El refugio de Empar Moliner

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El refugio de Empar Moliner: 26 hectáreas de avellanos, 4,8 kilómetros de río y más de 1.000 años de historia

La escritora catalana se declara amante del "entorno no urbano", un lugar en el que creció

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Empar Moliner es una de las escritoras más queridas en Cataluña. Sus apariciones en radio y televisión, sus artículos y comentarios sarcásticos sobre la vida social y política y sus libros tienen buena parte de culpa.

Esto, por eso, implica mucha actividad, algo que agota. Como toda persona, por eso, ella se ha buscado sus refugios, lejos de la gran ciudad.

Ella nació precisamente allí, en lo que ella llama un “entorno no urbano”, como Santa Eulàlia de Ronçana, un pueblito de unos 7.000 habitantes situado en el Vallès Oriental, a las afueras de Barcelona.

Lo curioso es que en un momento quiso huir de allí, por eso se apuntó a una compañía de teatro a los 17 años. Su sueño en ese momento era ser de Nueva York.

Un entorno que odió

Con los años, sin embargo, cambió su percepción. Ahora reivindica precisamente ese origen de pueblo.

La escritora guarda recuerdos ligados al campo de su pueblo. Mientras estudiaba, trabajó recogiendo avellanas, algo bastante común entre los jóvenes de Santa Eulàlia de Ronçana.

Un refugio con muchas avellanas

Este municipio tiene una gran relación con este fruto seco que determina su paisaje. Sin ir más lejos, en la masía medieval de Can Burguès todavía se conservan 26 hectáreas dedicadas al cultivo del avellano, repartidas en diferentes parcelas.

Algunas plantaciones tienen más de 50 años y otras son mucho más recientes. De hecho, en 2004 esa explotación hizo la conversión al cultivo ecológico hasta obtener la primera cosecha con certificación ecológica en 2007.

La finca en sí también tiene su importancia. A pesar de que el edificio actual se fue ampliando a partir de una construcción medieval, todavía conserva elementos de diferentes épocas.

Así, la masía histórica aún conserva una ventana gótica y pinturas murales realizadas durante una reforma del siglo XIX.

Más allá de los avellanos

Allí todavía se conserva la mayor cantidad de hectáreas del municipio y, aproximadamente, la mitad de sus avellanos son de la variedad negret, una de las más apreciadas para consumir el fruto tostado.

Pero Santa Eulàlia de Ronçana no se acaba en esta masía y sus avellanos. Hay que tener en cuenta que su historia se remonta a épocas ibéricas.

Origen prehistórico

En distintos puntos del municipio se han localizado materiales y yacimientos de época íbera e incluso prehistóricos.

En el mismo Can Burguès se documentaron estructuras arqueológicas relacionadas con asentamientos prehistóricos, con materiales que se remontan a la Edad de los Metales.

Vista aérea de Santa Eulàlia de Ronçana

Vista aérea de Santa Eulàlia de Ronçana AYUNTAMIENTO DE SANTA EULÀLIA DE RONÇANA

En el entorno de Sant Cristòfol aparecieron fragmentos de ánforas, cerámica y tejas romanas, además de materiales de época ibérica.

El pasado romano dejó igualmente restos en Can Rof, donde se localizaron materiales que apuntan a la existencia de una antigua villa. Entre ellos había cerámica romana, piezas ibéricas, tejas y otros restos constructivos.

La historia de Santa Eulàlia

De todos modos, la primera vez que Santa Eulàlia de Ronçana aparece documentada es en el año 932.

La referencia se encuentra en el acta de consagración de la iglesia de Sant Genís de l'Ametlla, donde ya aparece mencionado el término de Santa Eulàlia.

Origen del nombre

La parroquia se convirtió en el eje alrededor del cual se organizó el territorio y el barrio de la Sagrera acabó concentrando buena parte del núcleo histórico.

El nombre del municipio también tiene historia. En documentos antiguos aparece con formas como Arençana, Orenciana, Aurenciana, Orensana, Oronzens o Rohensana, hasta que la forma Ronçana quedó fijada entre los siglos XIV y XV.

De esas épocas y de su pasado rural se nutre el patrimonio de Santa Eulàlia, con hasta 230 elementos catalogados dentro del término municipal.

Edificios, conjuntos arquitectónicos, elementos de interés, yacimientos arqueológicos y patrimonio inmaterial aparecen en el catálogo de la Diputación de Barcelona.

Ermitas y antiguas masías

Entre ellos aparecen numerosas masías. Can Burguès es una de ellas, pero también están otras fincas como Can Brustenga, Can Gafa o Can Puig de la Vall.

También hay varias construcciones religiosas de diferentes épocas, como la ermita de Sant Cristòfol de Pallars, documentada desde 1194 y que conserva el origen románico de la antigua capilla.

El río

La capilla de Sant Simplici es otro de los edificios destacados. Está documentada desde el siglo XIII y fue restaurada después de años de abandono. Su entorno también conserva restos arqueológicos de época romana.

Aunque también hay un patrimonio natural que sus vecinos y la propia Empar Moliner aprecian mucho: el río Tenes.

El Ayuntamiento lo considera uno de los principales elementos patrimoniales del municipio y una parte básica de su identidad.

Su curso fluvial recorre 4,8 kilómetros a su paso por Santa Eulàlia de Ronçana y cuenta con un camino acondicionado que permite seguir parte de su recorrido, en el que se pueden ver algunas nutrias.

Los recuerdos de Empar Moliner

En cualquier caso, Santa Eulàlia de Ronçana conserva así buena parte de los elementos que explican aquel entorno no urbano que Moliner recordaba al hablar de su infancia.

Los campos de avellanos, las masías, el río Tenes y las antiguas ermitas forman parte de un municipio que, evidentemente, ha cambiado desde que la escritora se fue, pero en el que todavía está presente una importante huella agrícola y rural.