Mucho se habla de los toboganes gigantes de algunas piscinas y parques acuáticos, incluso de los parques municipales, pero en Cataluña hay uno que es todo un icono y se aleja de todo esto.
Está en medio de la montaña de un pueblo tan costero como Calafell (Tarragona). Estuvo a punto de desaparecer por varios incendios, pero nada pudo con él.
Calafell Slide sigue en pie desde 1989, ofreciendo diversión a niños y adultos, con un enorme tobogán metálico de 700 metros que se desciende alcanzando velocidades de hasta 30 km/h.
La atracción se encuentra en una colina a las afueras de Calafell y aprovecha la propia pendiente del terreno para crear un recorrido que solo tiene una línea recta, la de ascensión.
Cómo es
El descenso se hace a través de curvas y cambios de dirección en los que hay que agarrarse bien para no salir eyectado.
Desde la carretera se puede ver su silueta. El tobogán dibuja un trazado zigzagueante por la ladera antes de regresar hacia la zona inferior.
La historia de un tobogán
Su historia comenzó en 1989, cuando el alemán Hans Zimmermann puso en marcha el proyecto de construir una instalación de estas características.
En aquel momento, el tobogán se convirtió en una atracción singular y llegó a ser considerado uno de los más largos de Europa y de la península ibérica.
Más de tres décadas después, la estructura continúa formando parte del paisaje de Calafell y se ha convertido en una de las instalaciones de ocio más reconocibles del municipio.
Un tobogán diferente
La experiencia empieza antes del descenso. Desde la carretera ya se ve cómo es lo que le espera a uno, pero el vértigo no se siente hasta llegar a la parte superior.
Dato importante. Para subir hasta el punto más alto no hay que subir cientos de escalones. El tobogán funciona de una manera algo distinta.
Cómo funciona
Se usa un vehículo peculiar, parecido a un patinete en el que uno se sienta. No hay nada donde agarrarse, solo una palanca central que queda entre las piernas y que es el mecanismo que sirve para frenar en la bajada.
No hace falta cargarlo a cuestas hasta arriba, sino que, a través de un sistema de cremallera, arrastra los vehículos por la pendiente hasta el punto de partida.
Descenso por el tobogán de Calafell Slide
El visitante empieza a imaginar dónde se ha metido durante el ascenso en este pequeño trineo metálico y, cuando se deshace de la cadena de ascenso y empieza la pendiente, llega lo mejor.
El trineo se desliza por un circuito metálico de unos 700 metros de largo en dirección descendente, entre curvas y cambios de giro. Si no se toca mucho el freno, el aventurero puede alcanzar velocidades de hasta 30 kilómetros por hora.
Cómo bajar el tobogán
El recorrido serpentea por la montaña y obliga a controlar la velocidad mediante la palanca, especialmente en los tramos con mayor pendiente. Por eso no solo lo disfrutan los niños, sino también los adultos.
Ese es uno de los secretos de su éxito, por el que Calafell Slide ha sobrevivido al paso del tiempo y a la aparición de nuevas formas de ocio.
Superviviente al fuego
Su particular ubicación también ha hecho que forme parte del paisaje de esta localidad del Baix Penedès. Allí, en la colina.
Esto también le ha hecho pasar malos momentos, entre ellos varios incendios forestales que han afectado a las inmediaciones. A pesar de ello, el tobogán ha continuado funcionando.
Además, hay un añadido, una especie de viaje en el tiempo en el que no hacen falta experiencias inmersivas ni pantallas, solo una especie de trineo con una palanca de freno. Nada más.
Pero precisamente esa sencillez es parte de su atractivo. No hacen falta ni piscinas en verano, solo un tobogán gigante y ganas de pasarlo bien.
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