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Pasear por el barrio de Sant Antoni en Barcelona nos lleva de forma casi inevitable a tropezar con uno de los monumentos comerciales más vivos y con más carácter de la ciudad.

El Mercat de Sant Antoni es el mercado municipal más grande de la capital catalana, con un recinto de unos 15.000 metros cuadrados dedicados por entero a la vida de barrio, al producto de proximidad y a la historia en pleno corazón del Eixample.

Este rincón no solo impresiona por su gran tamaño o por su modélica eficiencia energética, sino por esa cualidad única de reunir tres mercados distintos bajo una misma joya de la arquitectura.

La Barcino romana

El suelo sobre el que pisas al hacer la compra acumula siglos de memoria.

Los orígenes del enclave se remontan a la antigua Barcino romana, una época en la que por este mismo lugar pasaba el ramal costero de la célebre Vía Augusta junto a una gran necrópolis.

Mucho más tarde, en 1644 y en plena Guerra dels Segadors, el Consell de Cent mandó construir el baluarte de Sant Antoni, una imponente fortificación de piedra de Montjuïc pensada para defender la entrada sur de la muralla barcelonesa.

Aunque la estructura se derribó parcialmente a mediados del siglo XIX, las obras de remodelación del mercado sacaron de nuevo a la luz más de 80 metros de esta muralla defensiva y su contraescarpa, que hoy se pueden contemplar perfectamente integrados en la planta subterránea.

Una joya arquitectónica

El edificio actual abrió sus puertas en septiembre de 1882 tras tres años de obras dirigidas por el arquitecto Antoni Rovira i Trias junto al ingeniero José M. Cornet i Mas.

Diseñado como el primer gran mercado fuera de la antigua ciudad amurallada, su icónica planta en forma de cruz griega y su cúpula octogonal central se adaptaron a la perfección al trazado del Plan Cerdà.

Declarado Bien Cultural de Interés Local, el recinto conserva su majestuosa estructura de hierro combinada con 45.000 tejas y miles de azulejos de cerámica vidriada. Tras su ambiciosa remodelación concluida en 2018, el espacio emergió como un icono sostenible que ha recuperado sus patios triangulares y el foso medieval como área pública.

3 mercados y 231 paradas

El alma del edificio reside en su extraordinaria actividad comercial, que suma un total de 231 establecimientos repartidos entre sus diferentes vertientes.

En la nave central conviven 52 paradas de alimento fresco donde destacan históricos mostradores de charcutería, pescado, carne o verduras.

En estos pasillos encuentra acomodo también bares legendarios, que mantiene viva la tradición culinaria catalana con sus emblemáticos guisos y su clásico xuixo.

Rodeando la estructura principal, los Encants de Sant Antoni reúnen 101 paradas dedicadas al textil, calzado y moda, una costumbre nacida a principios del siglo XX cuando los vendedores ambulantes del Paral·lel se instalaron en los márgenes del mercado.

La oferta se completa cada domingo con el histórico Dominical de Sant Antoni, que despliega 78 puestos especializados en libros de segunda mano, cromos de colección, música, cómics y videojuegos.

Cómo llegar

Para desplazarte hasta el mercado en transporte público, la opción más rápida consiste en tomar la línea L2 de metro hasta la estación de Sant Antoni, o bien utilizar las líneas L1 y L3 en la parada de Espanya o Universitat para caminar unos minutos.

También diversas líneas de autobús urbano cuentan con paradas en las calles contiguas de Manso, Comte d'Urgell y Tamarit.

Visitar el Mercat de Sant Antoni es la excusa perfecta para sumergirse en la esencia comercial de Barcelona, descubrir vestigios romanos en su subsuelo y disfrutar de una mañana entre paradas tradicionales, libros antiguos y la mejor gastronomía de barrio.

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