La Asociación Española de Consumidores ha puesto sobre la mesa un debate incómodo para el Ministerio de Sanidad. Más de 3.500 personas han respondido a una encuesta en la que se les preguntaba por la nueva regulación sobre el tabaco, un texto legislativo que genera inquietud y controversia. El sondeo muestra un dato clave: el 91% de los usuarios de productos alternativos volvería al cigarrillo convencional si se prohíben opciones como el tabaco calentado o los cigarrillos electrónicos.
Los hábitos de consumo también reflejan un mosaico complejo. El 31% de los encuestados fuma tabaco tradicional; un 14% recurre al tabaco calentado; un 7% consume productos con nicotina sin tabaco, como vapers o bolsas de nicotina; y un 48% declara no usar ningún producto. En cuanto al nivel de riesgo, un 61% señala al cigarrillo como el más dañino, mientras que un 33% considera que los productos sin combustión, aunque no inocuos, son “mucho menos perjudiciales”.
“Prohibir no funciona”, dicen los consumidores
Prohibir no funciona. Así lo cree el 77% de los encuestados, que rechaza las políticas restrictivas como vía para acabar con el tabaquismo. Solo un 19% confía en que las prohibiciones tengan éxito. De hecho, un 71% confiesa que volvería al cigarrillo tradicional si se restringieran los productos alternativos, y un 20% lo ve probable. La paradoja es clara: la ley podría acabar reforzando al tabaco convencional.
La falta de información sobre los productos alternativos es otro punto débil. Un 46% de los consumidores exige más datos sobre su impacto real en la salud. El 28% cree que estas alternativas pueden ayudar a reducir el consumo de cigarrillos, y un 35% estaría dispuesto a intentarlo con más información fiable. Para muchos, el problema no está en el producto, sino en el desconocimiento.
Terrazas, espacios abiertos y libertad
El rechazo también se extiende a la prohibición de fumar en terrazas y espacios al aire libre. Apenas un 18% ve con buenos ojos esta medida. En cambio, un 29% defiende la libertad total en exteriores, y un 16% pide que al menos se permitan los productos alternativos. Un 35% apoyaría restricciones solo en entornos sensibles como escuelas, hospitales o instalaciones deportivas. La mayoría, sin embargo, califica de “desproporcionada” la idea de vetar el tabaco en terrazas.
Otro temor señalado es el aumento del contrabando: el 67% cree que las políticas prohibicionistas dispararán la venta ilegal de tabaco y nicotina. Además, un 47% alerta del riesgo de confusión si se aplica la misma regulación a productos muy distintos entre sí, lo que, según afirman, podría desorientar al consumidor.
Críticas directas a la ley de Sanidad
Desde la Asociación Española de Consumidores la crítica es contundente: consideran el anteproyecto de ley “ineficaz, innecesario y desproporcionado”. Argumentan que no reducirá el número de fumadores y que, por el contrario, empujará a muchos a retomar el cigarrillo tradicional. Recuerdan además que, según estudios internacionales, los nuevos productos pueden reducir hasta en un 95% los riesgos frente al tabaco de combustión, aunque no están exentos de efectos nocivos.
Otro punto polémico es la sanción prevista para los padres cuyos hijos menores consuman tabaco o nicotina. La asociación la considera una medida “difícilmente aplicable”, que ignora la raíz del problema: la venta irregular en comercios no controlados o directamente ilegales. Piden, en su lugar, reforzar la inspección y sancionar a los canales de distribución que se saltan la normativa.
Más información, menos prohibiciones
Finalmente, la organización subraya la necesidad de intensificar las campañas informativas. A su juicio, solo con educación y concienciación se logrará reducir el consumo, como ya ocurrió con quienes abandonaron el cigarrillo gracias a la evidencia sobre sus efectos nocivos.
En esa transición, muchos dieron un paso intermedio hacia productos sin combustión, como el cigarrillo electrónico o el tabaco calentado, considerados por expertos como opciones menos perjudiciales para la salud.
