirma que le ha hecho perder la capacidad de hablar. "Mis hijos casi no me entienden al hablar en ucraniano", lamenta.
Llegada a España
Los Oleksiv llegaron a Barcelona un 14 de agosto. La madre explica que el viaje empeoró notablemente su salud. Pasaron cuatro noches en un centro de acogida temporal y después fueron derivados a una casa de acogida en Mollet del Vallès. "Había ocho habitaciones. Nos trataron con un enorme cariño y cubrían todas nuestras necesidades", describen.
Nadiia Oleksiv, junto a sus hijos Dmytro y Yuliia, en un parque de Manresa
No obstante, nada es eterno. "Tras cinco meses, la Cruz Roja nos derivó al Llar Sant Joan de Déu en Manresa --financiado mediante fondos públicos de la Generalitat y el Gobierno de España, ayudas europeas y donaciones privadas--. Cuando entré en el centro (15 de enero) me eché a llorar, era todo muy antiguo y tenía un olor desagradable. No podíamos dormir ahí", describe Nadiia.
Uno de los accesos al Llar Sant Joan de Déu de Manresa
Estancia en mal estado
La familia muestra a este medio vídeos de su habitación. No está permitido grabar, pero se sienten desesperados y necesitan mostrar su realidad. Las filmaciones revelan una habitación con una litera y una cama individual, así como un armario pequeño. Las paredes tienen grietas notables y no hay escritorio ni espacio suficiente para colocar las pertenencias.
Los Oleksiv, tras el shock de la habitación, se enfrentaron al frío invernal. "Hacía mucho frío y había mucha humedad. Estas condiciones provocaron que mi salud empeorara, me dolían mucho las piernas. Después de mucho insistir, el centro nos dio un radiador viejo de aceite que olía muy mal", recuerda Nadiia.
De mal en peor
Pasaron los meses y, según el relato de los protagonistas, el hedor empeoró con la llegada de la primavera. La madre decidió retirar las fundas de los colchones y se encontró "manchas de orina y moho". Aseveran que, pese a no recibir una solución inmediata de los trabajadores, acabaron por ofrecerles una remodelación en la habitación.
Los colchones de la habitación de los Oleksiv en el Llar Sant Joan de Déu tienen manchas de orina
Explican que la rechazaron: "No queríamos más molestias. Estamos cansados física y mentalmente. No nos encontramos bien y no queremos mover nuestras cosas". Afirman haber trasladado en numerosas ocasiones su malestar a los empleados del centro. No obstante, aseguran recibir malas respuestas y desprecios.
"Queremos vivir, dennos esa posibilidad", ruega Dmytro en la conversación presencial con este medio en Manresa.
"Mala alimentación"
El problema con el centro gestionado por la Fundació Germà Tomàs Canet no solo son las condiciones. "Hemos dejado de ir al comedor hace dos meses, nos repartimos el dinero que nos dan como podemos para comprar alimentos. La comida del centro muchas veces está en mal estado", revela Nadiia.
Una fuente de plátanos del comedor del Llar Sant Joan de Déu con varias unidades ennegrecidas
"Cuando comíamos allí nos dolía la barriga. A mamá tampoco le sentaba bien", concuerdan Dmytro y Yuliia. No obstante, la cura no fue mejor que la enfermedad, pues Nadiia, que aporta numerosos informes médicos de Ucrania --donde se refleja su discapacidad-- y Cataluña, desarrolló anemia.
Uno de los menús del Llar Sant Joan de Déu que consta de una hamburguesa y un puré de patata
Problemas de salud
Comenzó a sufrir mareos y las visitas a los centros médicos se repitieron. El 20 de marzo, el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau (Barcelona) recoge dos episodios de pérdida de consciencia temporal en el transporte público. "Se orienta el caso como síncope de etiología vasovagal. Adicionalmente, analíticamente ionograma con hipopotasemia leve, y anemia microcítica normocrómica" , dicta el diagnóstico de urgencias.
Asimismo, su lesión requiere de infiltraciones de bótox trimestrales en el cuello para reducir el dolor. Afirma no haber recibido ni una sola en casi un año en España. El dolor cervical es tan agudo que se ve obligada a llevar permanentemente un collarín para sujetar el cuello. Tras meses de trabas en la sanidad pública, a fecha de hoy sigue sin tener una cita programada con el neurólogo.
Moho, óxido y falta de espacio
Los vídeos de las entrañas del centro diferencian dos zonas: una renovada y en perfecto estado, otra vieja y con desperfectos. Los Oleksiv se encuentran en la zona antigua del Llar Sant Joan de Déu. Están en una habitación al lado de los baños comunitarios. "Solo funciona un váter, el depósito de jabón está oxidado y las tres duchas tienen moho negro", describe la madre.
El depósito de jabón de uno de los baños del Llar Sant Joan de Déu está oxidado
Algunas duchas comunitarias del Llar Sant Joan de Déu presentan moho negro (I)
Algunas duchas comunitarias del Llar Sant Joan de Déu presentan moho negro (II)
"Dmytro debe hacer los deberes en la cama, porque no hay escritorio en la habitación. Nos ofrecieron poner uno pero, ¿dónde piensan ponerlo si no hay espacio?", reflexiona Nadiia. Afirman que han intentado irse del centro en numerosas ocasiones, pero sienten que la institución no hace los trámites para que esto ocurra.
Familia Novytska
En condiciones similares se encuentra Yuliia Novytska con su hijo Robert, de 12 años, que también ha accedido a hablar con este medio. Originaria de Kherson, primera gran ciudad que acabó en manos del ejército ruso, llegó a España hace cuatro años y hace dos que vive en el Llar Sant Joan de Déu. Entre ambas familias se apoyan y han forjado una importante amistad.
Yuliia Novytska, amiga de la familia Oleksiv, posa con Nadiia, Dmytro y Yuliia en uno de los accesos del Llar Sant Joan de Déu
Confirma el mal estado del centro y la mala alimentación, incluso asevera que su hijo habría sufrido "varias intoxicaciones" a raíz del estado de la comida. Además, la madre denuncia graves trabas institucionales hacia la salud del menor, diagnosticado con un "síndrome de ansiedad asténica".
En una queja elevada al Síndic de Greuges, Yuliia dejó constancia de que el centro les amenazó con perder su plaza habitacional si se ausentaban los días que el niño requería para someterse a su rehabilitación psicológica, que tendría lugar en Malta.
Asimismo, denuncia que los trabajadores la tratan mal y ya ha puesto varias reclamaciones que, según escritos a los que ha tenido acceso este medio, están siendo revisados por el Llar Sant Joan de Déu. Afirma que una empleada le espetó "si no te gusta esto, vuélvete a Ucrania".
Traslados sin completar
Los Oleksiv muestran grabaciones de conversaciones con trabajadores del centro. Desesperados, explican que el personal afirma que han enviado la documentación al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones en marzo, pero la respuesta no llega. Sin embargo, decepcionados, muestran los documentos de que el mismo ministerio les prorrogó durante otros seis meses la estancia en Manresa.
No entienden la rapidez para un trámite y la lentitud para el otro. Creen que en el centro les han mentido, pues piden ver la documentación y no se la muestran.
Han puesto una reclamación ante el Defensor del Pueblo Español --que ha afirmado a este medio que el expediente está en trámite--, 13 al Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones --sin respuesta-- y una al Síndic de Greuges de Cataluña --que se habría negado a intervenir por tratarse de un centro privado--.
Advertencias
La premisa para mantenerse en el centro es que deben cumplir ciertos aspectos, como aprender español para poder integrarse en el mercado laboral. Nadiia no habla nada de castellano --aunque en el presente muestra severos problemas para comunicarse, apenas tiene habla--, Yuliia tiene algunos conocimientos y Dmytro es capaz de mantener conversaciones. Este último también habla inglés.
Reconocen que no están cumpliendo con su parte y no están felices con ello. Se lamentan: "Queremos integrarnos. Queremos trabajar. Nos avisan de que podrían echarnos por no cumplir estas condiciones pero, ¿cómo vamos a estudiar? Nos encontramos física y mentalmente agotados".
La versión del Ministerio
El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones justifica a este medio el bloqueo burocrático alegando que los traslados solo se promueven ante "circunstancias excepcionales", y reprocha a los Oleksiv una "implicación limitada" en la búsqueda activa de otras alternativas.
Sobre el deterioro de la habitación, el Ejecutivo secunda al centro y revela que la familia impuso "resistencias" al acceso del personal de mantenimiento, rechazando mudarse a otra estancia para ejecutar las reparaciones.
La respuesta del centro
La Fundació Germà Tomàs Canet, gestora del Llar Sant Joan de Déu, rechaza las acusaciones asegurando que las instalaciones "cumplen la normativa vigente". Defienden que los espacios comunes tienen limpieza diaria "documentalmente certificado y auditado", y que sus menús están "avalados por nutricionistas" y adaptados a "requerimientos médicos".
Sobre el deterioro de los residentes y la falta de traslados, la entidad se escuda argumentando que son "una entidad de atención social, no un centro de salud" y que las reubicaciones dependen exclusivamente de la administración estatal.
Finalmente, la dirección justifica su política de espacios asegurando que los pisos reformados están reservados "para familias con menores de edad a su cargo" para "preservar su intimidad".
