El cartel de “fuera de servicio” cuelga este martes de la puerta del lavabo de la Granja Maria de Anglès, pero sus clientes ya lo sabían; en realidad no funciona ninguno en todo el pueblo, ni, desde el domingo a mediodía, nada que necesite agua.
El hundimiento de una calle reventó una tubería del municipio y dejó a sus casi 6.000 vecinos sin agua. Más de 48 horas después, algunos empiezan a perder la paciencia en un paisaje de negocios cerrados, viajes en coche para encontrar una ducha, estanterías de agua vacías en los supermercados y un trajín de garrafas que van y vuelven de la cisterna.
Por segundo día consecutivo, el Ayuntamiento de Anglès ha anunciado la previsión de que se recupere el abastecimiento durante la tarde. Aunque el agua no sería potable --no se puede beber, ni cocinar cocinar con ella--, por el momento, su consumo sí estaría indicado para limpieza y aseo. Sin embargo, los vecinos se muestran escépticos y el consistorio no se atreve a hacer promesas.
“Cada vez es más duro”
“He tenido que subir diez céntimos el precio del café para compensar el gasto de agua embotellada”, explica Manel, propietario del Maria, a Crónica Global, para definir la situación en la que su negocio se encuentra. Ha hecho un “apaño” para conectar la máquina de café a una garrafa y así cocina también, pero dice que no quiere “ni pensar” en lo que está consumiendo para fregar vasos y platos.
Varios operarios trabajan para reponer la tubería derrumbada en Anglès
En la misma situación se encuentra Laki, cocinero en el restaurante El Canyo, que subraya la sensación de incertidumbre, más allá de los intentos por adaptarse a la situación.
Son dos de los pocos bares, restaurantes o cafeterías que resisten abiertos en el tercer día de corte de suministro de agua; la mayoría han ido bajando la persiana hasta que puedan volver a funcionar con normalidad. “El primer día se aguantó bien, pero es cada vez más duro”, lamenta Manel.
Sin agua potable
Las fuentes públicas en plazas y parques funcionan, aunque el Ayuntamiento se ha encargado de señalizar que su agua no se puede beber. Para ello ha habilitado un punto de abastecimiento a las afueras del pueblo, donde un trabajador de atención ciudadana rellena las garrafas que los vecinos acercan hasta la cisterna.
Las colas son largas. A mediodía, Gerard ha esperado más de media hora para poder rellenar dos bidones de 25 litros: “He venido ahora porque es el momento menos concurrido, sino es imposible”.
Cisterna para el abastecimiento de agua potable
Los más mayores de Anglès reclaman que no pueden desplazarse hasta ese punto y cargar hasta su vivienda con el agua por su propio pie, por lo que no son pocas las personas que han reclamado que el remolque con la cisterna pueda circular por algunas calles del pueblo, una iniciativa que Miquel, el responsable de atención ciudadana, ve “complicado”.
Sin embargo, sí plantea que, “si esto se alarga varios días más, habrá que organizarse como en el covid, y que voluntarios jóvenes les acerquen el agua a casa a los más mayores”. Lo comenta en previsión de que, cuando el agua vuelva a llegar a las viviendas, todavía no se podrá beber de ella durante varias jornadas.
Negocios cerrados
No son pocos los negocios cerrados en el segundo día laborable sin agua corriente. Varias peluquerías han tenido que cancelar todas las citas, al no poder lavar el pelo a sus clientas, y el hostal Can Massot no acepta huéspedes hasta que estos puedan hacer un uso normal de las instalaciones.
En la carnicería Bon Tall, Marta lamenta que, el miércoles, no podrá abrir si no se restablece el agua corriente durante la tarde del martes: “No salen los números, si tenemos que seguir comprando garrafas para poder limpiar y mantener las condiciones de higiene”.
Cartel de agua no potable en una fuente pública de Anglès
Algunos de sus productos estrella, como los garbanzos cocidos, no están disponibles este martes, pues requieren de mucha agua, aunque sí ha hecho judías, pues su elaboración pide menos cantidad. “Quería ayudar a la gente del pueblo de alguna manera, así se las pueden llevar ya hervidas y no dependen de que salga una gota del grifo”, sonríe.
Estanterías vacías
Ante las largas colas que se han formado alrededor de la cisterna de abastecimiento facilitada por el consistorio, la mayoría de vecinos --particulares y negocios-- han optado por comprar agua embotellada y han barrido las existencias de todas las tiendas de la localidad.
Estantería de aguas vacía en el supermercado Clarel
Las estanterías de agua del supermercado de Pilar, una franquicia de Clarel ubicada en el centro de Anglès, están completamente vacías. El lunes tuvo que ir a otros establecimientos de la misma cadena, que le cedieron parte de su stock para satisfacer las necesidades de sus vecinos, pero estos se lo llevaron todo de nuevo en cuestión de minutos.
En superficies de venta más grandes, los camiones han descargado miles de botellas y garrafas de agua en la mañana de este martes, y el miércoles lo harán de nuevo.
Agua de manantial
Una solución menos habitual es la que ha encontrado Paco, uno de los jubilados que lleva dos días vigilando las obras de reparación del deslizamiento de tierra que se llevó la tubería por delante. “Yo, como se ha hecho toda la vida, subí al monte y bajé del manantial de Osort con más de cien litros en garrafas y botellas para toda la familia”, asegura.
Se muestra tranquilo ante el nerviosismo predominante de sus conciudadanos, cree que “esto irá para días”, pero confía en que “la naturaleza nunca falla”.
Dos días sin ducha
La higiene personal preocupa a los vecinos, que se espabilan como pueden para lavarse. Gerard es de los que ha tenido más suerte, pues hasta la noche del lunes, “debía quedar un remanente de agua en las tuberías” de su vivienda y, aunque “la presión no daba para ducharse”, ha podido asearse.
Sin embargo, el caso paradigmático es el de Laura, residente en Anglès. Explica a este medio que, tanto ella, como su pareja y sus hijos, pudieron ducharse el lunes en casa de su suegra, que vive en Girona, a cuarenta minutos en coche: “Entre una cosa y otra, llegamos a las diez de la noche, no podemos hacer esto cada día con dos niños pequeños”.
Conforme pasan las horas, “todo el mundo empieza a cabrearse”, apunta Manel desde la barra de su bar. “Agua podemos beber de botella, pero ducharse así es imposible, y entre eso y la incertidumbre, veo a los vecinos nerviosos, aunque sabemos que nadie puede hacer mucho por solucionar esto más rápido”, señala.
