En el año 2020, los periodistas Tania Alonso y Juan F. Samaniego decidieron crear Planeta Mauna Loa, un boletín semanal especializado en noticias sobre cambio climático, diversidad y medio ambiente, así como en problemas como la contaminación por plástico. “Comunicar sobre plástico ha sido una constante durante estos años y, también, un reto, porque apela mucho a nuestras decisiones personales y a nuestro estilo de vida”, comenta él.
Aprovechando el conocimiento acumulado sobre microplásticos y su impacto en el medio ambiente, la pareja de periodistas gallegos decidió volver a unir fuerzas para escribir La era del plástico (Shackleton Books, 2026), un libro de investigación que expone cómo este material se ha convertido en una especie invasora que ha transformado nuestro planeta en las últimas décadas.
Los problemas derivados
“El libro es una investigación para entender de verdad qué es el plástico y qué problemas genera, en particular si hablamos de los microplásticos. Bajo la etiqueta ‘plástico’ lo simplificamos todo, pero en realidad hablamos de un montón de productos, miles de aditivos químicos diferentes, y de una compleja cadena de producción y consumo”, explica Samaniego por e-mail.
Tomando como hilo conductor 20.000 leguas de viaje submarino, la famosa novela de Julio Verne, La era del plástico invita a emprender un viaje por los océanos que surcó el mítico Nautilus hace 150 años para descubrir cómo el plástico se ha convertido en una especie invasora que ha transformado los mares, los ecosistemas y, con ellos, todo el planeta.
Portada de 'La era del plástico'
Mirada optimista
“El libro arranca hablando del origen del plástico y luego analizamos cuáles son sus fuentes, dónde se origina la contaminación, cómo recorre el planeta, cómo impacta en los ecosistemas y cuáles son sus efectos en la salud humana”, detalla Samaniego. Al final, los autores plantean posibles soluciones, manteniendo una mirada optimista y alejada del catastrofismo que suele caracterizar el periodismo medioambiental.
“Escribir un libro sobre microplásticos puede parecer aburrido, o incluso que te puede sumir en la desesperanza. Pero lo cierto es que tiene su lado divertido, porque los plásticos lo tocan todo, por lo que puedes contar todo tipo de historias”, explica Alonso.
En todas partes
Desde el primer momento, los autores plantearon La era del plástico como un ensayo cercano, que conectase con nuestra cultura y con lo que pasa en nuestro día a día. “Hablar de medio ambiente es hablar de todo: de política, de economía, de arte, de música, de gastronomía… El medio ambiente está conectado con todo lo que pasa en el planeta y, lamentablemente, los plásticos también. Esto es un problema, pero también una oportunidad única para contar buenas historias”, añade.
Desde Barbie y Ken (“I am a Barbie girl, in a Barbie world, life in plastic, it’s fantastic”) hasta los mundiales de fútbol, las tablas de paddle surf, los dinosaurios, las expediciones históricas y los científicos que hablan desde los lugares más recónditos de la Tierra, las historias que cuenta el libro quieren demostrar que el plástico forma parte de nuestras vidas desde hace décadas.
Contaminación por plástico en Bangladés
Capitalismo salvaje
“Nuestra generación creció en el plástico. Para nosotros no fue un símbolo de nada en especial, sino la realidad en la que crecimos”, explica Samaniego. En todo caso, aclara, el plástico “sería un símbolo de hacia dónde nos ha llevado un sistema que prioriza el consumo y el crecimiento económico por encima de todo e ignora las consecuencias en la salud medioambiental y humana”.
Los autores del libro coinciden en que el periodismo medioambiental tiene que ser capaz de trasladar la información científica a un relato que todos podamos entender de forma sencilla. “En este sentido, los periodistas contamos con la ayuda de los científicos, que suelen estar muy dispuestos a ayudarnos y a explicarnos hasta los aspectos más complicados para que después nosotros podamos contarlos”, añade.
Fácil solución
Otro aspecto importante es la necesidad de mencionar también el activismo y transmitir una idea de esperanza, para no caer en el catastrofismo predominante: “El cambio climático, la pérdida de especies, la destrucción de los bosques o la contaminación por plástico son crisis tremendas que tienen un impacto directo en nuestro bienestar. (…) Si nos quedamos solo en la parte catastrófica, es normal agobiarse, pensar que la suerte está echada y que ya no podemos hacer nada más que sentarnos a observar las consecuencias”, dice Samaniego.
Sin embargo, hay muchas cosas que podemos hacer. “En el caso de los plásticos, por ejemplo, se sabe cómo proceder y no es tan complicado como podría parecer”, señala. No se trata de eliminar los plásticos por completo, sino de cambiar la forma en que producimos y diseñamos los objetos que lo contienen.
Gusanos que se alimentan de microplásticos
“Los expertos coinciden: menos plástico, centrándonos solo en los productos realmente necesarios; plásticos más sencillos y seguros, sin miles de aditivos químicos de los que desconocemos los efectos; y plásticos diseñados para durar y ser fácilmente reciclados cuando lleguen al final de su vida”.
Impacto en la salud
“No te prometemos verdades absolutas, pero sí una visión honesta”, prometen los autores en la introducción. Según los periodistas, hay muchos agentes interesados en que nos sintamos culpables, en que cunda el desánimo o en que nos asustemos. “Nosotros decidimos dar voz a la ciencia y poner los límites que nos indicaron los investigadores que dedican su trabajo a conocer mejor el problema del plástico”, apunta Alonso.
“En lo referente a la salud, por ejemplo, la mayoría de los investigadores nos dijeron que ahora mismo hay muchos interrogantes abiertos, pero que hay muchas investigaciones en marcha y que en los próximos cuatro o cinco años tendremos mucha más información que ahora. Esto también es lo bonito de este libro: sienta una base para entender el problema y las noticias que nos irán llegando”, añade.
Contaminación
Los episodios mediáticos, como el vertido de 26 toneladas de pélets frente a las costas gallegas, sirven para recordarnos que el problema está ahí y para volver a darnos cuenta de su magnitud. Pero, en realidad, la contaminación está siempre presente.
“Se habló mucho del incidente de Galicia, pero nadie habla de la situación en Tarragona, donde miles de personas viven en el entorno del polígono petroquímico, donde se fabrican cada año dos millones de toneladas de pélets y donde la contaminación es constante y continua”.
Pélets en una playa
Obra para reflexionar
“Nos gustaría que el lector sintiera que entiende el problema en su conjunto. Que cuando vea un plástico no piense solamente en basura o en un problema, sino que sepa qué nos ha llevado a estar rodeados de este material, qué implica y qué soluciones están a nuestro alcance para darle la vuelta a la situación”, explica Tania.
“Nos gustaría que la gente no fuese más pesimista después de leer La era del plástico, sino más optimista. Estar informados es el primer paso para exigir cambios y lograr soluciones. Y si también nos sirve para cuestionarnos nuestra forma de consumir y algunas de las ideas que asociamos al progreso, aún mejor”, concluye
