Comisario jubilado de la Policía Nacional, Federico Delgado

Comisario jubilado de la Policía Nacional, Federico Delgado GALA ESPÍN Barcelona

Vida

Federico Delgado, comisario jubilado: "Antes perseguíamos atracadores de barrio, ahora 'narcos' internacionales"

Durante más de cuatro décadas de carrera, este veterano policía fue testigo directo de la profunda metamorfosis de la delincuencia en Cataluña y el conjunto de España

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El ahora comisario jubilado Federico Delgado entró en la Policía Nacional con 23 años, en 1984, sin la vocación que suele acompañar a muchos policías cuando se ponen el uniforme por primera vez.

Venía de atravesar una crisis existencial temprana, de abandonar los estudios de telecomunicaciones y de abrazar una idea más práctica que romántica: encontrar un trabajo estable en la Administración.

Lo que no sabía entonces era que aquella decisión acabaría marcando toda su vida.

42 años de servicio

Durante más de cuatro décadas de carrera, Delgado fue testigo directo de la profunda metamorfosis de la delincuencia en Cataluña y el conjunto de España.

De los atracos a punta de pistola y los cheques falsificados a las estafas digitales. De “pinchar” teléfonos con cables a rastrear datos en redes sociales. Y del delincuente de barrio a redes criminales que operan a escala internacional.

Federico Delgado, comisario jubilado de la Policía Nacional

Federico Delgado, comisario jubilado de la Policía Nacional GALA ESPÍN Barcelona

Ahora, jubilado y tras casi 42 años de servicio, resume lo que siente desde que entregó la placa: "Uno deja de ser policía cuando deja de trabajar".

La nueva rutina

Admite que le costó entregar sus credenciales. No por la chapa en sí, sino por lo que simboliza: la obligación permanente de estar alerta, la identidad profesional pegada a la piel y la sensación de utilidad que se apaga de golpe cuando ya no diriges equipos ni sostienes investigaciones que pueden devorarte —sin exagerar— 12 o 14 horas al día.

En su nueva rutina hay viajes, cursos de historia en la UNED y un proyecto personal que funciona casi como un salvavidas: ordenar sus archivos, rescatar algunos de los casos más significativos de su carrera y --dice-- “novelarlos”.

No para convertirse en escritor, sino para ordenar recuerdos y preservar aquello que ha sido su vida.

Los orígenes

Si nos remontamos a los orígenes, Delgado pertenece a una generación bisagra. Entró en la penúltima promoción de la escuela de Canillas (Madrid), cuando todavía era el centro donde se formaban los agentes de la Policía Nacional.

Y fue, además, la primera promoción mixta: unas 500 plazas, con una proporción que hoy suena casi arqueológica: “cuatrocientos y pico hombres y cincuenta y pocas mujeres”, recuerda. 

No entró --lo reconoce sin rodeos-- con una vocación clara. Pero la vocación llegó al caminar. Y cuando llegó, ya no se fue.

En el medio, el comisario Federico Delgado

En el medio, el comisario Federico Delgado Simón Sánchez

La segunda oposición

Con el tiempo supo que quería seguir creciendo. Por eso, decidió apostar por la promoción interna: estudió Relaciones Laborales y se presentó de nuevo a la oposición, esta vez, a la escala ejecutiva.

Su promoción juró el cargo en 1992, el mismo año que Barcelona se convirtió en el escaparate del mundo.

Delgado regresó como inspector a una Cataluña que vivía la euforia del momento, pero también con nuevas realidades delictivas que empezarían a transformar el trabajo policial para siempre. 

La Barcelona de los 90

Delgado se enganchó a la investigación criminal desde el minuto uno. En L’Hospitalet de Llobregat dirigió grupos de Policía Judicial centrados primero en robos con fuerza y después en estafas: tarjetas, cheques sin fondos o cheques “lavados” químicamente una picaresca que explotaba las grietas de un sistema todavía poco tecnificado.

Pero aquellos años también fueron la época dorada de los atracos. Había equipos especializados y algunos delincuentes se convirtieron en auténticos mitos dentro de los pasillos policiales.

Uno de ellos fue el 'loco del chándal'. Delgado recuerda un registro en el que hallaron una flecha metálica que coincidía con la utilizada en una agresión y que resultó clave para incriminarle. "Era una prueba de cargo", presume a día de hoy. 

Escenas que retratan otra época: una delincuencia más visible, más física y una policía que todavía trabajaba con herramientas que hoy parecen de museo.

El despliegue de Mossos

En 2003 llegó un giro histórico: el despliegue de los Mossos d’Esquadra. Delgado lo recuerda con una mezcla de pragmatismo y cierta nostalgia.

Al principio reinaba la incertidumbre: qué competencias asumiría cada cuerpo, cómo se repartirían las investigaciones o qué papel jugaría cada uno en el nuevo escenario

Con el tiempo, sin embargo, la transición se resolvió de forma natural. Mossos y Policía Nacional compartieron espacios e investigaciones durante un tiempo, trabajando dentro de las mismas comisarías hasta que cada cuerpo asumió plenamente sus funciones.

Agentes de los Mossos y el CNP durante un dispositivo anterior

Agentes de los Mossos y el CNP durante un dispositivo anterior CME

El cambio de paradigma

Aquella etapa coincidió también con un cambio de fondo que acabaría transformando por completo la investigación policial: la evolución del propio perfil de los delincuentes.

“Antes el delincuente era el del barrio”, resume. Ladrones, atracadores o estafadores con trayectorias conocidas por la policía.

Pero el mapa criminal empezó a cambiar. A esos perfiles tradicionales se sumaron organizaciones mucho más sofisticadas y redes que operaban a escala internacional.

La globalización del delito cambió las reglas del juego. Los grupos criminales ya no se limitaban a una ciudad o a un país, sino que operaban en varios territorios a la vez, con estructuras más discretas y métodos más complejos.

Un escenario que obligó a la policía a evolucionar también en sus herramientas, cada vez más tecnológicas: de los seguimientos clásicos en la calle a las investigaciones basadas en inteligencia, análisis de datos y cooperación internacional.

El comisario jubilado Federico Delgado durante la entrevista con Crónica Global

El comisario jubilado Federico Delgado durante la entrevista con Crónica Global GALA ESPÍN Barcelona

Su etapa en Extranjería

En 2019 ascendió a comisario y asumió responsabilidades en la Brigada de Extranjería, donde trabajó con unidades como la UCRIF, especializadas en la lucha contra las redes de inmigración ilegal y la trata de seres humanos

Durante esos años participó en operaciones contra organizaciones que explotaban a mujeres en pisos clandestinos o que organizaban viajes irregulares hacia Europa.

Pero también conoció la otra cara del fenómeno migratorio: personas que huían de guerras, persecuciones o situaciones extremas y que llegaban a España buscando protección.

Entre los recuerdos que conserva de aquella etapa hay uno especialmente simbólico: un cuadro que un solicitante de asilo regaló a la brigada tras regularizar su situación. En él aparece una mujer con un niño en brazos recibiendo unos documentos de una policía.

Para Delgado, aquel gesto resumía bien el trabajo silencioso de muchos agentes: proteger sin protagonismo.

Agentes de la UCRIF durante un 'briefing' y de fondo el comisario con otros dos inspectores

Agentes de la UCRIF durante un 'briefing' y de fondo el comisario con otros dos inspectores Gala Espín

Sus memorias

Hoy, ya jubilado, mira su carrera con serenidad. Sigue sintiéndose orgulloso de la policía --de quienes continúan trabajando y de la evolución que ha vivido el cuerpo en estas décadas--, pero también tiene claro que una etapa ha terminado.

Uno deja de ser policía cuando deja de trabajar”, repite.

Y aún así, después de casi 42 años persiguiendo delincuentes, sabe que hay algo que no se jubila tan fácilmente: la memoria de todo lo vivido.