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Gabriel Rufián ya está de campaña para volver a ser candidato de ERC para el Congreso de los Diputados en Madrid.

La capital le queda lejos de casa, pero el catalán ya se mueve como pez en el agua en el centro de España. Eso no quita que, cada tanto, vuelva a su pueblo natal, aunque ahora ya de pueblo tiene poco.

Santa Coloma de Gramenet fue un asentamiento íbero y un pequeño pueblo de la periferia de Barcelona. Hoy es toda una ciudad, marcada por la inmigración y el crecimiento del área metropolitana.

Aquí pasó Rufián su infancia. Creció como uno más entre las calles de este municipio del Barcelonès hasta que se convirtió en todo un referente político.

Los datos del lugar

Muchos son los que critican este municipio, que a menudo se ha relacionado con la delincuencia. Pero aquí hay desde restaurantes con estrella Michelin hasta políticos referentes de la izquierda y mucha historia por conocer.

Sin ir más lejos, en su término municipal hay un poblado íbero con más de 2.500 años de historia, una torre medieval que alcanza los 19 metros y un parque fluvial de 70 hectáreas junto al río Besòs.

A estos espacios se suman grandes zonas verdes, edificios históricos y plazas donde sigue desarrollándose buena parte de la vida cotidiana y que sirven de pulmones a un área metropolitana demasiado contaminada.

La ciudad de la infancia de Gabriel Rufián

El Rufián niño se crio en uno de los barrios más conocidos de la ciudad, Fondo, símbolo de la transformación social de Santa Coloma durante el siglo XX.

La llegada de familias procedentes de distintos puntos de España contribuyó al crecimiento de la localidad y configuró una identidad urbana vinculada al movimiento obrero y a la diversidad cultural.

Convivencia en el barrio

Esa mezcla sigue presente en las calles comerciales, los bares y los mercados de la ciudad, y Rufián muchas veces lo pone como ejemplo de una Cataluña que fue y es tierra de acogida.

Una muestra de ello se observa en las plazas y en los distintos barrios de la ciudad. Una oferta de establecimientos que combina los bares de tapas tradicionales con negocios y restaurantes de diferentes procedencias son puntos de encuentro de los vecinos.

Un poblado ibérico de más de 2.500 años

Si uno quiere historia, basta con subir hacia la sierra de Marina, acercarse al río Besòs o recorrer el centro histórico.

En la cima del cerro del Pollo se encuentra el poblado ibérico del Puig Castellar, uno de los principales enclaves arqueológicos de Santa Coloma de Gramenet.

Situado a 303 metros de altura, ocupa una superficie ligeramente superior a los 4.000 metros cuadrados y estuvo habitado desde el siglo VI antes de Cristo hasta comienzos del siglo II antes de Cristo.

El asentamiento pertenecía a los layetanos, el pueblo ibérico que habitaba buena parte del territorio comprendido entre los ríos Llobregat y Tordera.

Lugar clave

Su posición elevada permitía controlar la línea de costa, la desembocadura del Besòs, la llanura de Barcelona y las vías de comunicación hacia el interior.

Las excavaciones han permitido conocer cómo se organizaba este poblado, con viviendas adaptadas a las pendientes del terreno y dispuestas en terrazas.

Economía del lugar

La agricultura era su principal actividad económica, aunque sus habitantes también practicaban la ganadería, la caza y la pesca.

Estas actividades fueron el eje económico de Santa Coloma durante mucho tiempo, pero la expansión de Barcelona y la industrialización cambiaron la fisonomía del lugar.

Antes de que eso pasara, el municipio fue un lugar estratégico para la defensa de Barcino. La Torre Balldovina, cuyos orígenes se remontan al siglo XI, es solo una prueba.

Esta construcción, de 19 metros de alto, nació como una torre de vigilancia y defensa, aunque con el paso del tiempo experimentó diversas transformaciones hasta adquirir funciones residenciales.

Una torre medieval con diferentes usos

A pesar de las restauraciones sufridas y del cambio de usos, Balldovina conserva todavía las huellas de sus distintas épocas y cambios.

La antigua torre fortificada pasó a ser una masía, con nuevas dependencias vinculadas a la actividad agrícola y, desde 1949, fue declarada Bien Cultural de Interés Nacional.

Camino al río

En la actualidad, el edificio alberga el Museo Torre Balldovina, donde se realizan diferentes exposiciones. En ellas se puede hacer un recorrido por la historia del territorio y conocer los cambios que experimentó Santa Coloma.

Desde aquí y desde su jardín exterior se puede bajar a otro de los puntos geográficos que definen a Santa Coloma: el río Besòs.

El cauce, que en su día era usado para regar las cosechas, pasó a quedar casi inutilizable con la industrialización. Durante décadas sufrió una grave contaminación que afectó a los pocos campos que quedaban y a la imagen de la ciudad.

Tras diversas modificaciones y actuaciones, hoy, en cambio, el río se ha convertido en un corredor verde utilizado por vecinos y visitantes para caminar, correr o desplazarse en bicicleta.

Un parque fluvial de 70 hectáreas

La ribera del Besòs se ha convertido en la actualidad en todo un parque fluvial de unas 70 hectáreas a su paso por Santa Coloma, que cuenta con un recorrido de 12 kilómetros.

La ampliación del parque hasta el mar se inauguró en 2004, y el espacio, muy apreciado por los vecinos, conecta distintos municipios del entorno metropolitano a través de un itinerario sin tráfico de vehículos.

Otros espacios de Santa Coloma

Luego se podrían citar espacios como el parque de Can Zam, otro de los principales puntos de encuentro al aire libre de Santa Coloma, con grandes zonas arboladas, extensiones de césped y un lago artificial.

También está la plaza de la Vila, donde se concentra parte de la actividad institucional y cotidiana del municipio, con las calles comerciales y terrazas a su alrededor. Aquí ha crecido Rufián. Aquí pasó su infancia y juventud y aquí vuelve siempre que puede. ¿Se le verá en campaña?

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