Agente de la División de Investigación Criminal (DIC) de los Mossos d'Esquadra, en una imagen de archivo

Agente de la División de Investigación Criminal (DIC) de los Mossos d'Esquadra, en una imagen de archivo Mossos d'Esquadra

Vida Día de las Personas Desaparecidas

Desaparecidos sin rastro: así investigan los Mossos los homicidios sin cadáver

La policía catalana ha desarrollado una metodología para resolver las desapariciones que esconden un crimen, incluso cuando no hay cuerpo, arma ni testigos

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En 2025, los Mossos d’Esquadra gestionaron 3.682 denuncias por desaparición en Cataluña, una media de 10 casos al día.

La mayoría se resuelven en poco tiempo: alrededor del 98% de las personas desaparecidas acaban siendo localizadas, muchas veces tras ausencias voluntarias, conflictos familiares o episodios personales que nada tienen que ver con un delito.

De este modo, las investigaciones con origen criminal representan un porcentaje muy reducido dentro de este volumen de casos. Sin embargo, algunas desapariciones ocultan una realidad mucho más grave: y es que detrás de la ausencia puede esconderse un homicidio.

Día de las Personas Desaparecidas

Este lunes 9 de marzo se conmemora el Día de las Personas Desaparecidas sin causa aparente, una efeméride que pone el foco en esas investigaciones silenciosas que comienzan como simples desapariciones y que, en ocasiones, acaban revelando un crimen cuidadosamente ocultado.

Agentes de los Mossos en una imagen de archivo

Agentes de los Mossos en una imagen de archivo Andreu Dalmau EFE

Son, probablemente, las investigaciones más complejas para los investigadores. Y más aún en aquellos casos en los que no hay testigos, ni una escena clara del crimen, ni siquiera la certeza inicial de que se haya cometido un delito.

Homicidios sin cadáver

De hecho, hace apenas unos días la Audiencia de Barcelona condenó a 15 años de prisión a Luis Bonet por la muerte violenta y la posterior ocultación del cadáver de Diego Vargas, desaparecido en 2020 en Sant Andreu de la Barca (Barcelona).

El caso es uno de los tres precedentes existentes en España en los que se ha logrado una condena por homicidio sin que haya aparecido el cuerpo de la víctima, sin arma del crimen, sin restos biológicos y sin testigos directos. Todos ellos, resueltos por los Mossos d'Esquadra.

Se trata de los llamados “casos puros” dentro de las investigaciones de desapariciones criminales. Una categoría excepcional incluso para los propios investigadores.

En España solo existen tres precedentes de condenas por homicidio sin cadáver: el caso de Ramón Laso, condenado por la desaparición de su esposa y su cuñado en Tarragona; el de Mohamed Taheri, por el asesinato de su exmujer Piedad Moya en Mataró; y el más reciente, el de Luis Bonet, condenado por la muerte de Diego Vargas.

Y es que aunque en la mayoría de homicidios vinculados a desapariciones acaban dejando algún rastro —un cuerpo localizado posteriormente, restos biológicos o testimonios que ayudan a reconstruir los hechos—, en estas tres investigaciones no existía ninguno de esos elementos.

Agentes de los Mossos d'Esquadra registran un vehículo durante un macrodispositivo. Imagen de archivo

Agentes de los Mossos d'Esquadra registran un vehículo durante un macrodispositivo. Imagen de archivo EFE/Javier Díaz

A pesar de ello, los tribunales acabaron dictando condenas gracias a una metodología de investigación específica desarrollada por los Mossos d’Esquadra, diseñada precisamente para abordar los escenarios más extremos: aquellos en los que el autor ha conseguido eliminar prácticamente todos los rastros materiales del crimen.

El paso a paso

Las investigaciones por desaparición suelen arrancar en unidades de investigación territoriales o locales, encargadas de realizar las primeras diligencias tras la denuncia presentada por familiares o allegados.

A preguntas de Crónica Global, el sargento Pere Sánchez, de la Unidad Central de Personas Desaparecidas de los Mossos d’Esquadra, explica que en esta fase inicial los agentes reconstruyen los últimos movimientos conocidos de la persona desaparecida y recaban información de su entorno personal y familiar.

El objetivo es determinar si existen indicios de que la desaparición pueda haber sido voluntaria o si, por el contrario, hay elementos que apuntan a la posible intervención de terceras personas.

Cuando afloran esas sospechas, el caso pasa a la Unidad Central de Personas Desaparecidas, especializada en este tipo de investigaciones más complejas.

A partir de ese momento se activa una metodología de trabajo estructurada en tres grandes fases. No obstante, en este punto —explica el sargento— los investigadores todavía no pueden afirmar que se haya cometido un homicidio.

Probar la falta de actividad vital

La primera tarea consiste en acreditar lo que los investigadores denominan “falta absoluta de actividad vital”. En otras palabras, demostrar que la persona desaparecida ha dejado de generar cualquier rastro de vida y que, por lo tanto, está muerta.

Para ello, los agentes analizan todos los registros que una persona deja en su actividad cotidiana: movimientos bancarios, actividad administrativa, registros hospitalarios, datos de la Seguridad Social, compras de billetes o cualquier otra información que permita determinar si sigue desarrollando su vida en algún lugar.

Mossos d'Esquadra trasladan a uno de los detenidos en el marco de una operación policial contra un grupo de delincuentes relacionado con la muerte violenta de un hombre y la ocultación de su cadáver el año 2023

Mossos d'Esquadra trasladan a uno de los detenidos en el marco de una operación policial contra un grupo de delincuentes relacionado con la muerte violenta de un hombre y la ocultación de su cadáver el año 2023 EFE/Alberto Estévez

También se revisa con detalle la actividad telefónica y digital para localizar el último contacto conocido de la víctima y reconstruir sus movimientos en los días previos a la desaparición.

El análisis se extiende también al entorno personal: familiares, amistades, relaciones sentimentales o posibles conflictos que puedan explicar una marcha voluntaria, detalla el sargento.

Cuando no aparece ninguna señal de vida tras la desaparición, los investigadores deben plantearse un nuevo escenario. Si la persona hubiera fallecido por causas naturales, un accidente o incluso un suicidio, el cuerpo acabaría apareciendo antes o después.

Cuando eso no ocurre, la hipótesis de una intervención criminal comienza a cobrar fuerza.

Reconstruir el crimen sin cadáver

En ese momento se abre la tercera fase de la investigación. La policía traslada al juzgado los indicios obtenidos hasta ese momento y solicita nuevas diligencias para avanzar en la investigación.

El trabajo se centra entonces en reconstruir una línea temporal precisa que permita cruzar los movimientos de la víctima con los de las personas que pudieron tener relación con su desaparición.

Los investigadores analizan qué ocurrió antes de que se perdiera el rastro de la víctima, qué elementos coinciden con el momento en que desaparece y qué comportamientos se producen después.

Ubicaciones telefónicas, desplazamientos, registros de cámaras de seguridad o cambios en la conducta de las personas del entorno pueden convertirse en piezas clave para reconstruir lo sucedido.

Las pruebas indiciarias

Cada uno de esos elementos constituye lo que en términos jurídicos se conoce como prueba indiciaria: indicios indirectos que, analizados de forma conjunta, permiten reconstruir un relato coherente de los hechos.

Aunque no se trate de pruebas directas —como un cadáver, un arma homicida o un testigo presencial— este tipo de indicios están plenamente avalados por la jurisprudencia del Tribunal Supremo, siempre que cumplan determinados requisitos.

Detalle de la fachada del Tribunal Supremo / EP

Detalle de la fachada del Tribunal Supremo / EP

Cuando todos esos indicios encajan entre sí, permiten construir una secuencia sólida de los hechos capaz de sostener una acusación por homicidio ante un tribunal y romper la presunción de inocencia de los acusados,

El origen de la metodología

Esta forma de investigar nace de una necesidad muy concreta. Los Mossos d’Esquadra comenzaron a desarrollarla tras el que dentro del cuerpo se conoce como el “caso madre”: la investigación que permitió condenar en 2014 a Ramón Laso por la desaparición de su esposa y su cuñado en Els Pallaresos.

Aquel caso obligó a los investigadores a replantear el enfoque tradicional de este tipo de investigaciones.

El objetivo era diseñar una metodología que permitiera sostener una acusación por homicidio ante un jurado incluso en ausencia de los elementos clásicos del crimen: el cadáver de la víctima, restos biológicos o el arma homicida.

En otras palabras, se trataba de construir un método de investigación que no dependiera necesariamente del hallazgo del cuerpo para poder romper la presunción de inocencia del acusado y obtener una sentencia condenatoria.

Imagen de archivo de un agente de los Mossos

Imagen de archivo de un agente de los Mossos EUROPA PRESS

Atención a las familias

A pesar de las condenas judiciales, estos casos dejan una herida difícil de cerrar para las familias. La ausencia del cuerpo impide muchas veces completar el proceso de duelo. No hay despedida ni un lugar al que acudir para recordar a la víctima.

Por eso, la unidad que lidera el sargento Pere Sánchez trabaja codo con codo con la Oficina de Atención a las Familias de Personas Desaparecidas, que acompaña a los allegados durante investigaciones que pueden prolongarse durante años.

Porque, aunque la justicia llegue, la desaparición del cuerpo deja siempre una incógnita que nunca termina de resolverse.