Los aluniceros que sembraron el pánico en Montcada i Reixac (Barcelona) no cayeron solo por una investigación policial meticulosa. Dos errores aparentemente menores fueron decisivos para cerrar el caso: una tarjeta del CatSalut y unas zapatillas.
Uno de los ahora detenidos cometió ambos fallos el mismo día en que realizó las tareas de vigilancia previa en la segunda farmacia asaltada del municipio.
Un error humano que, unido al análisis posterior de las imágenes de las cámaras de seguridad, resultó clave para que los Mossos d’Esquadra lograran identificar a la célula criminal, vincularla a otros asaltos y reconstruir su actividad delictiva.
Vigilancia a plena luz del día
Horas antes del segundo alunizaje, la tarde del jueves 13 de noviembre, el sospechoso entró en la farmacia como un cliente más. Sin embargo, su actitud no pasó desapercibida para las farmacéuticas.
Según relatan, su comportamiento resultó inmediatamente sospechoso. “Tenía una actitud rara, como si quisiera robarnos”, recuerdan.
El individuo se paseó por el establecimiento sin prisa, observó detenidamente la caja registradora, midió distancias y permaneció más tiempo del habitual en el interior del local.
No cometió ningún acto ilegal, pero sí suficientes gestos fuera de lo común como para activar la alerta de las trabajadoras, que sin saberlo estaban siendo objeto de una vigilancia previa.
Imagen del alunizaje en una farmacia de Montcada i Reixac
Antes de marcharse, pidió un medicamento para aliviar el dolor muscular.
Fue entonces cuando cometió el primero de los errores que acabarían delatándolo: mostró su tarjeta sanitaria del CatSalut, convencido de que aquel gesto cotidiano jamás podría relacionarlo con un robo que, en ese momento, aún no se había producido.
La pista inesperada
Esa misma noche, la farmacia fue asaltada mediante el método del alunizaje. Un vehículo empotrado contra la persiana metálica, una entrada relámpago, la caja arrancada y una huida en cuestión de minutos.
Tras el asalto, los Mossos analizaron las imágenes de las cámaras de seguridad, tanto del interior como del exterior del establecimiento.
Ahí se percataron del segundo error: el autor del alunizaje vestía exactamente las mismas zapatillas que el cliente sospechoso que había acudido por la tarde.
Para el sargento de la División de Investigación Criminal de la Región Metropolitana Norte, instructor del caso, no se trató de una coincidencia menor.
Según explica, ese detalle constituyó un indicio sólido que permitía conectar de forma directa la vigilancia previa con la ejecución del robo y situar al mismo individuo dos veces en el mismo escenario.
Las conexiones
En paralelo, el análisis minucioso de las grabaciones permitió a los Mossos confirmar que se trataba de la misma célula criminal que había atacado la primera farmacia de Montcada apenas nueve días antes.
El patrón de movimientos, la metodología empleada, los tiempos de ejecución y el uso de vehículos robados coincidían plenamente.
Con el procedimiento ya judicializado y bajo investigación, la banda aún cometió un tercer asalto, en este caso a un restaurante de Sant Cugat del Vallès, lo que terminó de reforzar el conjunto de indicios que acabarían conduciendo a la desarticulación del grupo.
Las detenciones
Así fue como el pasado 12 de enero, los Mossos d’Esquadra activaron el dispositivo final para desmantelar la banda.
La operación se saldó con la detención de dos hombres y una mujer, de entre 22 y 37 años, como presuntos autores de al menos tres robos con fuerza, cuatro sustracciones de vehículos y un delito de pertenencia a grupo criminal.
Los detenidos acumulan una cincuentena de antecedentes, la mayoría relacionados con delitos contra el patrimonio, lo que refuerza el perfil de una banda reincidente, organizada y especializada en delincuencia itinerante: "Era su modus vivendi”, concluye el sargento responsable de la investigación.
