Marta Forné es una joven futbolista que ha dado a conocer su difícil camino para llegar a cumplir su sueño. Además, tiene una visión crítica del proceso convencional que hay en España en el fútbol femenino para poder ser futbolista profesional.
“El Espanyol me descartó con 17 años y con 23 firmé en Primera RFEF con una carrera y un máster bajo el brazo”, así comienza Marta en un vídeo en su perfil de Instagram. Tajante y decidida para dar a conocer cómo las mujeres tienen miles de dificultades para ser futbolistas.
“Cuando me echaron del español pensé que mi sueño se había acabado”. Para ella, el rechazo del club catalán fue el motor que la llevó a tomar la decisión, probablemente, más importante de su vida.
Concretamente, trasladarse a Estados Unidos en busca de nuevas oportunidades. No fue una decisión fácil: “Me fui a Estados Unidos con 18 años en pleno COVID y con miedo de que mis padres no pudieran pagarlo”, asegura Forné.
A pesar de la incertidumbre inicial, se lanzó a una aventura que le permitiría combinar la máxima exigencia deportiva con su formación académica de alto nivel. Su rápida adaptación le llevó a obtener becas y ayudas que “cubrieron los más de 100.000 euros que cuesta una carrera y máster” en Estados Unidos.
Esta oportunidad le brindó una estabilidad económica y académica que difícilmente hubiera encontrado siguiendo el camino convencional en España, donde muchas compañeras deben combinar el fútbol con su vida personal como pueden.
Una preparación de élite
Durante cinco años, Marta se entrenó bajo una estructura profesional, contando con fisioterapeuta diario, preparador físico y videoanálisis, disputando más de 80 partidos oficiales. El sistema estadounidense le ofreció una exposición superior a la que tenía en su país de origen, con cada estadística registrada y cada partido grabado.
A pesar de la dureza de los entrenadores y la presión de compaginar trabajos y exámenes, su capacidad de adaptación y su nivel futbolístico crecieron exponencialmente.
Finalmente, tras completar su etapa formativa y dominar el inglés, Marta regresó a España a los 23 años para firmar un contrato en Primera Federación. Volvió con una carrera y un máster bajo el brazo, sintiéndose finalmente la jugadora que necesitaba ser.
Estados Unidos le otorgó el tiempo y las herramientas que le fueron negados en su adolescencia, demostrando que un rechazo a los 17 años no es el fin, sino el comienzo de un camino hacia el éxito profesional y académico.
“El Espanyol me descartó porque no era lo suficientemente buena a los 17 y Estados Unidos me dio 5 años para convertirme en quien necesitaba ser”, concluye la joven.
