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Hay pueblos que tienen un atractivo especial. No les hace falta mucho. Basta con tres letras, un pasado interesante y un entorno ordenado.

En España hay muchos municipios que responden a estas características, pero pocos son como Bot (Tarragona).

Este pueblo de menos de 600 habitantes, ubicado en la vinícola zona de la Terra Alta, está rodeado de naturaleza y tiene decenas de rutas por hacer a su alrededor.

Pero aquí no solo se conservan diferentes espacios naturales, también hay varios elementos arquitectónicos vinculados a la historia del municipio, cuyo atractivo merece ser puesto en valor.

Arquitectura e historia

El patrimonio arquitectónico de Bot incluye la iglesia parroquial de Sant Blai, construida en el siglo XVII.

El templo presenta elementos renacentistas, paredes de piedra picada, arcos de medio punto y bóvedas de crucería.

Qué ver en Bot

También destaca la Casa de Paladella, una casa señorial levantada entre finales del siglo XVII y principios del XVIII. Y es que la historia del lugar tiene mucha miga.

El municipio se habría asentado sobre un antiguo poblado de origen ibérico, pero su nombre y existencia no aparecen documentados hasta el siglo XII.

El texto de la época relaciona a Bot con la concesión del castillo de Miravet a la orden del Temple por parte del conde Ramon Berenguer IV.

No fue la única vez que el municipio tendría un lugar en los documentos históricos. El municipio tuvo protagonismo durante algunos de los principales conflictos bélicos de la historia contemporánea del país.

Un pueblo marcado por la guerra

Durante la primera Guerra Carlista, las tropas que sitiaban Gandesa se retiraron hacia esta localidad para protegerse, sin ir más lejos.

También durante la Guerra Civil, los republicanos ocuparon parte de la localidad durante varios días en el contexto de la batalla del Ebro. Algo que sigue marcando a la localidad.

Momentos de alegría

Por suerte, no todo son batallas. En Bot también hay momentos para la fiesta. En enero tiene lugar la Fiesta del Aceite, dedicada a San Antonio.

En febrero se celebran las fiestas mayores en honor a Sant Blai y la Candelaria, patronos de la localidad. En marzo llega la festividad de San José, mientras que julio está marcado por San Cristóbal.

Las celebraciones continúan en agosto con las fiestas dedicadas a la Virgen, que completan el calendario festivo anual de este municipio de la Terra Alta.

Pero es solo a modo informativo, para dar cuenta de que Bot no solo es un escenario de batallas, muerte y conflicto. Sus atractivos son muchos.

Una ruta entre vías y túneles

La naturaleza es uno de esos factores que hacen interesante al lugar. Por aquí pasa una Vía Verde, un recorrido asfaltado de 26 kilómetros que sigue el trazado de una antigua línea de ferrocarril.

El itinerario atraviesa varios túneles, algunos de ellos de hasta 800 metros de longitud, por lo que hay que estar preparados. La oscuridad se impone aquí, así que es mejor llevar una linterna.

Piscinas y aguas termales

Más allá de la aventura de ir por antiguas vías de tren, está el espectáculo natural. Esta Vía Verde permite llegar hasta las piscinas naturales de la Fontcalda, uno de los espacios más conocidos del entorno.

El recorrido a pie desde Bot dura aproximadamente una hora y media, una caminata que vale la pena. Tal y como indica el nombre del lugar, de aquí emanan aguas cálidas y termales, que van muy bien ahora que se acerca el frío.

Otro de los puntos del entorno es el Forat de la Donzella, un manantial que surge entre las rocas junto a la ermita de Sant Josep, situada en una colina junto al río Canaletes.

Así, Bot es mucho más que un pueblo de tres letras. Es un municipio con historia, marcado por la guerra y las tradiciones, pero también rodeado de caminos y espacios naturales de la Terra Alta por conocer.

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