Hay pueblos que se entienden mejor caminando. Incluso los pueblos de los Pirineos. Ni una pendiente puede con la belleza de estos lugares. Castellar de n'Hug es un claro ejemplo.
Sus calles empedradas, las casas de piedra y las pendientes del casco antiguo permiten recorrer buena parte del municipio a pie antes de continuar por los caminos que salen hacia la montaña.
La localidad está en el entorno del Parque Natural del Cadí-Moixeró, en la provincia de Barcelona, a unos 1.400 metros de altitud.
Tiene menos de 200 habitantes y conserva buena parte de la arquitectura tradicional de la alta montaña, con edificios de piedra, portones de madera y tejados inclinados.
La iglesia
El recorrido por el núcleo lleva hasta la iglesia de Santa Maria de n'Hug, uno de los edificios más representativos del pueblo.
El templo conserva buena parte de su estructura románica y su campanario, visible por encima de los tejados.
Museo y castillo
Muy cerca se encuentra el antiguo lavadero y también el Museo del Pastor, dedicado a una actividad que durante siglos estuvo estrechamente ligada a la economía de la localidad.
En la parte alta todavía quedan restos del antiguo castillo, integrados actualmente en una vivienda.
Un pueblo marcado por la historia
Castellar de n'Hug aparece documentado desde el año 839. El núcleo creció alrededor de la iglesia y estuvo protegido por un castillo del que actualmente quedan pocos vestigios.
Su historia también está relacionada con la ganadería y con la explotación industrial de la zona.
El toque Gaudí
A finales del siglo XIX y principios del XX, la actividad ganadera tuvo un peso importante, mientras que la llegada de Eusebi Güell a la cercana Pobla de Lillet cambió parte de la vida económica del entorno.
Fue entonces cuando apareció otro nombre propio en la historia del pueblo: Antoni Gaudí.
La fábrica de cemento
El arquitecto visitó la zona vinculada a la fábrica de cemento Asland y acabó proyectando un refugio de montaña destinado a trabajadores de la empresa.
El edificio todavía forma parte del patrimonio de Castellar de n'Hug. Se suma a las antiguas casas de pastores y a las iglesias de Sant Vicenç de Rus y Sant Joan de Cornudell, que permiten seguir las huellas de distintas épocas en un territorio de montaña.
El pueblo también sirve como punto de partida para una de las visitas más conocidas del entorno: las Fonts del Llobregat.
El camino hasta el nacimiento del río es corto y permite salir del casco urbano sin necesidad de realizar una ruta de montaña de gran dificultad.
Un paseo hasta el nacimiento del Llobregat
El sendero desciende hasta el punto donde el agua aparece entre las paredes de roca. En el tramo final hay una escalera de piedra que conduce hasta las fuentes, donde el agua cae entre la vegetación formando varios saltos.
El recorrido se puede completar con una visita al mirador dels Balços, situado junto al Museo del Pastor.
El parque
Desde allí se abre una panorámica de la sierra y del entorno del Parque Natural del Cadí-Moixeró.
La combinación permite recorrer primero las calles del pueblo y después continuar a pie hacia uno de los espacios naturales más conocidos de la zona.
Después del paseo llega uno de los elementos más particulares de la visita. En Castellar de n'Hug se elabora un croissant que pesa un kilo.
La pieza se prepara en Ca la Quima, un establecimiento del municipio que ha convertido este producto en uno de sus reclamos más conocidos.
Un croissant de un kilo
Por sus dimensiones, está pensado para compartir o para llevar, y se ha convertido en una de las imágenes gastronómicas asociadas a Castellar de n'Hug.
La gastronomía local va más allá del dulce. En los restaurantes del pueblo aparecen productos vinculados a la cocina de montaña, como carnes de caza, setas, truchas y otros platos tradicionales.
Un concurso especial
El paisaje también está relacionado con una actividad que todavía forma parte de la identidad local.
El Museo del Pastor conserva herramientas y testimonios de este oficio y Castellar de n'Hug celebra cada año un Concurso Internacional de Perros de Pastor.
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