Los pisos turísticos se han convertido en el gran reclamo para atraer visitantes de todo el mundo. Cataluña es una de las zonas que más ofertas tiene al respecto y eso empieza a ser un problema.
Son muchos los ayuntamientos que han empezado a limitar las licencias y es que el mercado se ha ido de madre. Los alquileres regulares pierden terreno frente a los de temporada y los nativos se ven obligados a abandonar su lugar de residencia ante la imposibilidad de vivir donde han nacido.
Las cifras son de escándalo. En Cataluña ya hay casi una cama turística por cada diez habitantes, una proporción que ilustra hasta qué punto el turismo condiciona el territorio.
Los datos los ofreció el pasado verano el Registro de Turismo de Cataluña: la comunidad autónoma suma 776.176 plazas entre hoteles, campings, viviendas de uso turístico, alojamientos rurales y apartamentos turísticos.
Distribución irregular
Lo peor de todo es que esta cifra se distribuye de forma muy desigual. Se dispara especialmente la presión en zonas de costa y en pequeños municipios del Pirineo, donde la oferta para visitantes llega a superar con creces a la población residente.
Aunque Barcelona sigue siendo el gran epicentro del alojamiento turístico, con 91.901 plazas registradas y un claro predominio de los hoteles, el fenómeno que más preocupa hoy se encuentra lejos de la capital.
Montañas
En los pueblos de montaña y en algunas áreas rurales, la balanza se ha inclinado de tal manera hacia el visitante que hay más camas para turistas que vecinos empadronados.
Esta realidad plantea dudas sobre la sostenibilidad del modelo, la accesibilidad a la vivienda para el vecindario y el futuro de estas comunidades.
Imagen de la Vall de Boí, en Lleida
En el Pirineo, las comarcas del Pallars Sobirà y la Alta Ribagorça se han convertido en símbolos de esta paradoja. Una situación que el Sindicat d’Habitatge del Pallars califica de “esperpéntica”.
Municipios como la Vall de Boí o Espot cuentan con el doble de plazas turísticas que habitantes, un desequilibrio que altera la vida diaria de los residentes.
Dónde hay más
En la Vall de Boí, por ejemplo, solo alrededor de una cuarta parte de los más de 2.000 hogares se destinan a primera residencia, mientras que dos tercios son segundas residencias.
El resultado es un paisaje de pueblos llenos en temporada alta pero con persianas bajadas buena parte del año. Obviamente, su alcaldesa, Sònia Bruguera, ya ha anunciado la intención de dar un giro a este modelo.
Pisos turísticos
El objetivo es reducir drásticamente los más de 400 alojamientos turísticos de aquí a 2028 y fomentar el alquiler estable. Pero la situación está complicada.
Esta situación ya es casi una tendencia en la zona. El caso de Naut Aran, en la Val d’Aran, es igualmente ilustrativo.
Con menos de 2.000 habitantes, el municipio acumula más de 1.300 licencias de pisos turísticos. La presión es tan intensa que el alcalde, Cèsar Ruiz, valora positivamente la nueva regulación que limita el número de pisos turísticos a un máximo de 10 por cada 100 habitantes.
Y es que el ayuntamiento hace tiempo que siente la presión turística. El municipio ya prohibió hace un año el estacionamiento de autocaravanas en todo el término municipal.
Más de 90 pueblos
Aunque en el Pirineo adopta formas muy extremas por el reducido tamaño de muchos municipios, el desequilibrio entre plazas turísticas y población no se limita solo a esta zona.
Los datos del Govern indican que en toda Cataluña hay 90 localidades en las que el número de plazas para visitantes supera al de residentes.
Espot
Los pueblos más colapsados
Entre ellas figuran otros pueblos pirenaicos como Espot, Vilamòs o Prullans, sí, pero también localidades de costa muy orientadas al turismo como Pals, Santa Susanna o el Port de la Selva.
Tampoco se salvan los núcleos de interior como Saldes y Borredà, en el Berguedà, o Àger y Alòs de Balaguer, en Ponent.
Desequilibrio regional
La foto global es muy clara: el fenómeno es transversal. Comarcas litorales como el Maresme, el Garraf, el Baix Llobregat o el Baix Ebre acumulan decenas de miles de plazas turísticas y varios municipios donde la oferta supera a la población, como l’Ametlla de Mar o Arnes.
En la Cataluña Central destaca el caso de Castellar del Riu (Berguedà), que registra 1.130 camas turísticas para solo 163 habitantes, una proporción que convierte cada fin de semana o periodo vacacional en una auténtica invasión relativa de visitantes.
En contraste, en el Penedès no hay de momento ningún municipio donde las plazas turísticas superen a los residentes, pese al peso significativo de destinos como Sitges o el Vendrell. Un contraste más que obvio.
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