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El pueblo más bonito para recorrer a pie este otoño y conocer un casco histórico de casas blancas protegido como Bien de Interés Cultural

Para llegar por carretera hay que superar un trazado de curvas que atraviesa las montañas antes de descender hacia el mar

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Hay pueblos que parecen sacados de una postal y Cataluña tiene uno icónico. Casas blancas, calles empedradas y pequeños rincones que han conservado su aspecto durante siglos.

Muchos ya lo conocerán, es Cadaqués, uno de los municipios más conocidos de la Costa Brava, en el Alt Empordà (Girona).

Este antiguo pueblo de pescadores, que no llega a los 3.000 habitantes, es conocido por su relación con Salvador Dalí, pero también con la jet set catalana e internacional, que pasa allí sus vacaciones.

Todo ello forma parte de su atractivo, pero tiene mucho más. Sin ir más lejos, el núcleo antiguo de Cadaqués fue declarado Bien Cultural de Interés Nacional (BCIN) en 1995, en la categoría de Conjunto Histórico.

La imagen del pueblo

Claro que este es uno de tantos reconocimientos. Anteriormente, en 1972, ya había recibido el reconocimiento de paraje pintoresco y se podrían mencionar muchos otros.

Claro que, con esas casitas blancas, que contrastan con el gris de la pizarra utilizada en muchas de sus calles, como no premiar este lugar,

El casco antiguo

Estas forman un entramado irregular que asciende desde el mar hasta la parte más elevada del pueblo y recuerdan su pasado medieval, aunque queda poco de eso.

El casco antiguo estuvo rodeado por una muralla, pero apenas se conserva uno de sus portales. Eso sí, desde allí se puede subir por la calle del Call hasta la iglesia de Santa María de Cadaqués, situada sobre una colina.

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Desde sus alrededores se obtiene una panorámica de la bahía, con la silueta de es Cucurucuc y el faro de Cala Nans al fondo.

Y es que su ubicación es inmejorable. El municipio está rodeado por las montañas del Cap de Creus y separado del interior por un relieve accidentado.

Una llegada particular

Eso tiene sus contras. Para llegar por carretera hay que superar un trazado de curvas que atraviesa las montañas antes de descender hacia el mar.

La otra opción no apta para todos los bolsillos, claro, es acceder mediante embarcaciones.

Cuándo ir

Durante el verano, la llegada de visitantes transforma la actividad del municipio. En otoño, en cambio, las calles recuperan parte de su tranquilidad habitual, especialmente entre semana.

Es entonces cuando recorrer a pie el casco antiguo permite detenerse en sus fachadas, pequeños pasajes y rincones que recuerdan el pasado marinero de la localidad.

Más allá de las casas blancas, el entorno natural también ha contribuido a la fama de Cadaqués.

Cadaqués está en un golfo formado por el Cap de Creus, un trozo de tierra ganado al mar, con unos acantilados espectaculares y rocas con formas caprichosas que inspiraron a Dalí.

El paisaje que inspiró a Dalí

El genio surrealista encontró en una roca de la cala de Culleró la gran inspiración para El gran masturbador, uno de sus cuadros más reconocidos. Aunque no ha sido el único que ha visto otras formas en este rincón.

Hay algunos acantilados o islotes de la zona con nombres como “el camello”, “el águila” o “la tortuga”, por su parecido a estos animales.

El triángulo cultural de Cadaqués

Y con tanta gente inspirada y rincones evocadores, el arte se acumula en el lugar. Aquí hay cerca de una veintena de galerías y hasta tres museos, cada cual más interesante.

Uno de ellos es el Museo Municipal de Cadaqués, un espacio público dedicado a preservar la memoria histórica y artística de la villa. Aquí hay recuerdos de Dalí, pero también de otros famosos que pasaron por el municipio, como Richard Hamilton o Marcel Duchamp.

También está el Espai Cap de Creus, el más alejado del núcleo urbano, situado en el faro del cabo. Aquí hay más conocimiento natural que artístico, pero no por ello resulta menos interesante.

El museo Dalí

Y, por último, el más conocido: la Casa-Museo de Salvador Dalí de Portlligat, un pequeño núcleo poblacional de Cadaqués que da nombre a la cala donde se encuentra este antiguo taller del pintor.

Esta fue la única residencia estable del artista ampurdanés. Aquí vivió y trabajó desde 1930 hasta la muerte de Gala en 1982.

Un espacio único

La casa fue concebida desde el principio como una obra de arte. Basta con ver esa estructura laberíntica creada a partir de una serie de barracas de pescadores que el genio surrealista fue uniendo y modificando.

Visitarla permite entrar en el universo más íntimo de Dalí, acceder a sus talleres y a su biblioteca y descubrir algunos de los objetos extravagantes que decoraban su vida diaria.

Luego están las playas. La costa de Cadaqués ofrece una gran variedad de calas, desde la principal, con sus cantos rodados, hasta las más pequeñas y escondidas.

Entre las zonas de baño destacan Ses Ielles, Sant Lluís, Portlligat, Jonquet o Portdoguer, además de calas más aisladas como Culip, Portaló, Seca o Francalós, muy apreciadas por senderistas y navegantes.

Gastronomía variada

Y, por último, un atractivo con el que Santorini no puede competir con Cadaqués: la mesa. Publicaciones internacionales como National Geographic han señalado a este municipio como uno de los lugares donde mejor se come en España.

Aquí hay desde alta cocina hasta chiringuitos de gran nivel. Uno de ellos es el Marítim, un establecimiento abierto en 1935 que fue el epicentro de la gauche divine y refugio de personajes como Gabriel García Márquez, Umberto Eco o Kirk Douglas.

Estrellas Michelin

Por otro lado, los chefs Oriol Castro, Eduard Xatruch y Mateu Casañas (del triestrellado Disfrutar) han abierto allí Compartir, un restaurante que ofrece cocina de proximidad centrada en el producto fresco y el concepto de platos al centro.

Aunque, para una experiencia más desenfadada, locales como el chiringuito Blue en la playa de Ses Oliveres o la tradicional Casa Anita ofrecen desde arroces con bogavante hasta las clásicas anchoas de L’Escala, siempre con el mar como telón de fondo.