Dormir en un castillo medieval es una experiencia que se ofrece en algunos lugares de España. Sin embargo, pocos pueden decir que viven, directamente, dentro de una fortaleza de la Edad Media.
En realidad, solo pueden hacerlo 18 personas, los 18 vecinos que desde hace décadas viven en Montfalcó Murallat, uno de los núcleos más singulares del país.
Aquí la vida es la típica del siglo XXI. Tal vez no hay cine, pero, por lo demás, viven con todas las comodidades. Solo que lo hacen dentro de las murallas milenarias de una fortificación de la Segarra (Lleida).
Este núcleo urbano, perteneciente a Les Oluges, hace tiempo que despierta la curiosidad de las publicaciones de viajes. La misma National Geographic le dedicó un artículo, pero no es para menos.
Origen del castillo
En esta villa de origen medieval habitan 18 personas dentro de un recinto fortificado cuyo origen se sitúa en el siglo XI y que, como dictaban las leyes de la defensa, se erige sobre una colina desde donde se domina el valle del río Sió.
Fue en plena Reconquista cuando Montfalcó Murallat empezó a aparecer nombrado en los documentos de la época.
Patrimonio reconocido
Los cristianos empezaron a erigir las murallas de defensa de una fortaleza hoy declarada Bien Cultural de Interés Nacional, una categoría que obtiene gracias a mantener intactas las murallas que protegían a la población.
Lo curioso es que, si normalmente estas poblaciones crecieron extramuros, aquí no hay ninguna edificación más allá de las murallas. Se vive dentro del antiguo recinto fortificado.
Por suerte, no hay que pedir permiso a ningún noble para poder entrar, pero sí se accede por un enorme portal. En realidad, esta es la única puerta situada en el lado sur, formada por una doble puerta de arcos adovelados.
Al cruzar este umbral, los visitantes quedan aún más fascinados. Las calles porticadas que aún se conservan en Montfalcó Murallat parecen casi intactas.
Solo 15 viviendas
En ellas se encuentran las únicas quince casas, robustas y adosadas, que, utilizando la propia muralla como pared trasera, aún se mantienen en pie y dan cobijo a 18 habitantes.
Algunos de ellos se reúnen en la única plaza del lugar. Su peculiaridad es que en medio hay una cisterna que aún hoy almacena agua para la población.
Un horno especial
Dos calles principales emergen de esta plaza: una lleva a la iglesia, mientras que la otra recorre el interior de la muralla.
En esta última, en el sector de poniente, se encuentra el antiguo horno comunal, un vestigio donde se elaboraba el pan bajo una bóveda protectora.
En cuanto a la iglesia, es otro de los tesoros de la villa y está dedicada a Sant Pere. El templo aprovechó una torre circular de defensa, pero ha sufrido muchos cambios.
De origen románico, ya entre los siglos XVII y XVIII la construcción empezó a experimentar una significativa transformación de estilo gótico con la construcción de la torre del campanario.
La iglesia
De aquellos tiempos, la iglesia aún conserva el ábside y la puerta de entrada del primitivo templo románico, mientras que el resto ha sido adaptado al estilo renacentista.
Hoy, la iglesia de Sant Pere de Montfalcó concentra una amalgama de estilos arquitectónicos diversos, pero eso también forma parte de su encanto.
La leyenda del pueblo
Pero, más allá de su arquitectura y de estar construido dentro de un castillo, el pueblo está rodeado de leyendas que aún le dan un halo más misterioso.
Uno de los mitos populares narra que Montfalcó resistió numerosos asaltos gracias al coraje de sus habitantes, que, cuando sus enemigos quisieron matarlos de hambre, no pudieron vencerlos.
Los asaltantes lanzaron un mensaje atado a una barra de pan, burlándose de su situación, pero los vecinos no se rindieron. Respondieron enviando un pescado fresco, demostrando que tenían acceso a recursos.
¿Un milagro? No. Según la leyenda, esto se debía a una mina secreta que conectaba Montfalcó con Les Oluges, permitiendo el suministro de alimentos.
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