Fiesta en el restaurante Picnic de Sitges

Fiesta en el restaurante Picnic de Sitges

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El mítico restaurante Picnic cierra tras 70 años en el paseo marítimo de Sitges: cuatro generaciones, 500 clientes en su despedida, un futuro incierto y un derribo pendiente

Ayuntamiento y responsables del local luchan para poder rescatar uno de los establecimientos más emblemáticos de la ciudad

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Hay lugares cuyo cierre duele. El del Picnic de Sitges es uno de ellos. El restaurante ya no volverá a abrir sus puertas, al menos, en el paseo marítimo.

El establecimiento ha cerrado este 27 de septiembre después de más de siete décadas de actividad y tras un último servicio que reunió a 500 clientes.

La despedida pone punto final a una historia que comenzó a mediados de los años cincuenta y que ha pasado por cuatro generaciones de la familia Matas Arnalot.

El cierre no responde a una decisión empresarial. Nadie aquí quiere cerrar. Son las leyes la que obligan a ello. La famosa Ley de Costas hace inviable su cercanía al mar, uno de los atractivos del lugar.

Un problema común

No son los únicos afectados por ello. Otros han caído antes, en Sitges y en otras partes de España. Aunque eso no es consuelo.

Las lágrimas han estado presentes todos estos días, igual que la lucha por seguir en pie. Hasta que no han podido más.

Día de despedida

Durante los últimos días, la familia ha vaciado progresivamente el establecimiento con mucho dolor. Sus clientes lo saben.

El domingo, algunos de los trabajadores que han formado parte de su historia y numerosos comensales habituales acudieron por última vez a un local que durante décadas ha formado parte del paisaje del paseo marítimo de Sitges.

Ellos no fueron los primeros en estar aquí. La primera concesión del espacio está documentada en 1933, cuando allí abrió el restaurante El Brollador.

Posteriormente funcionó como horchatería hasta que la familia Matas se hizo cargo del establecimiento a mediados de los años cincuenta. Nacía el Picnic.

Edificio protegido

Desde entonces, por el negocio han pasado cuatro generaciones de la familia, hasta que la resolución judicial ha puesto fin a la actividad.

De poco ha servido que el inmueble está catalogado como Bien Cultural de Interés Local y un litigo que ha durado más de diez años. El cierre del Picnic ya es un hecho.

Problema legal

El problema está en la situación del inmueble. El restaurante se encuentra sobre terrenos considerados de dominio público marítimo-terrestre y el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico ha ordenado su derribo.

La familia Matas Arnalot ha presentado distintos recursos para intentar mantener la actividad. El último fue rechazado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJC) durante el mes de septiembre.

Después de esa decisión, el MITECO comunicó a los propietarios que debían abandonar las instalaciones.

El desalojo podía hacerse de forma voluntaria o ejecutarse por la vía forzosa, una situación ante la que la familia finalmente optó por cumplir la resolución.

Otros restaurantes desalojados

Los propietarios han defendido que querían continuar con el restaurante hasta que existiera un proyecto definitivo para el derribo.

Otros establecimientos desalojados de la misma zona llevan tiempo cerrados y todavía no se ha materializado el futuro anunciado para esos edificios. De allí su petición.

Un último adiós

No ha sido posible. Por eso han querido despedirse de los suyos, de los de siempre y lo ha hecho sirviendo a 500 comensales. El comedor interior recibió a 174 personas durante el último servicio, más los que clientes que estuvieron en la terraza.

A ellos los despidieron con cava y música para poner fin a siete décadas de actividad.

Aunque está la parte más negativa: el cierre deja sin actividad a unos 40 trabajadores fijos y alrededor de 30 discontinuos.

Algunos empleados llevaban décadas vinculados al restaurante. Entre ellos hay trabajadores que comenzaron allí siendo jóvenes y que han desarrollado buena parte de su trayectoria profesional en el mismo establecimiento.

Qué dice el Ayuntamiento

El Picnic, por eso, es solo el último de una serie de establecimientos del paseo marítimo de Sitges afectados por la Ley de Costa: antes de ellos, el Club de Mar y el restaurante Kansas, corrieron la misma suerte.

El Ayuntamiento de Sitges ha mostrado su preocupación por los trabajadores afectados y ha puesto los servicios municipales a su disposición. Asimismo, el consistorio reclama que mientras no se resuelva definitivamente el destino de los edificios se puedan conservar y utilizar de alguna manera al servicio de la ciudadanía.

Futuro incierto

El Estado mantiene la previsión de recuperar el espacio y proceder al derribo, pero el Ayuntamiento quiere conocer el proyecto concreto y participar en la definición de los usos posteriores.

Representantes del MITECO tienen previsto desplazarse a Sitges durante el mes de octubre para abordar el futuro del Picnic, el Kansas y el Club de Mar. Por ahora, lo único definitivo es que el Picnic ha dejado de funcionar.