Albert Blaya en la redacción de 'Crónica Global'
Albert Blaya: “Lamine Yamal es una ruptura entre el viejo y el nuevo fútbol”
En 'Univers Lamine Yamal' (Ara Llibres), el periodista de Manresa repasa la breve historia del futbolista blaugrana, el origen de su estilo y, también, sus similitudes y diferencias con Leo Messi
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A un despistado lector podría sorprenderle que se haya escrito un libro sobre un joven de 18 años, salvo que ese joven de 18 años se llame Lamine Yamal y sea la estrella del Barça y de la selección española desde los 16. Genial, arrogante y descarado, el futbolista catalán ha roto todos los moldes de la precocidad.
En Univers Lamine Yamal (Ara Llibres), el periodista Albert Blaya (Manresa, 1998) analiza técnicamente al futbolista: los orígenes de su descaro, el nacimiento de su genio, el futuro de su juego. En una época de uniformidad radical en la vida y en el fútbol, la frescura de Lamine es un soplo de aire fresco. Y en un Barça y una Cataluña acostumbrados a la derrota, se ha convertido en alguien a quien no le gusta bajar la cabeza ni pedir perdón por ser como es.
—¿Por qué decide hacer un libro sobre Lamine Yamal, un niño de 18 años?
—Incluso en un jugador de fútbol, poder hacer un libro sobre un niño de 18 años no es normal. La editorial me lo propuso porque yo seguía a Lamine desde el fútbol formativo. No solo me interesaba como jugador, sino su narrativa, lo que representa como futbolista, el momento en el que aparece y el contexto en el que se inscribe. Tampoco nos engañemos: lo acepto porque Relevo, diario donde yo trabajaba, había cerrado, por lo que tenía tiempo libre y ganas.
—¿Qué es Lamine?
—Una ruptura entre el viejo fútbol y el nuevo fútbol. Un jugador cuya precocidad rompe con todas las jerarquías establecidas durante años, incluso en un vestuario de pesos pesados como el de la selección, donde con 16 años ya era el líder. En el Barça le favoreció la ausencia de liderazgo. Tiene una forma muy autoconsciente de percibirse a sí mismo, pero sin ningún tipo de miedo. Hace grandes declaraciones, se pone en el centro de atención... Los buenos jugadores intentan siempre estar en un segundo plano fuera del campo. Él no, es líder dentro y fuera.
—El contexto en el que aparece es importante…
—Un Barça muy perdedor y acostumbrado a la derrota, donde lo más lógico era tener un discurso plano.
—Y en Cataluña estamos muy acostumbrados a bajar la cabeza, a esa falsa humildad, si se me permite la expresión.
—Él es hijo de una familia marroquí y guineana. Ha crecido en un contexto donde ese "bajar la cabeza" ha estado muy presente: compartir piso, el transporte público, la precariedad eterna... Ha surgido de un escalón muy bajo de la sociedad. Cuando sales de ahí gracias a tu propio talento, es inevitable que quieras reivindicar esa manera de ser. Y pese a ello hay algunos culés a los que le gustaría que Lamine fuera de otra manera.
—¿A qué se refiere?
—Cuando Lamine hace declaraciones polémicas o juega un par de partidos malos, se le asocia con su manera de ser. Si Cubarsí no juega bien es por su edad, pero si Lamine lo hace es por su entorno, por su origen, por cómo es. Si te gusta, tiene que gustarte el pack completo. No lo vamos a cambiar. A todos nos gustaba Puyol y era el capitán del Barça cuando el vestuario se desmadró en la época de Ronaldinho. Nadie le criticó. Y ahora está haciendo charlas para recuperar la masculinidad. Así que supongo que hay algo de racismo en lo que se piensa de Lamine.
Imagen de 'Univers Lamine Yamal', de Albert Blaya Sensat
—¿Qué puede representar para la generación inmigrante, els nous nous catalans?
—La generación de Lamine es mucho más diversa que las anteriores. Entre los jóvenes inmigrantes o hijos de inmigrantes se ven muchas camisetas suyas. Y podrías pensar que podrían tenerle rabia, porque eligió jugar con España y no con Marruecos, pero no hay ese resentimiento. Lo ven como alguien que es como ellos y que ha llegado a lo más alto. Y dentro de unas reglas inscritas en la catalanidad: educado aquí, en catalán... Es un modelo de inspiración que, pese a todo, es falso, porque Lamine solo hay uno. Es un espejismo, pero da esperanza.
—¿De dónde sale ese genio que tiene Lamine? ¿Un genio nace o se hace?
—Naces con el genio. Lamine tiene un instinto, una parte muy animal de entender el fútbol, que es un deporte de décimas de segundo, muy intuitivo. Se puede entrenar, pero luego ninguna situación es igual a la anterior. En Lamine lo vemos en el regate, en esa capacidad de liderar a través de la adversidad o en el uno contra uno, que es lo más preciado en el fútbol. Él ya nació así. Lamine hubiera sido igual de bueno de lo que es ahora sin La Masía.
—En el libro habla con entrenadores que lo han visto crecer y hacerse futbolista. Pero, en el fondo, late la idea de que él es un autodidacta. ¿Hasta qué punto lo han influenciado los técnicos?
—A ese nivel, un entrenador influencia en un plano más emocional. Si tú eres entrenador y estás haciendo tecnificación con un niño que controla y pasa y dribla mejor que tú con 5 años... No le puedes explicar muchas cosas, mucho menos corregirle. Yo creo en la capacidad de ir cuidando mentalmente al jugador, de irlo preparando para el siguiente paso. Si con 16 ya eres campeón de la Eurocopa y eres estrella del Barça con 17, es porque estás hecho de otra pasta.
—¿Y se puede malograr ese talento? Hemos visto jugadores muy buenos que se han apagado.
—Sí, ha habido muchos casos, ¿no? Ronaldinho mismo. O Ronaldo Nazario, que quizás habría sido uno de los tres mejores jugadores de la historia si no fuera por las lesiones. Tenemos que pensar que un jugador dura lo que dura, es decir, que la longevidad no está reñida con el talento. Nos hemos obsesionado mucho con los ejemplos de Cristiano, de Messi, de LeBron. Pero cada uno tiene sus tiempos. Iniesta se fue con 35 a Japón, pero con 19 ya estaba en el Barça. Modric juega con 40 en primer nivel, pero hasta los 28 no llega al Madrid. El tiempo es engañoso. Lo importante es que los años que juegas, rindas al nivel de tu talento. En estos casos lo marcan las ganas que tengas de mejorar. Ronaldinho prefirió otras cosas. A Lamine le puede pasar, pero aún le quedan muchas cosas por hacer. Habrá que ver hasta qué momento él mismo puede ir retándose en tener ganas de seguir siendo el mejor jugador.
—Y hay un capítulo en el que dice que Lamine no es Messi, pero que es inevitable compararlos. ¿Qué diferencias ve entre sus dos irrupciones?
—La comparación es lógica y tramposa a la vez. La afición, la prensa, todos necesitamos referentes para construir narrativas. Pero son dos jugadores que aparecen en contextos radicalmente distintos. Messi surge junto a Ronaldinho, compitiendo desde el principio con el mejor del mundo. Sus primeros años es un extremo puro, explosivo, eléctrico, con un centro de gravedad bajo que lo hace casi inderribable. Lamine aparece en un Barça que no gana, sin referentes, y se convierte en la estrella absoluta del equipo con 17 años. Messi nunca tuvo que cargar con eso tan pronto. Creo que Lamine es un jugador más cerebral de lo que era Messi a su edad. El Messi inicial era una máquina eléctrica, algo que Lamine no tiene. Pero sí cuenta con una capacidad de pase y una intención que el argentino fue ganando con los años. La pregunta es si Lamine puede añadir el gol de Messi. Quizás cuando deje la banda y juegue más por dentro.
—Lamine es el primer gran proyecto de La Masia desde hace muchos años
—No teníamos un candidato a Balón de Oro de La Masia desde Messi.
—Estamos en una época donde todo es muy uniforme: las decoraciones de todas las casas son de IKEA, los teléfonos de la misma marca, la ropa que llevamos... También pasa en el fútbol, ¿no? Y entonces aparece gente como Lamine.
—Cherki, otro jugador estilo Lamine, dice que el balón es como un gato. Si lo acaricias y lo tratas bien volverá contigo. Si lo tratas con fuerza, no te respeta. Lamine y Cherki tienen un talento tan superior que lo enfocan desde una base lúdica y a la vez ganadora. Tenemos un fútbol cada vez más sobreanalizado, es mucho más difícil que nada te sorprenda porque hay mucha más información. Y en Lamine vemos que el jugador está por encima del partido y de la táctica. Hay equipos como el Arsenal muy robóticos, donde no hay espacio para la sorpresa o la espontaneidad. Pero el talento siempre acaba imponiéndose y hay que defenderlo. Es el espectáculo lo que está en juego.
—En un momento del libro habla de los posibles futuros Lamines. ¿Si dentro de cinco años releemos esta entrevista, qué jugador cree que sí o sí estará triunfando?
—La Masía siempre te da pie a emocionarte, pero hay uno muy especial: David Moreno. De lo que he visto es el más similar a Lamine en el fútbol base. Talentoso, zurdo y con 13 años tiene el físico de un niño, pero la forma de jugar de un adulto de élite. No solo es virtuoso, sino que tiene esa profundidad en el juego que tenía Lamine a su edad. Hay muchos niños que driblan, pero que entiendan la complejidad del fútbol no tantos. Y que sepan interpretarla, menos aún. Si no pasa nada extraño, será un jugador muy importante.
—¿Cuánto le debe Lamine a Xavi, que es quien le da la primera oportunidad?
—Le debe el debut, y eso no es poco. La imagen del primer partido queda grabada para siempre, y el entrenador que te da esa oportunidad merece reconocimiento. Pero seamos honestos: si no hubiera sido Xavi, hubiera sido el siguiente. Donde sí veo una relación más significativa es con Flick. Lamine ha encontrado en él algo parecido a una figura paterna en lo deportivo. Pero no creo que Flick sea el entrenador definitivo de su carrera. El entrenador que realmente lo lleve al siguiente nivel está por llegar. Alguien que coja todo lo que Lamine ya es y lo proyecte hacia una dimensión que todavía no hemos visto. Lo que Guardiola fue para Messi.
—¿Cómo lo ves de aquí a cinco años?
—Es un jugador destinado a ser el mejor futbolista del mundo. Lo que más cuesta en este nivel es la regularidad, y Lamine ya la ha demostrado en dos temporadas: en cada eliminatoria de Champions en la que ha participado, nadie ha dudado de que era el mejor jugador sobre el césped. Eso es extraordinariamente difícil de sostener, incluso para las grandes estrellas. Si mantiene esa consistencia, crece físicamente un poco más y gana presencia cerca del área, será un jugador total, capaz de hacer daño por todos los espacios.
—¿Seguirá por delante o pasará a una posición más central?
—Acabará jugando por dentro, estoy convencido. No sé cuándo ni en qué circunstancias, pero la evolución natural de su juego apunta hacia el centro del campo ofensivo. Hoy el Barça lo ancla en la banda porque no tiene extremos, y él acepta ese rol. Si es irregular no es por talento, es por edad.
—¿Qué es lo que tiene que mejorar?
—El disparo. Cuando sale del regate, le falta limpieza y criterio para encontrar el ángulo. Un jugador convencional recibe el balón, controla y dispara. Lamine necesita driblar a tres o cuatro rivales antes de generar la ocasión, lo cual es infinitamente más complejo. Cuando aprenda a resolver esa última acción con la misma naturalidad con la que encara a un defensa, será prácticamente imparable.
—¿Con qué personaje de la cultura compararía a Lamine?
—Con David Lynch. Dijo David Foster Wallace que si en una escena se graba el corte de una oreja, Lynch pone la cámara en la oreja y no en el corte. Lamine con el juego hace lo mismo.