Se abre el telón y aparecen un hombre y una mujer dando vueltas sobre una plataforma giratoria cubierta de purpurina iridiscente. Ella, arrodillada y solamente cubierta por un tanga rojo y la máscara de Dalí de los ladrones de 'La Casa de Papel', se destapa el rostro, baja la cremallera del mono del mismo color que él lleva puesto y, sin más dilación, le practica una felación. Él masca chicle con la mirada medio perdida, es la segunda vez que repiten este número en las últimas tres horas, y suena el himno antifascista italiano 'Bella Ciao' de fondo.
Son las dos de la madrugada recién tocadas y el show ocurre ante la mirada de un par de decenas de clientes sentados en butacas de terciopelo granate, bajo un techo recubierto de espejos. Desde la barra y entre esculturas neoclásicas de cartón piedra, observa Juani enfundada en un traje de chaqueta verde; su fundadora abre las puertas del Bagdad para Crónica Global en pleno Mobile World Congress.
Varios clientes a la entrada del Bagdad
En el escenario, el espectáculo continúa con penetración vaginal. En primera fila, un hombre asiático encorbatado mira con cara de póker mientras, con un movimiento discreto, se acomoda la americana por encima de las piernas. Al otro lado del hemiciclo, otro hombre, local, se masturba públicamente con menos vergüenza. Pese a la insistencia de los actores, en esta ocasión nadie se anima a subir para unirse a la función.
Público asiático
"El público del Mobile es menos participativo", comenta la propietaria de este local de "pornografía interactiva" en directo famoso en el mundo entero. "Los asiáticos --que representan el grueso de los asistentes al congreso-- tienen una educación especial, no están acostumbrados a algo así y, ya solo mirando, flipan", detalla.
Las butacas con mejor visión están ocupadas por pequeñas delegaciones incapaces de ocultar que vienen casi directamente de Fira Gran Via. Cada cierto rato, para en el cruce de la calle Nou de la Rambla y la avenida Paral·lel de Barcelona una furgoneta negra con ventanas tintadas en las que se reflejan las luces del letrero del Bagdad, y de ella bajan tres o cuatro hombres, empresarios del sector tecnológico con el propósito de desinhibirse.
Menos gasto
En una conversación con este medio, Juani reconoce que "antes" la llegada del MWC "subía mucho más la clientela" pero que, ahora, notan en mayor medida la presencia de otros congresos de relevancia internacional como el ISE, celebrado a principios de febrero.
La empresaria achaca este hecho, según le han comentado sus propios clientes, a que "muchas compañías les han recortado el tope de gasto de las tarjetas", e insinúa que, durante años, los delegados hacían auténticos despilfarros en ocio y fiesta de las cuentas de las firmas a las que representaban.
Carteles publicitarios antiguos en el interior del Bagdad
Sin embargo, asegura también que los días fuertes para su negocio son los últimos, cuando los asistentes a la convención tienen menos responsabilidades, así como el fin de semana posterior, con todos aquellos que se han quedado para conocer Barcelona. "Por la mañana, misa en la Sagrada Familia; por la tarde, partido en el Barça; y por la noche, show en el Bagdad", bromea la mujer sobre las tres experiencias religiosas que ningún turista puede perderse en la capital catalana.
Sexo con el público
Con motivo de la presencia de congresistas internacionales, la entrada del Bagdad cuesta esta noche 110 euros, 20 más de lo habitual. El precio incluye una bebida y la oportunidad de mantener relaciones sexuales sobre el escenario, durante los espectáculos.
Un escaparate de juguetes sexuales y un cajero automático en el interior del Bagdad
Insiste en que en su local no se practica la prostitución, sino la pornografía en vivo interactiva, aunque sí confiesa que las actrices cobran extras según el número de clientes que consiguen subir a la tarima --para practicar sexo con ellos--, y su capacidad de convencerlos para que compren más bebidas.
Dos bailarinas de striptease logran arrancar del asiento al primer voluntario de la noche, lo tumban boca arriba sobre la plataforma giratoria y, mientras trata de no volcar el contenido de un botellín de cerveza, una de ellas le saca el pene de los pantalones y se lo lame durante varios minutos. La otra se sigue desnudando y mantiene la coreografía prevista y ensayada a su alrededor.
El vestíbulo del Bagdad
Falsa intimidad
Cuando no están sobre el escenario, las actrices, pero no así los actores, deambulan por la sala en picardías o vestidos sexy a la caza de algún cliente que les compre una copa o botella para llevarse la comisión y al que arrastrar en su siguiente número.
Todos los ojos observan la actuación alumbrada por los potentes focos, pero la verdadera acción ocurre entre susurros en el patio de butacas, entre tragos de cualquier combinado y caladas a escondidas de un vaper mentolado. La iluminación tenue de la sala invita a creer en una falsa intimidad, por otra parte contradictoria con el exhibicionismo que se practica, y el cartel de "no photos" que cuelga de la entrada haría pensar a cualquiera que lo que ocurra entre las paredes recubiertas de azulejos andalusíes del Bagdad nunca las traspasará, y casi siempre es así.
