“La cara de tristeza que se le quedó a Miriam cuando le dije que no podría ser voluntaria en la visita del Santo Padre, aunque solo le queden dos días para cumplir la mayoría de edad, la recordaré”.
Con esta anécdota explica Francesc Figueras, coordinador de los voluntarios para la visita del Papa a Barcelona y uno de los responsables de la sección Església Jove del Arzobispado, a Crónica Global la inmensa respuesta que tuvo la convocatoria de inscripciones. Una implicación ciudadana que compara, a su escala, a la de los Juegos Olímpicos del 92.
La adolescente, de todavía 17 años, se desplazó hasta la sede de la organización con sus padres, que iban a firmar el contrato de voluntario, pero se tuvo que quedar fuera de esas casi 1.700 personas que entregarán su tiempo gratuitamente durante el viaje de León XIV a Cataluña los próximos 9 y 10 de junio.
Menos de tres días después de poner en marcha el formulario en línea ya se había apuntado más del triple de la gente necesaria para cubrir el evento, y el 80% son jóvenes de entre 18 y 35 años.
Líder para los jóvenes
“Son jóvenes que han renunciado a sus cosas para poder estar ese día, jóvenes que están buscando un sentido a la vida, jóvenes a los que lo que les está ofreciendo el mundo no les entusiasma, al contrario”, afirma Figueras sobre un reencuentro con la fe que ha detectado entre estas generaciones, y que ha tenido un nuevo empujón con el anuncio del viaje apostólico.
El Papa León XIV en Nápoles, a inicios de mayo
Está convencido de que “hay todo un resurgimiento en los jóvenes de esta búsqueda hacia Dios y el Papa León XIV les está dando un líder, una persona que les está hablando y les está diciendo ‘mirad la cruz, alzad la mirada”.
“Los jóvenes están descubriendo que el mensaje de la Iglesia no ha caducado, el Evangelio está tan vivo como hace 2.000 años”, argumenta, tras 30 años dedicado a los grupos de juventudes católicas.
Construir comunidad
Confía en que la experiencia del voluntariado también fomente la unión entre personas, especialmente entre los más jóvenes y aquellos que estén construyendo su comunidad.
“Es lo que ocurre en las Jornadas Mundiales de la Juventud; en una parroquia sois los mismos quince de siempre, pero luego te encuentras con un millón y medio de jóvenes como tú y te das cuenta de que tiene sentido y de que no eres el único, de que hay una serie de gente que caminamos juntos, aunque tal vez no nos conozcamos”, sostiene.
Acogida y servicio
El coordinador liga el propio ejercicio del voluntariado a la vocación de servicio que predica el catolicismo: “Vamos a olvidarnos de nosotros mismos y vamos a hacer que esa persona se encuentre en casa, a gusto, facilitemos que todo el mundo pueda vivir esta vigilia”.
En resumen, explica, “los voluntarios harán un trabajo de acogida, serán la cara visible de una Iglesia que acoge a toda la diócesis y a sus diocesanos” con tareas especialmente centradas en proporcionar información a los asistentes y cuidar algunos detalles logísticos.
“Cuando alguien viene a tu casa y tú le quieres, para ti es importante hacer que esta persona se sienta lo más a gusto posible”, insiste el coordinador sobre lo que espera de ellos.
Inclusión
Es por eso que defiende no haber cerrado las puertas del voluntariado “a nadie”. Pese a que inicialmente se pedían unos requisitos mínimos de movilidad, al final se han seleccionado algunas tareas para las que se ha relajado esa exigencia, por ejemplo, en los puntos de reparto de agua.
Figueras calcula que la mayoría de voluntarios son creyentes, aunque tampoco se ha contemplado la obligatoriedad de ser católico: “Aunque no lo fueras, quieres compartir conmigo la acogida de una persona que para mi es importante, así que bienvenido seas a hacer esta fiesta juntos”.
Vigilia multitudinaria
Aunque asegura estarlo haciendo motivado por la esperanza, las ganas y una ilusión que le “empuja”, reconoce que el trabajo previo a la llegada del Papa a Cataluña está siendo duro: “Surgen muchos problemas y dificultades, pero me da igual tener que trabajar un sábado o un domingo y hacer doce horas”.
El mayor reto organizativo, apunta es el encuentro multitudinario que se celebrará en el Estadi Olímpic Lluís Companys el día 9 por la tarde, al que asistirán casi 40.000 personas. “Hay una gran complejidad en que todo el mundo esté en su sitio, tenga la información y podamos todos vivir y disfrutar de la vigilia”, destaca.
De hecho, admite, “hay cosas que todavía se están cerrando y muchas todavía pueden cambiar”, pues un evento de estas características obliga a atender a un gran abanico de realidades entre las que Figueras destaca la asistencia de personas enfermas y con diversidad funcional de la Hospitalidad de Lourdes y Cottolengo, para los que se habilitará un espacio en primera fila para silla de ruedas y camillas.
