José María Sanz Beltrán, conocido artísticamente como Loquillo, es catalán. Lo ha dicho siempre, lo defiende a mucha honra. Le pese a quien le pese.
Aun así, hace años que el cantante ha encontrado su refugio lejos de Cataluña. Se fue durante la época del procés y no ha vuelto.
El catalán vive feliz en Laguardia, una pequeña villa histórica de la Rioja Alavesa de 1.500 habitantes que conserva un casco histórico de origen medieval protegido por una muralla.
Sus calles estrechas y empedradas, cerradas al tráfico rodado en buena parte del recinto, mantienen una configuración muy diferente a la de los grandes centros urbanos.
Dónde está
Laguardia se encuentra, además, en un entorno marcado por los viñedos, pero también por la historia.
Levantada sobre un cerro, su nombre ya indica que esta localidad nació estrechamente ligada a su función defensiva.
Villa amurallada
La villa conserva buena parte de las murallas que rodeaban el antiguo núcleo y que todavía marcan la estructura del casco histórico.
Dentro del recinto, las viviendas tradicionales se suceden a lo largo de calles estrechas y empedradas.
Entre ellas aparecen casas solariegas y antiguos palacetes, muchos de ellos reconocibles por sus fachadas de piedra y los escudos de armas, y otras adaptadas al paso del tiempo sin perder los elementos característicos de la arquitectura tradicional.
Pero no solo quedan esas viviendas. También hay edificios monumentales y de gran importancia, como la iglesia de Santa María de los Reyes.
La iglesia
El templo comenzó a construirse a finales del siglo XII y su construcción se prolongó durante varios siglos.
Su principal elemento artístico es el pórtico de Santa María de los Reyes, una pieza gótica realizada a finales del siglo XIV que mantiene buena parte de la policromía que recibió posteriormente, durante el siglo XVII.
Patrimonio del lugar
Las esculturas y los colores que todavía se conservan convierten este pórtico en una de las piezas más destacadas del patrimonio de Laguardia.
Pero una parte fundamental de la historia de Laguardia no está a la vista, y eso la hace aún más interesante.
El subsuelo del casco histórico está atravesado por los denominados calados, antiguas cuevas excavadas bajo las viviendas que durante siglos se han utilizado para elaborar, guardar y envejecer vino.
Estas galerías forman una auténtica red subterránea bajo las calles y las casas de la villa. Su existencia está directamente relacionada con la tradición vitivinícola de la Rioja Alavesa.
El vino, protagonista
Los calados permitían mantener unas condiciones adecuadas de temperatura y humedad para conservar el vino, aprovechando las características del terreno y la profundidad de las excavaciones.
Y es que la actividad vinícola sigue siendo uno de los elementos que definen Laguardia y su entorno.
El paisaje
Los viñedos que rodean la villa forman parte del paisaje cotidiano y cambian de aspecto a lo largo del año, desde los tonos verdes del verano hasta los colores rojizos y dorados del otoño.
La agricultura y, especialmente, la producción de vino han marcado durante generaciones la economía y la identidad de esta zona de Álava.
También la gastronomía está vinculada a esta tradición. Las calles y plazas del casco histórico concentran restaurantes, bares y tabernas donde el vino de la comarca comparte protagonismo con la cocina tradicional.
El refugio de Loquillo
Esto es fundamental para un rockero de pura cepa como es Loquillo, acostumbrado durante décadas a los escenarios de todo tipo, también en sus inicios, con sus actuaciones en tabernas y otros garitos musicales.
Por eso Laguardia es su refugio. Está alejado de su tierra natal, pero en un espacio que comparte similitudes con Cataluña, como son la tradición vinícola y un pasado medieval. Tal vez eso también le hace sentirse en casa.
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