La nueva realidad de la enseñanza, caracterizada por los grupos burbuja y la supuesta supresión del contacto físico entre los alumnos, ha llegado para quedarse, al menos hasta que las farmacéuticas den con la cura del Covid-19. En las etapas educativas más avanzadas los estudiantes tienen la capacidad de asumir la situación, comprenderla y actuar en consecuencia. Los más afectados, en cambio, son los niños de 3 a 5 años, que es la etapa en la que empiezan a desarrollar su personalidad y cuando más necesitan interactuar con sus semejantes, aprender a compartir y a actuar en comunidad.

Los protocolos distribuidos por el Ministerio de Sanidad y las consejerías separan a los niños en grupos de convivencia estable. Estos pueden interactuar entre ellos, sin mantener la distancia de seguridad de forma muy estricta. Pero en ningún caso deben compartir espacio, objetos, ni siquiera el aire libre con los alumnos de otros cursos o clases.

 

 

Cómo preparar a los niños para la vida tras el COVID-19 / EL MUNDO DE MOZART

Nada de tocarse con los compañeros ni con los profesores

En el colegio CEIP Ses Rotes Velles funcionan de forma que los alumnos “salen en grupos alternos”, e incluso entre los miembros de estas clases “se intenta evitar al máximo el contacto físico”, asegura Joana Maria Mas Cuenca, directora del centro. En el caso de los niños más pequeños, resulta “muy difícil” hacerles entender que es mejor no tocar a sus compañeros. Las situaciones más duras se vivieron a principio de curso, dado que muchos niños de P3 suelen llorar al alejarse de los padres por primera vez. “Fue muy difícil no poder darles un abrazo”; tampoco les podían dedicar una sonrisa para reconfortarlos “porque, con la mascarilla, no te ven la cara” y “solo te queda consolarlos con palabras”.

Maestra en la vuelta al cole con unos niños en una guardería privada, que están al límite por la gratuidad del P2 / EFE

Esta situación va más allá desde el momento en el que “los niños pequeños se autorregulan” y han aprendido que “todo lo que implica compartir está prohibido”. Los niños “están muy contenidos”, asegura Sole Caballero, integradora social en un centro educativo de Nou Barris. “Todos los valores cooperativos se han perdido”, ahora se fomenta el individualismo: “Tu lápiz, tu bata, tu silla”. Todo el trabajo en valores, de ayudar a los demás, de compartir y cooperar “se ha ido al traste”. En consecuencia, “se está volviendo a la educación de hace 40 años”.

La importancia del amor

Para Pablo, psicólogo infantil en Taktikum, lo más importante, a pesar de que no haya conductas para potenciar la generosidad, es que existan estructuras que apelen al amor. “Si lo que mueve al niño durante esta situación es el amor, cuando todo pase, este amor se materializará en otros valores como la generosidad y el compañerismo”. Otro elemento destacado es que al infante se le está enseñando a vivir con miedo, “miedo que puede asociar a las relaciones con sus amigos, al estar en clase, o a salir al patio”.

Control de la temperatura de los niños en las escuelas catalanas

En este sentido, según él, es necesario incentivar a los padres a que hablen de la situación con sus hijos desde el amor. “Hay que intentar evitar que el niño tenga miedo a contagiarse”. Lo más importante es “que el pequeño sea responsable, pero con base en el amor y en la seguridad de su entorno, nunca a partir de un sentimiento negativo.”

Acostumbrados a no ver la cara

La nueva educación en tiempos de pandemia ha dado lugar a situaciones que dan cuenta de la crudeza de la realidad. Hasta los 6 años, los alumnos no están obligados a llevar mascarilla, pero sí los maestros. En alguna ocasión, el profesor se quita el cubrebocas “para que los pequeños le vean la cara completa por un momento, para generar proximidad”, asegura Sole, y cuando lo hace “algunos lloran” porque “han aprendido a conocer a personas nuevas con la boca tapada”. 

Niños y profesores en la vuelta al cole tras la pandemia del coronavirus / EP

Para aprender a hablar, durante los primeros años los niños funcionan principalmente por imitación. En tiempos de normalidad, los maestros de infantil acostumbran a hablar vocalizando mucho y fuerte, para que los alumnos los entiendan, pero también para que aprendan cómo colocar la boca para generar los sonidos. Los niños están en una etapa del desarrollo del lenguaje en la que, “sin ver la boca del profesor, tienen que imitar los sonidos que oyen”, afirma Sole.

Efectos en el desarrollo del lenguaje

Los efectos en el desarrollo lingüístico se acentúan más en el caso de familias vulnerables, con un perfil socioeconómico que se ha visto seriamente afectado por la pandemia. Se trata de núcleos que, en muchos casos, no tienen “ni para comer al día siguiente” y por esta razón “estimular cognitivamente a su hijo no es una prioridad”. En el caso de familias con un perfil más acomodado “los padres tienen una estabilidad que les permite estimular al niño en casa, hacerle repetir palabras, por ejemplo, y compensar las debilidades actuales del sistema”.

Una profesora da clases online a niños / FREEPIK

Aún es pronto para ver cómo afectará esta etapa de su vida a los niños más pequeños, pero “tendrá consecuencias muy claras, que se verán en unos años”, afirma Anna Claret, psicóloga infantil y juvenil. Esta situación se hará especialmente evidente en el hecho de que “habrá valores que ya no se podrán inculcar como debería, porque el momento adecuado es en infantil”. Si un niño, afirma, “no aprende a compartir y a esperar su turno para ir al baño cuando es pequeño, ya no lo asumirá de la misma forma”. La brecha entre niños provenientes de familias con recursos, y aquellos de familias vulnerables, también será muy clara. “Los niños con padres que les puedan dedicar tiempo, o que puedan pagar a gente que complemente su formación reglada, marcarán distancia con el resto”. Sin embargo, la consecuencia más preocupante es que en el futuro “tendremos jóvenes muy vulnerables emocionalmente, y con claras dificultades para expresar sus emociones”.

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