Un camino de curvas cerradas se adentra en el corazón de un macizo de roca grisácea y vegetación baja, un paisaje casi lunar que parece alejar al visitante de cualquier rastro de civilización urbana. En medio de esta soledad geológica, surge una construcción que desafía la lógica del entorno. Se trata de una mansión señorial, opulenta y cargada de detalles arquitectónicos propios de la burguesía más acomodada del siglo XIX, levantada en un lugar donde el silencio es la única banda sonora constante.
Sin embargo, tras las rejas de hierro forjado y las fachadas de estilo ecléctico, no habitan herederos de antiguas fortunas industriales ni terratenientes. El visitante que cruza el umbral se encuentra con túnicas granates, el aroma a incienso y símbolos de una cultura que dista miles de kilómetros de este valle mediterráneo. Las antiguas estancias de lujo sirven ahora como refugio para una comunidad dedicada a la meditación y el desapego material.
Fusión inesperada
Este enclave singular es el Palau Novella, situado en el corazón del Parc del Garraf, dentro del término municipal de Olivella. Desde 1996, el edificio alberga el Monasterio Sakya Tashi Ling, el primero de tradición budista declarado en Cataluña. Lo que hace única a esta ubicación es el diálogo visual entre dos mundos antagónicos: la arquitectura modernista catalana y la iconografía sagrada del Tíbet.
Palau Novella
En el patio central, donde antaño paraban los carruajes de caballos, se alza hoy una estupa de la salud, un monumento espiritual blanco y dorado que contrasta con la piedra de la fachada. Los monjes han adaptado el espacio sin borrar su historia. Las vidrieras coloridas y las molduras florales de los salones nobles conviven con estatuas de Buda y thangkas, las pinturas tradicionales sobre tela, en un ejercicio de sincretismo que fascina a arquitectos y buscadores espirituales por igual.
Gloria efímera
La historia del edificio es un relato de ambición y caída. Fue un encargo de Pere Domènech i Grau, un indiano que regresó de Cuba con una inmensa fortuna y el deseo de plasmar su éxito en una finca agrícola de lujo. Inaugurado en 1890, el palacio fue diseñado para impresionar, con bodega propia y las mejores tecnologías de la época. Sin embargo, la alegría duró poco en la Plana Novella.
El Palau Novella en el Garraf
Apenas tres años después de finalizar las obras, la plaga de la filoxera arrasó los viñedos de la zona y hundió la economía local. La inversión millonaria se convirtió en una ruina insostenible. En 1896, el palacio salió a subasta pública y marcó el fin del sueño de su promotor. El edificio pasó por diversas manos y sufrió décadas de abandono hasta que la comunidad budista lo adquirió hace casi treinta años para salvarlo de la decadencia.
Paz tangible
Hoy, el recinto funciona como un centro de divulgación y práctica espiritual abierto al público. La visita guiada permite recorrer el interior de la mansión y un museo de arte tibetano, además de entender cómo la comunidad rehabilitó el espacio. Muchos visitantes acuden también para disfrutar de su comedor, donde se sirve comida vegetariana sencilla y los tradicionales momos, unas empanadillas al vapor típicas del Himalaya.
La experiencia trasciende lo arquitectónico. El aislamiento geográfico del macizo del Garraf, con su orografía kárstica llena de simas y cuevas, actúa como un amplificador del silencio. El Palau Novella representa una de las ironías más bellas del patrimonio catalán: un edificio construido para la ostentación y la vanidad que, por los azares del destino, acabó convertido en una escuela de humildad y riqueza interior.
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