Cataluña le ha cogido gusto a esto de la independencia. Si bien el referéndum del 1 de octubre fue ilegal, en 2025 Gósol celebró una consulta para decidir si quería independizarse de Lleida y pasar a formar parte de Barcelona. Y este 2026 arranca con un nuevo proceso independentista.
De nuevo afecta a Barcelona, esta vez a su periferia más inmediata. Sus responsables no han apostado por la vía del referéndum, pero parece que ya han tomado una decisión: Bellaterra quiere abandonar Cerdanyola del Vallès y pasar a formar parte de Sant Cugat.
Precedentes
La historia viene de lejos. Bellaterra no es un pueblo ni un barrio, tampoco una urbanización. A nivel administrativo es una Entidad Municipal Descentralizada (EMD), eso sí, perteneciente a Cerdanyola del Vallès. Al menos, hasta ahora.
Vista aérea de Bellaterra
Una vez más, y no es la primera, Bellaterra quiere que se la reconozca como parte de Sant Cugat, uno de los municipios con mayor renta de Cataluña. Aunque la razón no es esa.
Pragmatismo
A diferencia de otros movimientos similares, la reivindicación de Bellaterra se apoya en argumentos prácticos más que identitarios. Claro que, como ocurrió con el movimiento independentista, el factor económico también juega un papel importante.
Bellaterra es una de las zonas con mayor renta per cápita del Vallès Occidental. Según los últimos datos, la renta media anual por habitante es de 25.799 euros, lo que la acerca más a Sant Cugat que a Cerdanyola.
Si Sant Cugat tiene una renta media per cápita de 23.337 euros, Cerdanyola se queda en los 13.953 euros, por debajo de la media de Cataluña, situada en 16.546 euros.
Decisión tomada
Los cerca de 3.000 vecinos de Bellaterra van más lejos. Consideran que la aportación fiscal que realizan no se traduce en inversiones acordes dentro de Cerdanyola, unas razones similares a las que alegan los secesionistas catalanes.
Cerdanyola del Vallès
Por su parte, el consistorio cerdanyolense advierte de que una eventual segregación supondría una pérdida relevante de ingresos y afectaría al equilibrio presupuestario del municipio. A los vecinos de Bellaterra, sin embargo, esto no les preocupa.
La localidad ha celebrado varias consultas vecinales desde 2015 y el resultado en todas ellas ha sido claro: existe una mayoría favorable a la segregación.
Apuesta firme
En 2015, la apuesta por el cambio fue aplastante: un 91% de los votantes se decantó por formar parte de Sant Cugat. Cuatro años después, con una mayor participación, el apoyo descendió al 60%, pero la opción volvió a imponerse.
Carlos Cordón, alcalde de Cerdanyola y vicepresidente de Movilidad del AMB
Cansados de votar y de no ser atendidos, en marzo de 2025 un 61% de los vecinos de Bellaterra firmaron una iniciativa ciudadana reclamando al Ayuntamiento de Cerdanyola que los dejara marchar: quieren ser de Sant Cugat.
Al no ser escuchadas sus demandas, el pasado 7 de enero de 2026, tras Reyes, la Junta de Vecinos aprobó formalmente iniciar el procedimiento y presentó la petición al Ayuntamiento de Cerdanyola.
Burocracia y procesos
El proceso exige informes técnicos, económicos y urbanísticos, además de la valoración de las consecuencias para los municipios implicados. Cerdanyola ya ha empezado a recopilar toda la documentación necesaria.
Una vez elaborados los informes, la decisión pasará a la Generalitat, a la que se trasladará el expediente, previsiblemente antes del verano. El Govern tendrá la última palabra y determinará si se cumplen los requisitos legales para modificar el término municipal.
Las partes
Cerdanyola ya ha expresado su oposición a la segregación, mientras que Sant Cugat observa el procedimiento con cautela, consciente de que una eventual incorporación de Bellaterra tendría implicaciones en materia de planificación urbana, servicios y financiación.
Los vecinos, en cambio, lo tienen claro. Los impulsores de la propuesta sostienen que el núcleo mantiene una relación funcional mucho más estrecha con Sant Cugat que con Cerdanyola.
La movilidad diaria, los servicios utilizados y la vida social y comercial apuntan, según defienden, hacia el municipio vecino. Desde los Ferrocarrils de la Generalitat hasta los accesos viarios, pasando por la continuidad urbana, todo refuerza esa percepción de pertenencia.
La pregunta ahora es si Bellaterra acabará convirtiéndose en una Entidad Municipal Descentralizada dentro de Sant Cugat.
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