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Hay pueblos que desaparecen poco a poco hasta que solo quedan sus casas, una iglesia y las huellas de quienes vivieron allí.

Algunos sobreviven a duras penas, con algunos pocos vecinos. Otros directamente languidecen y se dejan perder. Son fantasmas del territorio.

Algunos tratan de resucitar como pueden. Cada tanto sale algún núcleo urbano que invita a ir a vivir gratis a cambio del mantenimiento de alguno de sus espacios. Y luego están los que salen a la venta.

Es el caso de Esblada, un pequeño núcleo del municipio de Querol, en el Alt Camp (Tarragona), que aparece en un portal especializado en la venta de aldeas.

Cuánto cuesta

El anuncio indica que la población fantasma cuenta con 14 edificaciones y 82 hectáreas de terreno y fija un precio de 280.000 euros más honorarios.

Se describe como una finca de unos 1.900 metros cuadrados construidos y se advierte de de que la mayor parte de las construcciones se encuentran en estado ruinoso y necesitan una rehabilitación completa.

Pros y contras

El conjunto se divide en dos grandes zonas. Por un lado está el antiguo núcleo de población, formado por las citadas 14 construcciones. Por otro, una extensión de terreno cubierta mayoritariamente por bosque.

El anuncio indica además que la finca dispone de electricidad y que no genera actualmente ingresos por cultivos o explotación.

También se señala que una parte está incorporada a un coto de caza y que podría destinarse a actividades ganaderas si se quisiera.

El propio anuncio contempla la posibilidad de rehabilitar o reconstruir las antiguas viviendas para determinados usos, entre ellos vivienda rural, turismo rural, restauración, actividades hoteleras, educación en el ocio o usos vinculados al ámbito agrario.

Casas en ruinas

Por tanto, a pesar de estar semi en ruinas, posibilidades parece que tiene. Hay que estar dispuesto a pagar el precio por el que se vende.

Esblada pertenece al término municipal de Querol y se encuentra en una zona montañosa del Alt Camp.

Iglesia en pie

El núcleo está hoy prácticamente despoblado y las antiguas viviendas han quedado reducidas a construcciones en diferentes grados de ruina.

El conjunto conserva, sin embargo, uno de sus elementos más importantes: la iglesia de Sant Jaume d'Esblada.

El templo tiene origen románico y aparece documentado como una construcción del siglo XII. Cuenta con una sola nave, un ábside semicircular y un campanario de planta cuadrada.

Uno de los detalles más visibles es el reloj de sol situado sobre la puerta de entrada. La fecha de 1914 que aparece en él se relaciona con una de las restauraciones realizadas en el edificio.

Del templo al pueblo

La iglesia nunca tuvo consideración de parroquia y dependió tradicionalmente de la de Querol.

Su presencia explica también la estructura del antiguo núcleo, que se desarrolló alrededor de este pequeño templo. A pesar de todo, Esblada sigue en ruinas.

Segunda ocasión

Han habido intentos de recuperarla, obviamente ue puesto de nuevo en el mercado en 2014. Entre las causas de la pérdida de población estuvieron el cierre de una fábrica de insecticidas y la industrialización de la producción de carbón vegetal.

Aquel año, el pueblo volvió a aparecer en los medios por su venta. En 2014 salió a la venta por primera vez por 280.000 euros.

El anuncio despertó el interés de compradores extranjeros y de posibles inversores, aunque el coste de reconstruir las casas suponía un obstáculo añadido.

Poco después hubo un primer intento de recuperar Esblada. Un grupo de familias comenzó a trabajar en un proyecto para comprar el núcleo y convertirlo en una comunidad estable.

El proyecto para volver a darle vida

Todo parecía ir como ruedas. En 2016, la iniciativa tomó forma con la creación de la Cooperativa Esbladenca.

El grupo estaba integrado por 11 adultos y seis niños y pretendía instalarse en el antiguo pueblo para reconstruir las viviendas y desarrollar allí una comunidad basada en criterios de sostenibilidad.

Primeras aproximaciones

La operación llegó a contar con un preacuerdo de compra. El proyecto contemplaba que las propias familias participaran en la reconstrucción de las casas, con ayuda de arquitectos y voluntarios, y apostaba por técnicas de bioconstrucción y materiales como la madera y la paja.

También se planteaba alcanzar una cierta autosuficiencia energética mediante energías renovables y desarrollar un proyecto educativo propio basado en la pedagogía libre.

Para entonces, las familias llevaban varios años trabajando en la iniciativa y dos de ellos negociando con la entidad propietaria. Pero la operación no llegó a completarse. La venta que nunca llegó a cerrarse

El precio

El problema apareció justo antes de formalizar la compra. Según explicó la propia cooperativa, la entidad propietaria modificó las condiciones y exigió que los compradores asumieran el IVA de la operación.

El cambio alteraba las cuentas del proyecto. La cooperativa tenía previsto destinar unos 250.000 euros a la adquisición y calculaba además una inversión aproximada de 30.000 euros por vivienda para iniciar la reconstrucción.

Abandono y resurrección

Las seis familias implicadas decidieron finalmente abandonar la operación y disolver la cooperativa. El intento de recuperar Esblada quedó así paralizado después de años de negociaciones.

El anuncio que actualmente permanece publicado recupera aquellas mismas dimensiones y vuelve a fijar un precio de 280.000 euros. ¿Correrá mejor suerte ahora?

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