Foto de la autora Mercedes de la Rosa

Foto de la autora Mercedes de la Rosa Planeta de Libros

Vida

Mercedes de la Rosa: “La práctica me ha dado la capacidad de estar presente en medio del caos”

En 'Comprende, confía, vive' (Espasa, 2026), Mercedes de la Rosa defiende el valor de la práctica interior para afrontar la incertidumbre y los giros inesperados de la vida

Contenido relacionado: Carolina Sáez, publicista: “El algoritmo explota la vulnerabilidad de clase”

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

Mercedes de la Rosa empezó Periodismo en Barcelona, carrera que acabó en Italia, para luego cursar un máster de Relaciones Internacionales en Londres. De regreso a Barcelona, empezó a trabajar como reportera, una etapa que le permitió viajar por todo el mundo y “expandir mucho su nivel de conciencia”, algo que más adelante le serviría para hacer frente a la crisis personal derivada de los problemas judiciales de su entorno familiar.

“A todos, en algún momento, nos sobrevienen cambios de guion en nuestras vidas. Situaciones que no esperamos o buscamos. Y eso es inevitable. Pero lo que nadie nos cuenta es que, cuando ocurren, tenemos dos opciones”, explica De la Rosa, que en 2005 fundó un centro de yoga y meditación en Madrid y ahora publica Comprende, confía, vive (Espasa, 2026), “una invitación a regresar a ese lugar dentro de nosotros donde habitan la calma, el amor y la sabiduría”.

La portada del libro 'Comprende, confía, vive' de Mercedes de la Rola

La portada del libro 'Comprende, confía, vive' de Mercedes de la Rola Planeta de Libros

Dos maneras de afrontar el sufrimiento

Según De la Rosa, la primera opción que todos tenemos ante un revés desafortunado en la vida —y la que nos sale de forma más natural— “es resistirnos y luchar por cambiar esa situación, algo que nos lleva directamente a la tensión y al sufrimiento”. La otra —la que no nos explican— es tratar de transitarla y vivirla desde otro lugar.

“Yo me di cuenta de que estaba viviendo desde un espacio de tensión, ruido y ansiedad, y me puse a buscar esa ‘otra’ opción. Así inicié mi búsqueda”, explica.

El primer resultado fue mudarse a Madrid y fundar Zentro Urban Yoga (ZUY), una plataforma física y virtual en la que se imparten clases de yoga, meditación y otras prácticas para reconectar y fomentar el bienestar. El proyecto empresarial, “aunque muy bonito”, ha sido duro —admite— porque implica decisiones constantes, incertidumbre, responsabilidad sobre otras personas, costes fijos y una realidad de mercado que no siempre acompaña.

“En 20 años he vivido de todo: cuando el yoga era para frikis, el boom, la pandemia, las ‘modas’… Lo que sí puedo decir es que, sin el aprendizaje y el camino interior, el proyecto exterior no habría sobrevivido. La práctica [de yoga] me ha dado la capacidad de estar presente en medio del caos, de confiar… y creo que eso no lo enseñan en ningún MBA”.

Desde la experiencia personal

La publicación del libro fue un proceso muy distinto. “Escribir el libro ha sido un regalo. Una especie de acto de integración de todo lo que llevo años aprendiendo, practicando y viviendo”, explica.

De la Rosa recuerda que cuando le propusieron escribir este libro sabía que solo podía hacerlo desde su propia experiencia, “desde lo que he vivido, transitado, practicado y aprendido. Porque es lo único que sé que es real”.

“A menudo creemos que aquello que estamos viviendo solo nos pasa a nosotros, y en realidad todos sufrimos y vivimos cosas similares. Todos somos parte de lo mismo, y eso también era algo que quería transmitir”, añade, confesando que mucha gente, tras leer el libro, la contacta para explicarle que ha pasado por situaciones similares.

Barcelona y Madrid: dos formas de vivir el yoga

Como empresaria del yoga, explica que en Barcelona y Madrid hay diferencias claras en cómo se vive o se consume esta práctica, aunque cada vez menos.

“Barcelona tiene más tradición y una cultura del bienestar más integrada en el día a día —el yoga llegó antes y caló más profundo—. Madrid ha vivido una explosión más reciente, más ligada a la tendencia, aunque desde que abrimos ZUY aquí (hace 11 años) también está madurando”.

Lo que ha observado es que en Barcelona el alumno suele buscar más profundidad desde el principio, mientras que en Madrid el punto de entrada es más físico y el alumno va abriéndose y evolucionando con el tiempo: “son más esponjas”. Pero en ambas ciudades, quien se queda, se queda de verdad.

“En Barcelona el público es más exigente porque tiene criterio y ha probado mucho: no se deja impresionar fácilmente. Pero también es más receptivo porque no necesita que le convenzas de que el yoga funciona. Ya lo sabe. La conversación empieza desde otro lugar, más profundo, y eso hace que el trabajo pueda ser muy nutritivo”.

El yoga ‘mainstream’ y las redes sociales

De la Rosa admite que el yoga ha pasado de ser algo minoritario a bastante mainstream, y reconoce cierta saturación en el sector, además de que estamos continuamente bombardeados por lo que es “tendencia” —que si ahora fuerza, pilates, etcétera—. Eso, aunque inevitable, genera confusión y cierta banalización en la superficie.

“Cuando una práctica como el yoga se convierte en contenido de redes sociales o en un servicio más de cualquier gimnasio, algo se pierde. Pero también creo que eso es parte del proceso: el yoga se expande, llega a más personas y algunas de ellas acaban encontrando algo más profundo de lo que buscaban”.

Una mujer en una sesión de yoga

Una mujer en una sesión de yoga Archivo

“La saturación afecta a quien ofrece yoga como producto. A quien lo ofrece como una práctica de transformación, no tanto, porque eso no se puede replicar fácilmente ni se compite solo por precio”.

“Primero hay que comprender para poder confiar”

Volviendo al libro, Comprende, confía, vive nació más como una necesidad personal, “desde dentro hacia fuera, que con la intención de ayudar a otros”.

“No me senté a escribir pensando en el lector; de hecho, ni siquiera sabía si habría muchos lectores”, bromea. “Me senté a escribir desde lo que yo había vivido, transitado y aprendido, porque pensé que, compartiéndolo, igual podía acompañar a alguien más”.

Una de las conclusiones que plantea el libro es la importancia de “comprender” antes de poder “confiar”, la necesidad de mirar hacia dentro para poder aceptar las situaciones en las que nos encontramos.

“La gente tiende a poner resistencia por falta de conocimiento y de práctica. Primero cuesta mirar porque vivimos en una cultura que premia el hacer y penaliza el parar. Y cuando por fin alguien se detiene y mira, lo que ocurre es que no sabemos bien cómo hacerlo porque nadie nos ha explicado que se puede mirar hacia un lugar que no es ‘afuera’”.

Muchas veces, añade, ese cambio de foco asusta porque nunca hemos transitado ese “otro lugar” y, como todo lo nuevo, al principio puede desconcertar.

“Por eso es tan importante una práctica que nos permita quedarnos y no salir corriendo, que es lo que estamos acostumbrados a hacer cuando algo nos incomoda. Una vez somos capaces de localizar y mantenernos en esos espacios nuevos para nosotros, podremos abrirnos a la aceptación”.

Diez respiraciones conscientes

“La vida siempre trae situaciones nuevas”, concluye. “No necesariamente bruscas o en forma de ruptura, pero seguramente sí que nos incomoden o nos obliguen a cambiar el rumbo que teníamos en mente. Todo ello son oportunidades para expandir nuestra conciencia, para transitar y soltar creencias y patrones que nos limitan”.

Preguntada por algún consejo para el lector barcelonés con un ritmo de vida acelerado, De la Rosa lo resume en un gesto simple: “Que empiece con diez respiraciones conscientes”.

“Y conscientes quiere decir que, si en la tercera se ha distraído, vuelva a empezar por la primera. Así empezamos a entrenar la atención y hay muchos efectos en nuestro sistema nervioso”, detalla la autora, insistiendo en que no se trata de hacer “grandes cosas”, como meditar una hora diaria o irse de retiro.

“Yo no creo en tratar de hacer grandes cambios, porque estos no suelen ser sostenibles en el tiempo. Con constancia y continuidad en los gestos diarios, las transformaciones se dan de forma más orgánica y duradera. Con pequeños espacios de quietud y atención plena ya estamos cambiando algo. Lo demás irá viniendo”.