Gráfico con la evolución del precio del oro y la silueta de un agente de los Mossos d'Esquadra

Gráfico con la evolución del precio del oro y la silueta de un agente de los Mossos d'Esquadra Crónica Global

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El desorbitado precio del oro dispara el robo de joyas: "Ponerse una cadena es un riesgo"

Fuentes policiales confirman que la subida de la cotización de este metal precioso coincide con un incremento de los asaltos violentos 

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El oro siempre ha sido un imán para la delincuencia. Es fácil de fundir, apenas deja rastro y permite obtener elevados beneficios de forma rápida.

Por eso, no son una novedad los asaltos de los llamados cadeneros o relojeros: delincuentes especializados en arrancar joyas y relojes de oro a sus víctimas en plena vía pública.

Ahora, sin embargo, hay un nuevo incentivo que está empujando este fenómeno. El precio del oro se disparó a finales de enero y los ladrones —que no son ajenos a los movimientos del mercado— han vuelto a salir a la calle a la caza de víctimas.

El objetivo es simple: arrebatar, con violencia si hace falta, el oro que muchas personas lucen de forma cotidiana.

151 euros el gramo

Fuentes policiales lo confirman: los asaltos violentos protagonizados por cadeneros se han intensificado en las últimas semanas. Robos cometidos a plena luz del día y en plena calle, con un único objetivo: hacerse con joyas y relojes para venderlos rápidamente en el mercado del oro.

"Ponerse una cadena o un reloj de oro se ha convertido en un auténtico riesgo", lamentan las fuentes consultadas. 

Un relojero detenido en la calle Pau Claris de Barcelona

Un relojero detenido en la calle Pau Claris de Barcelona CG

El incentivo económico es evidente. A finales de enero, cada gramo de oro puro de 24 quilates llegó a tener un valor de hasta 151 euros —el máximo alcanzado el pasado 29 de enero—.

A principios de marzo, el precio sigue moviéndose en niveles muy elevados, entre los 138 y los 143 euros por gramo. Unas cifras especialmente atractivas si se tiene en cuenta que una cadena de tamaño estándar puede superar con facilidad los 1.000 euros en el mercado de compraventa, según explican voces del sector.

“Toman una decisión de cierto riesgo, como es asaltar a una persona en plena vía pública, pero la fiebre del oro parece compensarles”, reflexionan las mismas fuentes policiales.

Más activos de lo habitual

La evolución del precio del metal precioso ayuda a entender el fenómeno. Según se extrae del portal Inversoro.es, si en abril de 2025 el gramo rondaba los 90 euros, a finales de enero de 2026 superaba ya los 150. 

Ese salto histórico en la cotización tiene un impacto directo en la calle: un repunte de robos violentos que mantiene en alerta tanto a los Mossos d’Esquadra como a varias policías locales de toda Cataluña. 

Aunque todavía es pronto para traducir esta tendencia en estadísticas consolidadas, la percepción entre los investigadores y agentes de a pie es clara. Las fuentes consultadas coinciden: cadeneros y relojeros están especialmente activos en los últimos días y buscan oro con más insistencia que la habitual. 

Evolución del precio del oro entre enero y marzo de 2026

Evolución del precio del oro entre enero y marzo de 2026 Inversoro.es

Los 'compro oro'

A este fenómeno se suma además el papel de los establecimientos de compraventa de oro, situados en el centro de la diana del plan Kanpai impulsado por los Mossos d’Esquadra contra la multirreincidencia.

No en vano, estos negocios suelen representar el último eslabón del robo de joyas y relojes de oro, ya que son los lugares donde se revenden muchas de las cadenas sustraídas.

Interior del establecimiento compro oro, donde una agente de la Policía Administrativa hace comprobaciones en el libro de registros

Interior del establecimiento "compro oro", donde una agente de la Policía Administrativa hace comprobaciones en el libro de registros Simón Sánchez L'Hospitalet de Llobregat

En los últimos macrodispositivos policiales se ha puesto el foco precisamente en este tipo de locales. Los agentes comprueban que las piezas registradas coincidan con las que se encuentran en el establecimiento, revisan los libros de registro obligatorios y verifican que los vendedores no estén vinculados a personas con antecedentes por delitos patrimoniales.

El delito de receptación

En muchos casos, sin embargo, las joyas ya han desaparecido. El grueso del material robado termina fundiéndose en poco tiempo, lo que hace que su rastro se pierda con rapidez.

Por eso los Mossos tratan de actuar con la máxima celeridad: una vez que el oro entra en un horno de fundición, cualquier marca o grabado desaparece y la identificación de la pieza resulta prácticamente imposible.

Mossos d'Esquadra durante un robo en L'Hospitalet de Llobregat

Mossos d'Esquadra durante un robo en L'Hospitalet de Llobregat Luis Miguel Añón

Desde el punto de vista penal, además, la situación no es sencilla. Para imputar un delito de receptación no basta con sospechas: es necesario demostrar que el comerciante sabía que el objeto que adquiría tenía un origen ilícito.

Eso sí, la falta de colaboración con la policía o las irregularidades en los registros pueden acarrear sanciones administrativas, multas importantes e incluso el cierre del negocio.

Se pierde el rastro

En paralelo, los investigadores han detectado otra tendencia creciente: las joyas robadas rara vez se venden ya como piezas completas. Durante 2026 se está extendiendo el uso de pequeños hornos portátiles de fundición por parte de bandas organizadas.

Hace apenas unas semanas, por ejemplo, la policía intervino uno de estos dispositivos en Viladecans (Barcelona). 

Con estos hornos, los delincuentes pueden fundir cadenas, anillos o pulseras en menos de una hora y convertirlos en pequeños lingotes caseros. El proceso elimina cualquier grabado, número de serie o marca identificativa que permita rastrear la pieza original.

El resultado es un material imposible de identificar, mucho más fácil de mover en el mercado ilegal, introducir en circuitos de compraventa opacos o incluso transportar a través de fronteras sin levantar sospechas.