Silvia Bueso, creadora de El arte de pedir

Silvia Bueso, creadora de El arte de pedir

Vida

Silvia Bueso, coach: "Pedir es dar, es un acto puro de liderazgo y generosidad"

Con más de 25 años de experiencia en el ámbito de la comunicación, las ventas y la recaudación, desde 2016 divulga por todo el mundo su método “El arte de pedir”

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La vida es un camino largo y complejo en el que cada decisión va configurando nuestra existencia. No siempre somos conscientes de la trascendencia de nuestras decisiones, pero tomar un camino u otro puede suponer una gran diferencia. Silvia Bueso es toda una experta.

Cuando le pido que me ponga en antecedentes, contesta que tomó decisiones sin saber quién era y convencida de que quería estudiar derecho. Eso hizo.

Tampoco se arrepiente porque, dice, le permitió comprender cómo funciona esta sociedad y las reglas de la vida, aunque no siempre estaba de acuerdo con ellas.

Después estudió Periodismo en la Pompeu Fabra. Le pareció una carrera fascinante. Ahí entendió que trabajar en algo que te gusta no es trabajar sino algo apasionante.

Ella lo llama “tragozar”. Orientó su carrera profesional hacia la comunicación. Viajera, políglota y con gran capacidad de adaptación, trabajó en la Comisión Europea, agencias y medios de comunicación, como consultora en América Latina, en comunicación corporativa y en departamentos de captación de fondos.

Cuenta a Mujeres en Crónica que fue una etapa apasionante, de intenso aprendizaje, en compañías muy complejas.

Para Silvia, una de las clave del éxito está en apelar a as emociones

Para Silvia, una de las clave del éxito está en apelar a as emociones cedida

En el proceso entendió que pedir es también dar, y descubrió que tenía una enorme capacidad para cambiar paradigmas y mentalidades arraigadas. Sentía que era un referente, una pionera en el arte de pedir, aunque nunca nadie se lo había dicho. Suerte que creyó en ella.

En el descubrimiento de ese talento está el germen de su método 'El arte pedir'.

Todo el mundo quería que yo hiciera lo que ellos no querían. También que tenía la capacidad de convencerles de que eran los mejores para gestionar esas relaciones de confianza.

Que yo entrara triangulando era demostrar que no tenían autoridad y en cierto modo transmitía que ellos no creían en la institución que representaban. Y eso lo podemos extrapolar a cualquier terreno: cerrar acuerdos institucionales, acuerdos internos, donaciones, ventas o pedir un aumento de sueldo.

Ahí fui realmente consciente que tenía un don que trascendía las organizaciones a las que servía. Sentí un miedo terrorífico al darme cuenta de repente que podía honrar una palabra indignamente muy castigada. Y que términos como "pedir", "vender", "recaudar", por motivos culturales, sobre todo judeocristianos, eran palabras envenenadas, casi prohibidas, estigmatizadas, un tabú muy arraigado.

En cambio, cuando las consideramos desde la perspectiva de lo bueno que es que otros formen parte de aquello que yo les propongo, la percepción cambia. Pedir es dar. Es un acto puro de liderazgo y generosidad. Esto me hizo sentir muy poderosa.

Pero, claro, yo era una mujer yonqui-nómina. Es decir, trabajar de lunes a viernes y tener un sueldo fijo. Renunciar a eso, con dos hijos y una pareja que era emprendedor, requirió mucha fortaleza.

El no no siempre es absoluto

El "no" no siempre es absoluto cedida

Postula que pedir es un arte, pero la mayoría no sabemos cómo hacerlo ¿qué es lo primero que debemos cambiar para afrontarlo desde la perspectiva que usted propone?

El paradigma y la nueva mirada es que pedir es darle al otro el placer de dar. Es decir, cuando pedimos algo que además de tener sentido para ti toma sentido para el otro, ese otro siente también que está dando.

En una venta, por ejemplo, cuando alguien decide comprar algo es porque le satisface. En una captación de fondos, que tú decidas hacer una aportación a una universidad te conecta con el placer de dar.

Y ¿qué sentimos cuando damos? Satisfacción, orgullo, sentido de utilidad, legado, contribución, gratitud, generosidad.

Se trata de hacer ver que es un beneficio mutuo.

Un beneficio mutuo desde una relación de igual a igual, no es una mera transacción. Es una relación desde el valor compartido. Para eso hay que entrar en ese liderazgo conversacional tan poderoso de preguntarle al otro por sus necesidades.

No se trata de que tú hables mucho y escupas una petición cuando todavía no sabes nada del otro. Se trata de entender los retos y anhelos del otro y cómo se sentirá cuando se cumplan.Todavía no tiene que ver contigo.

Primero hay que lograr que el otro entienda y valore tanto lo que tú le haces sentir, el sentimiento de satisfacción que tendrá, para que decida dar el paso de comprometerse.

Pedir es que el otro conecte con el gustazo de dar

Pedir es que el otro conecte con el gustazo de dar cedida

En una sociedad regida por la inmediatez, esas sinergias requieren tiempo.

Sí, pero es esencial conectar. Preguntar para que el otro vaya bajando barreras defensivas, que las tenemos todos, y hable más de la cuenta. Y generalmente a esa primera fase de conectar le dedicamos muy poco tiempo.

Hay gente que ya entra vendiendo su libro sin haber siquiera conectado. Impera el egocentrismo, el yoísmo que digo y eso pone al otro a la defensiva. Primero hay que preguntar y sobre todo escuchar, no adivinar.

Conectar es conocer al otro sin imponer adivinanzas, ni suposiciones. Es detectar cuál es el dolor o deseo, pero también cuál es la transformación que quiere conseguir o evitar.

La clave está en apelar a las emociones.

Si el otro dice que la montaña es lo que le conecta con su paz interior, hablemos de su paz interior porque su paz interior no es la mía. Difiere en cada persona.

Para algunos tal vez es el silencio de un bosque, para otros hacer yoga y bicicleta por la tarde, o escuchar música y estar en un grupo con 100 personas, o quizá estar sola. La paz interior es muchas cosas. Conectar es comprender todo eso. Luego vendría lo que sería la prueba.

Vender es ayudar al otro a tomar decisiones seguras

Vender es ayudar al otro a tomar decisiones seguras cedida

Explíquese

La prueba es qué alternativas puedo dar que te funcionen. Pueden ser varias, incluso alguna que no estaba prevista y que ahora propongo después de entender mejor lo que necesita el otro.

Se trata de soltar un poco la agenda porque no quiero imponer nada. Quiero que lleguemos a un lugar que haga el bien a ambas partes. Quiero que el cliente decida bien y eso pasa cuando siente que le estás acompañando desde lo que quiere en su vida. Está decidiendo desde una seguridad, desde la tranquilidad de ser tenido en cuenta.

Luego vendrá la fase del seguimiento porque resulta fundamental lograr que la conversación avance. No quedarse en el “me lo estoy pensando”, sino en averiguar qué es aquello que hará que decida más rápido. Hay que preguntar si hay algo que podamos hacer para avanzar en su toma de decisión, por ejemplo resolviendo dudas.

Es un poco la dinámica de una terapia. Lograr lo que necesitas acompañado desde un lugar seguro.

Vender es ayudar al otro a tomar decisiones seguras, ciertas, que le den paz y le hagan el bien. No he hablado de productos o de servicios. He hablado de ayudar al otro a que tome decisiones desde un lugar neutro, limpio, saludable.

Desde emociones que le hacen sentir bien y conectarse con el bien, desde la gratificación ¿Quién no va ha querer ayudar a tomar una decisión que además será buena para ambas partes? Cuando fuerzas una venta, te estallará en la cara y acabará siendo un problema. Por eso esta perspectiva es tan interesante.

Es realmente interesante, pero hay también algo de utópico porque la realidad es que la mayoría de empresas priman los beneficios por encima de todo lo demás. Pongamos un ejemplo. Cuando alguien pide un aumento de sueldo generalmente se topa con un muro, nunca es buen momento ¿Cómo gestionar esta situación?

Aquí tenemos otra vez el liderazgo conversacional. Convertirte en esa persona que ayude al otro a decidir, pero sin obligar. Por lo tanto, hay conversaciones que se acaban.

Es decir, ¿tú querrías trabajar para un cliente o en una empresa que por mucho que acompañes en la toma de decisión sigue queriendo renegociar, te regatea el tiempo o te sobreexige cosas que no ha pagado?

Evidentemente estas conversaciones pueden ser dolorosas, muy incómodas, dan vértigo porque confirman que estás en una organización o que tienes un cliente que no confía en ti, que no cree en el valor que tú aportas, por mucho que se lo expliques o lo demuestres.

Pero muchas veces tu economía depende de ese trabajo.

Es un lugar muy incómodo y muy revelador también, pero las decisiones, sobre todo las del ámbito profesional, requieren de la validación de las dos partes. Es como si yo te pidiera la mano y exigiera que me dijeras que sí.

Yo puedo quedarme en la relación y aceptar que estoy en una dependencia. Pero hay un espacio que se llama libertad. Es verdad que es muy duro lo que planteas. Pero no puedo forzar al otro a algo que no me quiere dar y que no quiere recibir.

Por eso, esa conversación te dará la luz o la oscuridad para saber qué relación hay. Y por muy duro que sea, que lo es, te dará una claridad que anima tanto como asusta.

Difícil disyuntiva.

Sin duda. Pero ya sabes lo que hay. Lo siguiente es una conversación con una misma, que es la más difícil. Es realmente compleja porque tienes que decidir si te resignas, te frustras, o por el contrario decides cambiar todo eso. Quizás no de forma inmediata pero sí pensando, elaborando un plan.

Hace falta mucho valor para enfrentar los propios miedos y decidir si ser rehén o afrontarlos y tomar las riendas de tu vida.

No hay nada más valiente que saber qué expectativas tienes a través de una conversación tan complicada como la que planteas porque te sitúa en un terreno de mayor certeza.

¿Una autoestima sana es esencial para afrontar este tipo de conflictos, de retos?

Sí, la autoestima es tu vasija, por eso tu vasija es un tesoro. Creer en ti es el mejor recipiente. Sentirte merecedora, tu resistencia a la incertidumbre y el caos, cómo capeas la frustración, el desacuerdo, el conflicto, en quién te vas transformando en el camino, resulta fundamental. Y eso es aplicable en cualquier contexto de petición.

Creer en ti y en el valor que aportas al mundo –y eso no es cuestionable ni negociable– quererte tal y como eres y no querer cambiar, porque eres disruptiva y alguien que dice lo que piensa, es esencial. Eso es Silvia Bueso.

Por eso la gente me ve auténtica. Prefiero no gustar por ser quien soy que ser un personaje fingido. Pero eso requiere una valentía brutal.

El sueldo es lo que paga las facturas.

Obviamente hay esa parte, pero lo que quiero decir es que mi valor no es mi facturación. No soy lo que facturo. Yo soy buenísima hasta sin facturar.

Precisamente eso es la autoestima, por eso mi mensaje es tan poderoso y lo transmito por todo el mundo. Ahora llevo ya 10 años pero al principio nadie creía en mí, excepto yo. Lleva su tiempo que la gente te valide. Pero no por eso yo era mala, era buena desde el día uno.

¿Cree que el hecho de ser mujer influyó en esa validación, fue un impedimento?

-Para mí la palabra no es tanto "impedimento". Es interesante lo que preguntas porque llevo tiempo con esta sensación. A veces, la seguridad en la mujer se percibe como ambición y arrogancia. En los hombres no es así.

Mi seguridad a veces asusta o se interpreta, como digo, de forma diferente pero despectiva. Aquellas palabras que para un hombre tiene una connotación de crecimiento, en la mujer se nos coloca en un territorio que no es neutral.

¿El arte de pedir es también el arte de decir "no"?

El arte de pedir está muy vinculado con este liderazgo de vivir la vida que tú quieres. Y este liderazgo conversacional del que hemos hablado toma su tiempo. Saber decir que no y saber aceptar el no es esencial.

Sobre todo en la fase donde empiezas a tantear escenarios de solución o decisión de ese cliente, y que como hemos visto debe ser una decisión de interés compartido. No puedes lastrarte tú para beneficiar al otro, ni tampoco el cliente tiene que decir por ti la vida que tú quieres.

El "no" funciona en ambos sentidos ¿Cómo afrontar el no ajeno?

Que te digan que no puede no ser definitivo. Puede ser que no sea el momento, que no haya explicado bien cómo impacta mi propuesta porque lo tienen que validar con alguien, porque no creen en mí. Puede haber muchas causas. El no es enorme.

Entonces tenemos que preguntar qué tendría que pasar para que me dijeras que sí y en consecuencia buscar nuevos argumentos. Hay que preguntar. El no no siempre es absoluto. El siguiente paso es no quedarnos en el limbo.

No te persigo para ser una brasas, lo hago porque me interesa seguir comprometida en este proyecto, y entiendo que tú también quieres comprometerte conmigo.

Podemos concluir que su método "El arte de pedir" es más bien una filosofía de vida.

Es una filosofía de vida en la que tú eres quien decide la vida que quieres. Con todo el tiovivo y la fortaleza interior que eso supone. Es un trabajo de dentro para fuera.

Pero merece la pena si el camino se hace sabiendo que voy a llegar a un destino siendo la persona que quiero ser, siendo honesta con lo que no quiero hacer y cómo quiero conseguirlo, trabajando relaciones y siendo capaz de conversar sin generar estallidos.

Se trata de honrar tu relación contigo misma y también con los demás, independientemente de si tu petición se acaba cumpliendo o no porque nunca se sabe. Si la relación se queda en un lugar impecable, puedes regresar a ella cuando quieras. Y esto funciona en las dos direcciones ¿Quién no quiere esto?