Un río que atraviesa Ribes de Freser

Un río que atraviesa Ribes de Freser

Viajes

El pueblo de montaña ideal para recorrer a pie y que parece sacado de un cuento: 1.000 habitantes, tres ríos y cumbres de 2.900 metros

El pueblo está marcado por el agua, sus beneficios y la extracción de minerales

Otras noticias: Venden una aldea por 2,2 millones: 138 hectáreas, varias masías del siglo XVII, piscina y una iglesia

Leer en Castellano
Publicada

Noticias relacionadas

Hay pueblos de montaña que sirven como punto de partida para descubrir un territorio mucho más amplio. Este es uno de ellos. Tiene menos de 2.000 habitantes, está atravesado por tres ríos y se encuentra rodeado por algunas de las cumbres más altas del Pirineo oriental. Es Ribes de Freser, en el Ripollès.

El núcleo se encuentra a unos 912 metros de altitud y nació junto al antiguo castillo de Sant Pere y la iglesia de Santa Maria. Su ubicación, en la confluencia del Freser, el Rigard y el Segadell, ha marcado la forma del pueblo y también buena parte de su historia.

El agua ha determinado la historia de este lugar, precisamente por la presencia de estos tres ríos que atraviesan las calles del municipio. Los tres cursos confluyen en el entorno de la localidad y han condicionado tanto el crecimiento urbano como algunas de las actividades económicas desarrolladas durante siglos.

El Freser es el principal de estos ríos. El Rigard llega desde el oeste y el Segadell desde el sur, hasta encontrarse en el valle. La relación con el agua también es económica.

Ríos y montañas

En 1903 comenzó en Ribes la producción de energía hidroeléctrica aprovechando las aguas de los ríos Freser y Núria, un famoso valle cercano. Ahora, aquí se embotella agua mineral.

Más allá del agua, está la naturaleza verde. Ribes de Freser se encuentra en una zona de transición entre el valle y la alta montaña, con numerosos caminos que permiten salir a pie hacia cotas superiores.

Picos de hasta 2.900 metros

El entorno forma parte del Parque Natural de les Capçaleres del Ter i del Freser, que protege una extensa área del Pirineo oriental. Las rutas permiten adentrarse progresivamente en un paisaje mucho más montañoso que el que se encuentra dentro del propio núcleo.

Entre las grandes cumbres de la zona destaca el Puigmal, de 2.909 metros. También sobresalen el Bastiments, con 2.881, y el Noufonts, de 2.861 metros. Claro que, si hay una montaña que marca, es el valle de Núria, al que solo se puede acceder desde Ribes, donde se coge el cremallera que llega hasta allí.

Calles de Ribes de Freser

Calles de Ribes de Freser

La estación de Ribes Vila conserva vagones históricos utilizados en el recorrido hacia Núria, entre ellos un antiguo coche salón decorado con materiales nobles.

Desde allí también parten itinerarios a pie. El Camino de los Orígenes conecta Núria con Ribes de Freser en una etapa de 14,5 kilómetros que desciende desde el valle hasta el municipio.

El Granòfir

Otro de los elementos más reconocibles del paisaje urbano es el Granòfir de Ribes, una formación rocosa de origen volcánico que sobresale sobre la población. Sus tonos rojizos y sus formas irregulares hacen que sea fácilmente visible desde diferentes puntos del valle.

Sobre una pequeña elevación se encuentran los restos del castillo de Sant Pere, relacionado con los orígenes medievales de la localidad. De la fortificación se conservan elementos de diferentes épocas.

La iglesia y la guerra

El castillo no es el único testimonio histórico del núcleo. La iglesia de Santa Maria conserva tres ábsides de la construcción románica original.

Es lo único que queda de aquella época. El templo actual se realizó entre 1940 y 1945 y fue proyectado por el arquitecto Josep Danés. El problema, una vez más, fue la Guerra Civil. Durante este periodo, la antigua iglesia quedó prácticamente destruida.

Pero entre agua, montañas y arquitectura está el pasado económico y no se puede hablar de Ribes sin hacer mención a la minería. De las montañas que rodean el municipio se han extraído durante años materiales como hierro, níquel y cobre.

A partir del siglo XIX, todo cambió. La industrialización transformó la economía local. Aparecieron centrales hidroeléctricas, instalaciones vinculadas a la producción de papel y actividades relacionadas con el sector textil.

Las fuentes

El agua, que ya había condicionado el asentamiento, se convirtió entonces en uno de los principales recursos para estas nuevas industrias.

La abundancia de fuentes y surgencias favoreció la aparición de establecimientos relacionados con las propiedades del agua de la zona y con el turismo de salud. El pueblo atrajo numerosos turistas.

Rutas a pie

Pero que el entorno del Pirineo no haga creer que es un pueblo de altura. Es bastante plano y se puede recorrer a pie sin necesidad de alejarse demasiado del núcleo urbano.

Hay itinerarios que siguen los cursos de agua y otros que ganan altura hacia las montañas de la Vall de Ribes. Uno de ellos permite recorrer el entorno de las antiguas centrales hidroeléctricas entre Ribes de Freser y Fustanyà. El itinerario tiene unos 4,5 kilómetros y muestra cómo el agua ha formado parte tanto del paisaje como de la historia económica de la localidad.