Publicada

El intercambio de criptomonedas entre particulares, conocido técnicamente como 'peer-to-peer' (P2P), nació en la pasada década como una herramienta de libertad financiera.

Eran los tiempos en los que el sector todavía no estaba regulado y los entusiastas tecnológicos buscaban alternativas al sistema bancario tradicional.

Lo que comenzó como un espacio de resistencia ha mutado, en pleno 2026, en el "agujero negro" preferido por las grandes organizaciones criminales.

Prisión provisional

Según ha podido saber Crónica Global, este sistema es el que permitió a la trama liderada por el narcotraficante Ignacio Torán y el exjefe de la UDEF, Óscar Sánchez Gil, mover cantidades ingentes de efectivo desde las calles de Barcelona hacia cuentas en Dubái, Panamá y Suiza.

La investigación judicial que mantiene en prisión provisional al inspector jefe Sánchez Gil ha marcado un punto de inflexión en la historia de la corrupción policial en España. El hallazgo de 20 millones de euros emparedados en su domicilio fue solo la punta del iceberg de una estructura criminal que introducía decenas de toneladas de cocaína por los puertos españoles.

Pero el reto para la organización no era solo meter la droga, también "limpiar" los beneficios. Para ello, diseñaron una maquinaria de blanqueo que aprovechaba el vacío legal de los intercambios físicos de activos digitales, convirtiendo a Barcelona en uno de sus nodos operativos más activos.

De la pantalla a la calle

Para entender cómo funciona este engranaje, es necesario descender al subsuelo digital de aplicaciones como Telegram. Uno de estos espacios es el grupo "CRYPTO P2P ESPAÑA", donde casi un millar de miembros operan diariamente al margen de cualquier supervisión estatal.

La entrada es alarmantemente sencilla: basta un enlace y nadie filtra quién accede. Una vez dentro, el tablón de anuncios es una procesión de ofertas de compra y venta de USDT, USDC o Bitcoin en ciudades como Madrid, Mallorca o Tenerife, pero con un foco recurrente en la capital catalana.

Capturas de pantalla de conversaciones de un grupo de compraventa P2P de criptomonedas y con un particular CG

Basta enviar un mensaje estándar en este ecosistema: "Compro USDT. Pago en efectivo. Lugar: Barcelona. Busco operativa seria". Las respuestas no se hacen esperar. En apenas dos minutos, un usuario contacta por mensaje privado preguntando por la cantidad necesaria. Tras proponer un intercambio en metálico, el interlocutor acepta de inmediato.

En menos de 24 horas, y sin haber aportado un solo documento de identidad ni pasar por los controles de blanqueo que exige cualquier entidad financiera, el encuentro para intercambiar dinero físico por activos digitales está cerrado. Rápido, humano y, sobre todo, anónimo.

La ceguera del intermediario

Uno de los aspectos más complejos de esta trama es la figura del intermediario. Es probable que muchas de estas personas, captadas en grupos de mensajería, no sean conscientes de que están colaborando con una trama criminal internacional.

Para ellos, simplemente se trata de un arbitraje de divisas o una forma de ganar una comisión rápida (que suele oscilar entre el 2% y el 5%) por hacer un favor de intercambio.

Recreación por IA del sistema de estafa con criptomonedas

Sin embargo, para la Policía Nacional, estas mulas son piezas clave de una técnica conocida como 'pitufeo digital' o smurfing. La organización de Sánchez Gil no realizaba grandes movimientos que hicieran saltar las alarmas de los departamentos de cumplimiento normativo de los bancos.

En su lugar, como ya adelantó este medio, fragmentaba millones de euros en miles de pequeñas transacciones realizadas por cientos de personas distintas. Los cuatro millones de euros trazados desde Cataluña se diluyeron en una marea de 73.000 movimientos (28.000 de entrada y 45.000 de salida).

Al ser montos menores, el sistema automático de vigilancia suele ignorarlos, permitiendo que el dinero "sucio" entre en el circuito digital de forma orgánica.

El reto de la trazabilidad

Los criminales se han modernizado a una velocidad que la regulación apenas alcanza a vislumbrar. Aunque hoy existen métodos totalmente regularizados y plataformas seguras para comprar criptomonedas, el intercambio 'face to face' (F2F) en efectivo sigue siendo el método menos trazable y, por tanto, el más codiciado.

Existen plataformas que facilitan estos intercambios de forma telemática y aseguran que ninguna de las partes sea estafada mediante sistemas de custodia de fondos, pero estas herramientas no pueden garantizar el origen lícito del dinero físico que se entrega en mano.

El sistema utilizado por la red de la UDEF estaba bien tapado. Una vez que la mula ingresaba el efectivo en el sistema y enviaba las criptomonedas a la organización, el dinero desaparecía de la jurisdicción española en segundos.

Desde la izquierda, los supuestos narcos Alejandro Salgado Vega, alias 'El Tigre'; e Ignacio Torán. Cedida

El destino final solían ser cuentas en Emiratos Árabes Unidos, donde estructuras financieras especializadas se encargaban de reintegrar los activos en el circuito económico legal.

El único error de la red fue el "embudo": el uso de una wallet recolectora central donde confluían miles de microtransacciones. Fue ese patrón irregular, detectado por herramientas de análisis de blockchain, lo que permitió a Asuntos Internos identificar el vínculo con el mando policial.

De la economía opaca a la violencia física

La falta de monitorización en estos espacios virtuales no solo es una puerta abierta al blanqueo; también es un reclamo para la violencia.

La experiencia en otros países europeos, como Francia, sirve de advertencia. Allí, "la capital mundial del 'criptosecuestro'" según medios franceses, los grupos de Telegram se utilizan por parte de redes criminales para reclutar a jóvenes que extorsionen a grandes inversores mediante violencia física y amenazas de muerte.

Noticias relacionadas