Imagen de archivo de una sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social

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Vida

Niegan la incapacidad a una vecina de Girona con fotofobia extrema: "Vive en un limbo insostenible"

Su abogada ya ha recurrido la decisión de la Seguridad Social, mientras la paciente es incapaz de tolerar pantallas, fluorescentes o contrastes de luz

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C. A. M. vive a oscuras. Literalmente. La luz —cualquier luz— se ha convertido en una amenaza constante que le provoca un dolor punzante en los ojos, náuseas, mareos y una incapacidad total para desenvolverse con normalidad.

Ni pantallas, ni fluorescentes, ni siquiera los contrastes lumínicos más cotidianos. Su vida, en estos momentos, transcurre entre sombras y limitaciones extremas.

Pese a este cuadro clínico severo, avalado por un tribunal médico, el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) le ha denegado la incapacidad permanente.

A partir de una obra de teatro

Vecina de Girona y profesora de Formación Profesional, esta mujer, de unos cincuenta y pocos, arrastra esta situación desde hace más de dos años.

El origen fue, en apariencia, un episodio puntual: una función de teatro en la que la exposición a luces estroboscópicas desencadenó una fotofobia extrema de origen central. Lo que pudo parecer un incidente aislado ha derivado en una patología crónica e incapacitante.

Los informes médicos no dejan margen a la interpretación. El dictamen forense describe un dolor ocular neuropático intenso que impide incluso realizar determinadas pruebas diagnósticas: la propia luz de los aparatos médicos resulta insoportable para la paciente.

En su caso, la incompatibilidad con su profesión es absoluta. Como docente, su día a día depende del uso de pantallas y de la permanencia en aulas con iluminación artificial, dos elementos que ahora le resultan “altamente lesivos”.

Luces estroboscópicas, en una imagen de archivo

Luces estroboscópicas, en una imagen de archivo

Según los informes de Prevención de Riesgos Laborales, no puede realizar tareas básicas como vigilar grupos, impartir tutorías, asistir a reuniones o participar en actividades escolares.

Y, sin embargo, la administración ha dicho que no, que debe seguir trabajando.

Exigen la incapacidad permanente

La decisión del INSS resulta especialmente controvertida porque contradice el criterio del propio Tribunal Médico, que sí avaló la situación de invalidez de la trabajadora. Una discrepancia que ha llevado el caso a los tribunales.

El despacho Vosseler Abogados ha interpuesto una demanda contra la Seguridad Social para reclamar el reconocimiento de la incapacidad permanente.

Al frente de la estrategia legal está la letrada laboralista Ambar Zambrano, que no es ajena a litigios complejos: también lidera la vertiente laboral del conocido caso de Raúl, el vecino de Bacares (Almería) que quedó parapléjico tras un accidente de trabajo.

"La Administración está ignorando una realidad médica y laboral indiscutible", sostiene Zambrano. La abogada recuerda que C. A. M. ya tiene reconocido un 45% de discapacidad y que su patología no presenta perspectivas de mejora.

“Negarle la incapacidad es dejarla en un limbo jurídico y vital insostenible”, añade.

Acceso a una sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social

Acceso a una sede del Instituto Nacional de la Seguridad Social

A la espera del recurso

El caso, además, pone sobre la mesa una contradicción difícil de justificar: mientras un órgano médico oficial reconoce que la enfermedad afecta a prácticamente todas las funciones de su profesión, la administración rechaza conceder la prestación.

Más allá de la docencia, la situación de C. A. M. trasciende lo laboral. Su patología limita severamente cualquier actividad en una sociedad donde la luz artificial y las pantallas son omnipresentes.

La batalla judicial que ahora se abre busca algo más que una prestación económica: aspira a que se reconozca una evidencia médica y una realidad cotidiana que, de momento, la administración se resiste a asumir.

Mientras tanto, C. A. M. sigue esperando. A oscuras.