Jordi Solsona con uno de los cuadros abandonados

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Vida

Jordi Solsona, sobre el Museo de Arte Abandonado: "Son obras honestas porque, precisamente, no nacieron con la voluntad de mercadear"

El artista catalán, afincado en Tenerife, empezó a coleccionar cuadros abandonados de la basura hasta que creó el emblemático espacio de arte con más de 1.500 pinturas

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Jordi Solsona nació en Barcelona, pero desde el año 2003 se fue a vivir a un municipio de Tenerife. Estudió Pedagogía, pero nunca la ejerció. Se pasó unos cuantos años con un grupo de personas que se dedicaban a buscar alta pintura por las salas de subastas y anticuarios, tanto de la ciudad Condal como de Europa, donde intentaban certificar piezas de mucha calidad de las cuales no se sabía quién era el autor. También fue director de una sala de subastas en Sitges, Barcelona.

¿Entonces, cuál fue el punto de inflexión en el que Solsona empezó a recoger de la basura cuadros y/o obras de arte? Él apunta que llegó a las Islas Canarias maldiciendo el día que se metió en este mundillo porque acabó muy harto. Sin embargo, un grupo de amigos le propuso volver a meterse en él.

Así lo explica a Crónica Global: "Justo antes de la pandemia, un buen día, en el pueblo donde ahora vivo —Los Realejos—, pasé por un contenedor y vi una obra abandonada justo al lado, y pensé: 'Tantos años, y tú no tienes ni una maldita colección cuando tus colegas tienen de todo. Entonces ahí dije: 'ya sé cuál va a ser mi colección. Lo que nadie quiere y todo el mundo desecha y tira'. Lo que está al margen del mercado del arte".

Solsona con una de las obras

Solsona con una de las obras FACEBOOK

Museo de Arte Abandonado

Solsona reconoce que, al principio, era un poco selectivo y solo cogía lo que le gustaba. Cuando ya tenía bastantes cuadros, pensó que sería buena idea montar un museo en una sala de su propia casa. En tan solo 30 metros cuadrados, creó el Museo de Arte Abandonado: "Al principio, lo recogía todo: lo bueno, lo malo, lo que gusta y lo que no gusta; aunque lo único que no cogía eran láminas y cuadros de los chinos".

Su amor por el arte es tal que hasta le parece enternecedor tener un cuadro del siglo XIX con un desconchón. Afirma que las pinturas de gente anónima también son arte: "Le echan voluntad y pasión y no tienen ninguna técnica, pero son una maravilla. Son obras tan honestas porque, precisamente, no nacieron con la voluntad de mercadear".

Cuadros y artistas

Un día, Francesc Torres, artista galardonado con el Premio Velázquez de Artes Plásticas en 2024, llamó a Solsona para donar una obra al recién estrenado Museo: "Fue un gran regalo", afirma. Torres residió en Nueva York y su arte ha estado influenciado por la política, la sociología, la historia y la cultura. Sus creaciones se encuentran en el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona, el Museo Whitney de Arte Estadounidense, el Centro Internacional de Fotografía y el MOMA.

También le han llamado varias personas diciéndole que poseen varias obras que les gustaría donar. De hecho, ¿por qué la gente tira los cuadros? Afirma que por varias razones: "Por ejemplo, por odio a alguien que no nos gusta, y lo tiramos."

Canarias, lugar de paso

Canarias suele ser un lugar de paso de mucha gente, por eso un día se encontró a un hombre escocés que heredó la casa de su tío: "Lo que hizo fue donarme todos los cuadros de la vivienda y él alquiló la finca para poder subsistir".

Por otra parte, también recibe chivatazos de dónde hay obras, y él va a buscarlas: "Una vez me dijeron que en un contenedor de Puerto de la Cruz habían unas grandes obras. No eran pinturas, eran lanas enmarcadas con paisajes canarios. Una preciosidad, una maravilla. Y las cogí".

Obras en el Museo Abandonado

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1.500 piezas

Solsona cuenta que tiene más de 1.500 piezas y material para hacer al menos 30 exposiciones temáticas diferentes. Expresa con emoción que todos los cuadros le han llamado la atención y todos son investigados, uno por uno: "Ningún cuadro se restaura, porque es carísimo, y ni yo ni el museo tenemos un duro". Explica a Crónica Global que no recibe ninguna ayuda ni ninguna financiación.

Defiende así una filosofía centrada en la realización personal por encima de la acumulación económica: "La vida no es trabajar y ganar mucho dinero. La vida es hacer lo que es tu pasión", afirmó. Gracias a su situación, aseguró que puede dedicar gran parte de su tiempo al cuidado de la casa, a las tareas familiares y al mantenimiento del museo, una actividad que le permite "disfrutar como un animal".

Lorenz Koppinger fue un pintor alemán que comenzó a plasmar episodios de su propia vida en sus obras desde una edad temprana. La primera pieza conservada del artista en el Museo de Arte Abandonado data de 1948, apenas unos años después del final de la Segunda Guerra Mundial. En ella aparece una fábrica con altas chimeneas expulsando humo que oscurece un cielo grisáceo. Sobre la escena puede leerse la inscripción "Meine Heimat" ("Mi tierra natal"), una referencia directa a su lugar de origen.

Dos años de proyecto

El Museo abrió sus puertas al público en noviembre de 2024, hace casi dos años. Solsona quiso destacar un aspecto que considera fundamental para el crecimiento del proyecto: la importancia de las redes.

A través de su perfil de Facebook documenta la historia de cada obra que incorpora a la colección. Según explica, esta visibilidad le ha permitido conectar con expertos, aficionados y coleccionistas que participan activamente en el proyecto, corrigiendo atribuciones o aportando nuevas lecturas sobre las piezas. "Yo he aprendido mucho", reconoce al destacar el valor de ese intercambio constante de conocimientos. Gracias a esa red de contactos le han llegado numerosas donaciones.

Solsona con una de las obras

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Arte y no comercio

A pesar de la repercusión alcanzada, insiste en que no quiere convertir el museo en una actividad comercial. Solsona considera que vender obras supondría transformarlo en una galería y alejarse de su filosofía original.

Su intención es mantener el acceso gratuito y encontrar colaboraciones que permitan garantizar la continuidad del proyecto. Defiende el valor social del arte y reivindica, especialmente, las creaciones realizadas por autores desconocidos o sin formación académica.

A su juicio, muchas de las piezas más valiosas nacen precisamente de esa libertad creativa. "Lo importante no es si el arte es bueno o malo. Lo importante es hacer", sostiene convencido de que nos puede emocionar, acompañar e incluso ayudar a las personas en los momentos más difíciles.