El refugio de Jordi Hurtado CRÓNICA GLOBAL
El refugio de Jordi Hurtado: más de 600 metros cuadrados, piscina, una extensa biblioteca y vistas a Collserola
La vivienda, a poco más de 15 minutos de Barcelona cuenta además con jardín y un porche orientado hacia la sierra catalana
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Es uno de los personajes más queridos de la televisión española. Apenas tiene detractores y encaja las bromas sobre su longevidad como pocos. Jordi Hurtado lleva más de 40 años dedicado a la televisión y presenta Saber y Ganar desde 1997.
A sus 69 años, el presentador ha reducido su presencia en la edición de fin de semana del concurso. Y tiene un lugar al que retirarse cuando termina su jornada: su casa de Molins de Rei, donde vive desde hace más de dos décadas.
Hurtado adquirió la vivienda en 2003. Se encuentra en una finca de algo más de 600 metros cuadrados y la construcción ocupa unos 472 metros cuadrados distribuidos en dos plantas.
La fachada blanca y los grandes ventanales le dan una apariencia de inspiración ibicenca. La vivienda cuenta además con jardín, piscina privada y un porche orientado hacia la sierra de Collserola.
Cómo es la casa de Jordi Hurtado
Del interior se conocen pocos detalles, ya que el presentador mantiene su vida privada alejada de los focos. Durante el confinamiento, sin embargo, una grabación para RTVE permitió ver parte de la vivienda, con cuadros y láminas, un mueble lacado en negro y una lámpara auxiliar.
Entre las estancias que han trascendido aparecen una biblioteca con estanterías hechas a medida y un estudio insonorizado que Hurtado ha utilizado para preparar contenidos televisivos.
Dónde está
Pero bueno, este no es el único atractivo de este particular refugio que se ha montado. La ubicación también explica buena parte del atractivo de la casa.
Molins de Rei está a unos 15 kilómetros de Barcelona y media hora de Sant Cugat del Vallès, donde están los estudios de RTVE en Cataluña, donde se graba Saber y Ganar. Si a eso se le suma la proximidad con Collserola, pocos peros se le puede poner.
El municipio tampoco se caracteriza por ser un lugar donde vivan famosos ni tampoco gente con mucho dinero. Sus encantos son otros: su calma, sus bosques cercanos y su historia.
El propio nombre del municipio remite a su origen medieval. En 1188, Alfonso II de Aragón ordenó la construcción de unos molinos reales junto al río Llobregat para abastecer de harina a Barcelona.
Origen del nombre
Aquella infraestructura dio lugar a la denominación “Molins de Rei”, una referencia directa al poder real y a la función económica que desempeñó el enclave.
Ya no queda nada de esos molinos, solo su recuerdo en el nombre de la localidad. Lo que sí se mantiene es la relación histórica con el río.
El peso del río
La construcción del Canal de la Infanta en 1819 supuso un cambio importante. Favoreció la agricultura de regadío y el crecimiento de actividades industriales. En 1854 llegó el ferrocarril, que convirtió Molins de Rei en un importante centro de comunicaciones.
La industrialización dejó huella en el municipio, con fábricas textiles y otros espacios productivos que se sumaron a un paisaje hasta entonces marcado por la actividad agrícola.
Al lado del Llobregat fueron surgiendo antiguas fábricas textiles que hoy se han reconvertido en equipamientos culturales o espacios de uso comunitario.
Industrialización y riqueza
Esta capa industrial convive con elementos arquitectónicos de interés, como los esgrafiados de Ca n’Ametller o la presencia del Palau de Requesens, testimonio de épocas de prosperidad vinculadas al desarrollo económico del área.
Las calles conservan también vestigios de sistemas de riego tradicionales, integrados en un tejido urbano que mezcla memoria agrícola e impulso industrial.
Las fiestas
Una de las tradiciones más importantes de Molins de Rei es la Fira de la Candelera, documentada desde 1852.
Nacida como feria agrícola por decreto de Isabel II, ha evolucionado hasta convertirse en una de las citas comerciales más relevantes de Cataluña, sin perder su raíz vinculada al territorio.
La celebración ha evolucionado con el paso del tiempo hasta convertirse en un certamen que combina actividad agrícola, comercial, industrial, cultural y lúdica. En 2026 alcanzó su 175.ª edición, con más de 230.000 visitantes y cerca de 650 puestos y expositores.
Precisamente Jordi Hurtado fue el pregonero de esa edición. En su discurso explicó que llevaba 23 años viviendo en Molins de Rei y aseguró que quería al municipio, sus tradiciones y su gente.
El castillo entre los bosques
Pero más allá de fiestas Molins tiene otros atractivos, como Castellciuró, un castillo que, en su día, formó parte del sistema defensivo de la Marca Hispánica, vigilando el paso estratégico del Llobregat.
Hay quien afirma que, desde aquí, incluso se puede ver el mar, aunque poco de la antigua fortaleza. Apenas se conservan algunas estructuras de diferentes épocas. Se aprecian elementos que se remontan a los siglos X y XI y posteriores reformas góticas.
Rutas desde Molins
La fortificación, declarada Bien Cultural de Interés Nacional en 1949, se encuentra en el entorno de Collserola, el otro gran atractivo de Molins.
El bosque está tan próximo que más de la mitad de su término municipal está cubierto por esta masa forestal. Con posibilidades de exploración, gracias a los diversos senderos que parten desde el propio casco urbano y permiten adentrarse en la montaña.