Congresistas del MWC de Barcelona

Congresistas del MWC de Barcelona EFE

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Jack Luoh, congresista taiwanés en el MWC: "Me preocupa el regreso por la guerra en Irán"

El congreso mundial de la telefonía móvil arranca en Barcelona bajo la sombra del conflicto en Oriente Medio y pone a prueba la resiliencia logística de un evento que congrega a más de 100.000 visitantes

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El Mobile World Congress (MWC) de 2026 abrió sus puertas ayer en el recinto Gran Via de la Fira de Barcelona para celebrar su 20ª edición, que se prolongará hasta el 5 de marzo.

Pero lo que prometía ser una semana dominada en exclusiva por el impacto de la inteligencia artificial y las nuevas infraestructuras de red se ha visto irremediablemente trastocado por la geopolítica.

Colapso aéreo global

El reciente ataque de Estados Unidos e Israel a Irán ha desencadenado una escalada de tensión que está teniendo un impacto inmediato en el tráfico aéreo internacional.

Hasta diez países de la región —entre ellos Baréin, Irán, Irak, Israel, Jordania, Catar y los Emiratos Árabes Unidos— han anunciado restricciones o cierres parciales de sus cielos, bloqueando las conexiones globales entre Europa, Asia y África.

Según datos de Flightradar, este lunes se han cancelado más de 3.400 vuelos con origen o destino en los siete principales aeropuertos de la zona, mientras que más de 19.000 operaciones han sufrido retrasos.

Miles de asistentes en el limbo

La magnitud de la interrupción ha inutilizado nodos de conexión vitales como Doha, Dubái y Abu Dabi —bases de Qatar Airways, Emirates y Etihad—, dejando a miles de pasajeros varados a mitad de camino. 

Aunque la GSMA y el president de la Generalitat, Salvador Illa, insisten en que las afectaciones son "muy limitadas" porque el grueso de participantes llegó antes del conflicto, fuentes del sector estiman que entre 5.000 y 10.000 congresistas no podrán llegar a Barcelona. Esas cifras equivalen a entre el 5% y el 10% de los visitantes de la última edición del MWC.

Uno de los salones del Mobile World Congress

Uno de los salones del Mobile World Congress GALA ESPÍN Barcelona

De los 20 vuelos programados ayer lunes hacia Oriente Medio desde el aeropuerto de El Prat, 16 han sido cancelados y ninguno ha llegado a despegar.

La suerte de anticiparse

A pesar de las alarmas, algunos de los asistentes que viajaban desde el continente asiático lograron sortear el bloqueo por una mera cuestión de horas.

Para las delegaciones provenientes de potencias tecnológicas como Taiwán o Corea del Sur, el viaje ha estado lleno de incertidumbre. "Nos enteramos de las noticias durante nuestro vuelo", relata uno de los congresistas originario de Corea del Sur a Crónica Global.

"Llegamos a hacer escala en Londres, y ahí recibimos la noticia, fue justo después de aterrizar, así que no tuvimos ningún problema", explica. 

El factor tiempo ha sido el gran salvavidas para muchos de estos profesionales. Quienes lograron adelantarse a la ofensiva militar o contaban con vuelos que evitaban la zona cero pudieron esquivar los grandes inconvenientes.

"Tuvimos suerte de tener un vuelo directo, por lo que no nos vimos afectados por el caos", explica un asistente taiwanés, aliviado.

Compañeros atrapados

Sin embargo, el alivio personal contrasta con la preocupación por el resto de sus equipos. "Parte de nuestros compañeros tuvieron que darse la vuelta y regresar a su país porque no podían aterrizar en Dubái", lamenta otro de los entrevistados asiáticos, ilustrando la gravedad de la situación. "Si llegamos a venir un día más tarde, nos habríamos quedado atrapados en Dubái".

Las consecuencias del conflicto ya se han dejado notar también en la agenda institucional. La vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Teresa Ribera, se ha visto obligada a cancelar su atención a los medios tras la convocatoria de urgencia de una reunión extraordinaria del Colegio de Comisarios para abordar precisamente el ataque a Irán.

El Prat, a examen

Esta repentina crisis aérea pone de relieve un problema estructural que Barcelona lleva tiempo debatiendo: su dependencia de los vuelos con escalas.

Cuando grandes nodos intercontinentales fallan, la fragilidad de este modelo queda expuesta, afectando directamente a mercados cruciales como el de Asia-Pacífico, que el año pasado movilizó a más de 1,6 millones de viajeros que tuvieron que hacer al menos una parada técnica para llegar a la ciudad.

El sector advierte que existe una "demanda no satisfecha", y subraya la necesidad de incrementar los vuelos directos de largo radio para blindar el turismo de negocios y congresos (MICE).

Para albergar estas naves a plena carga y pasar a una capacidad de 70 millones de pasajeros, el proyecto de ampliación de El Prat —que plantea alargar la tercera pista y crear una terminal satélite con una inversión de 3.200 millones— vuelve a perfilarse como un debate ineludible.

El regreso, bajo el radar

Mientras las administraciones evalúan los daños logísticos, los asistentes que ya pisan los pabellones de Gran Via miran de reojo sus billetes de vuelta. "Nuestros padres están preocupados, pero como regresamos a Taiwán haciendo escala en Singapur, debería estar bien", comenta uno de los congresistas asiáticos.

No obstante, confiesa que mantienen la cautela: "Debería ir bien si seguimos las mismas rutas, pero si la situación empeora, por supuesto que estaremos preocupados".