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El balance del Mundial

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Medio mundo se quedó sentado, conteniendo el aliento, el otro día, mientras las selecciones de España y Argentina competían por la Copa del Mundo de fútbol. Como el lector sabe, ganó la selección española, y la argentina ni rascó la bola hasta que ya iba por detrás en el marcador y quedaban pocos minutos para el final.

La prensa española ya ha hecho los análisis pertinentes (generalmente errados, claro), y la catalana en concreto trata de encontrar una naturaleza “catalana” en el triunfo indiscutible de la selección nacional.

Algunos ayatolás del separatismo reprochan, desde los medios de comunicación, a los ciudadanos catalanes que siguieran con entusiasmo y emoción los avatares de “la Roja”, celebrasen sus victorias y hasta algún desaprensivo luciese la camiseta.

¡Pero desdichado, ¿qué iban a seguir ellos con entusiasmo y emoción? ¿Tus artículos, acaso? ¿Tus consignas, fracasado, paniaguado, tramposo?

Dejémoslo, esa gente estrepitosa e irrelevante carece de interés. Veamos lo que dice la prensa europea sobre el Mundial, y sobre lo que ha significado, más allá de su estricta naturaleza deportiva. Como verá el lector de Crónica Global, los hay que hilan muy fino en el arduo trabajo de la deconstrucción de los fenómenos, y también hay otros que no tanto…

Empecemos por el análisis de Le Figaro, el venerable órgano de la Derecha francesa, donde editorializó, durante largas décadas, el gran Raymond Aron. El diario, como es natural (o casi natural) se duele de que la eliminación de Francia puede ser síntoma de algo peor: "Brasil (cinco veces campeón) ya no cuenta con estrellas, y a la selección alemana (cuatro veces campeona) le faltó inspiración: ¿es esto un síntoma del declive de Alemania? Y numerosas selecciones africanas estuvieron cerca de dar grandes sorpresas: Cabo Verde, Costa de Marfil, Senegal, Egipto… ¿Es este el comienzo del ascenso del Sur, cuyos jugadores a menudo se han formado en el Norte?… El Mundial le ha demostrado una vez más a Francia que nada es seguro en el fútbol. En un país sacudido por las crisis, la gente se aferró a los Bleus. … Vistos como favoritos, se esperaba que dieran al país nueva esperanza. … ¡Ay! Nos decepcionaron."

Berlingske (diario danés fundado nada menos que en 1749) se muestra satisfecho de que, al final, el Mundial no quedara empañado por los desagradables incidentes que lo rodearon, en especial la clamorosa corrupción del presidente de la FIFA, el tiralevitas Infantino, que retiraba cartulinas rojas a gusto del presidente norteamericano Donald Trump, en cuyos dominios se ha celebrado el Mundial:

“A pesar de los acuerdos entre bambalinas del presidente de la FIFA, Infantino, y el presidente estadounidense Trump, el Mundial resultó ser una fiesta del fútbol, con partidos buenos o al menos emocionantes, millones de aficionados entusiastas y una final ganada por unos campeones merecedores. ... El fútbol se inventó en Inglaterra, se desarrolló después por toda Europa y más tarde fue adoptado en todo el mundo. ... Europa también dominó el Mundial —con tres selecciones llegando a semifinales— y unos campeones del mundo europeos que merecidamente vencieron a un equipo sudamericano. Europa debe intentar recuperar el control de la FIFA para poder garantizar condiciones ordenadas y decentes en el mundo del fútbol."

Una manera tan buena como otra cualquiera de pedir la cabeza de Infantino.

En definitiva, el Mundial fue una derrota para el presidente estadounidense, observa Sydsvenskan, diario liberal sueco fundado mediado el siglo XIX:

“El torneo ha sido, sobre todo, una prueba de que la mentalidad aperturista europea supera al aislacionismo estadounidense, y no solo sobre el terreno de juego. Europa ha celebrado por todo lo alto, a pesar de los intentos de la FIFA de vender el deporte a diversos autócratas, torneo tras torneo: a Rusia en 2018, a Catar en 2022 y este año a los Estados Unidos de Trump. Para muchos estadounidenses, el Mundial probablemente sirvió como recordatorio de esa Europa a la que Estados Unidos ha dado la espalda con su doctrina de “Estados Unidos primero”: noruegos remando en Times Square, escoceses bebiendo cerveza en Boston y mares de aficionados neerlandeses vestidos de naranja en Houston. Sin estas imágenes, el fútbol no es nada."

Kathimeriní, diario conservador griego, que algunos lectores a lo mejor conocen porque tiene una edición abreviada en inglés que en Estados Unidos se vende con el New York Times, adopta una mirada filosófica sobre el fútbol y el Mundial:

“Con los amigos, la familia y el resto del país, soñamos con actuaciones magníficas y victorias. Cuando nuestro equipo lo hace bien, caminamos con la cabeza alta; cuando pierde, sufrimos. Y por muy cínicos que nos volvamos con todo lo que rodea al juego, siempre volvemos, dispuestos a interpretar el ayer, el hoy y el mañana a través de un juego que nos une en la alegría, el orgullo, la ira, la tristeza y la esperanza. El hecho de que esta vez Grecia ni siquiera se clasificara, junto con otras naciones futbolísticas aún más grandes (por ejemplo, Italia), no significa que el juego haya terminado. Nunca termina.

¿Que “el juego nunca termina?” No ocultaremos que nos parece que el editorialista que acabamos de citar podía haberse estirado un poco más, buscar alguna idea original… Podía habérnosla pedido a nosotros, que con gusto se la hubiéramos proporcionado gratis. Pero se ve que no tiene nuestro teléfono. En fin, veamos qué dicen otros medios.

Sebastian Wendel, corresponsal del suizo Aargauer Zeitung para cubrir el Mundial, se llevó una grata sorpresa:

“¿De verdad puedo entusiasmarme con un Mundial en la tierra de Trump? Después de seis semanas en Norteamérica, miro atrás con asombro. Por supuesto, recorrer 30.000 kilómetros para ver los seis partidos de Suiza no es para presumir. Pero ¿qué recordaré dentro de 30 años? Los maravillosos y asombrosamente llenos estadios. El ambiente constantemente pacífico. Los 20.000 aficionados frenéticos frente al hotel del equipo colombiano en Vancouver. El ciudadano argentino en Kansas City que me contó que había vendido su coche para comprar entradas. ... Incluso cuando el torneo amenazó con desmoronarse tras la intervención de Donald Trump ante Gianni Infantino, fue el propio deporte el que salvó el día, en forma de la inapelable victoria de Bélgica sobre el equipo anfitrión.”

Ese argentino que se vendió el coche para asistir a un partido de su equipo… seguramente no es un ciudadano admirable por su gran equilibrio mental, sino más bien un pobre diablo digno de compasión, dado un fanatismo nacional, autolesivo y rayano en lo suicida, sobre todo visto el resultado final de su selección, que no sólo perdió la final contra España sino que demostró tener muy mal perder.

El Mundial ha obtenido ingresos récord, pero eso no justifica tantos episodios cutres y sospechosos que lo han marcado y desprestigiado, argumenta La Libre Belgique, el diario belga de centroderecha, con un glorioso pasado de clandestinidad contra la ocupación alemana:

"A pesar de su éxito financiero y deportivo, este torneo será recordado como un símbolo de un fútbol atrapado en el exceso: un torneo ampliado a 48 selecciones nacionales participantes, un calendario de partidos que llevó continuamente a los jugadores más allá de sus límites físicos, los precios de las entradas, que no guardaban relación alguna con la realidad de la vida de los aficionados, y un organismo rector que, con demasiada frecuencia, o bien guarda silencio o bien monta un espectáculo, además de sospechas de influencia política... Por no hablar de los comentarios racistas y de la negativa a permitir la entrada a Estados Unidos al árbitro somalí. ... Infantino anunciará ingresos récord, pero su trabajo no consiste solo en aumentar la facturación."