Calle de Sant Antoni de Vilamajor, donde comer un buen fuet

Calle de Sant Antoni de Vilamajor, donde comer un buen fuet

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El pueblo donde comer fuet y embutidos a reventar: 5.000 habitantes, 336 tesoros patrimoniales y una torre románica de 25 metros

Durante la Edad Media, toda la zona vivió una época de esplendor, llegando a ser una de las localidades más importantes del Vallès

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Cataluña ha exportado muchas cosas al mundo, también a nivel gastronómico. El alioli hasta ha castellanizado su nombre y se puede comprar hasta en Portugal, sin ir más lejos.

No es lo único. Igual que el jamón serrano, un embutido muy característico de esta comunidad autónoma es el fuet y hay un lugar donde uno puede comer hasta reventar.

En la zona de Vilamajor, concretamente en Sant Antoni, hay una charcutería fundada en 1899 cuyo fuet enamora a toda la zona, también a los de Sant Pere, el otro núcleo cercano.

En Can Ponassa han trabajado cuatro generaciones de la familia Bertran, ofreciendo un producto fresco, de proximidad y elaborado por ellos mismos, y han conquistado los paladares de la zona. Quien prueba sus embutidos cae rendido.

Tradición ganadera

¿Hay mucha tradición ganadera? Sí, tanto como historia tiene la zona de Vilamajor, con un antiguo castillo, una ermita medieval y un antiguo núcleo medieval conocido como La Força.

Con unos 5.000 habitantes, Sant Pere de Vilamajor es el municipio más popular. El Mapa de Patrimonio Cultural recoge 336 elementos, entre construcciones, restos arqueológicos, patrimonio natural y otros bienes vinculados a la historia del municipio.

El antiguo castillo de Vilamajor

Eso sí, está todo concentrado. Buena parte de este patrimonio está en La Força, el antiguo núcleo medieval de Vilamajor.

Con este nombre se conoce el palacio de los condes de Barcelona, además de una fortificación formada por torres defensivas, murallas, una gran sala noble, iglesia, molinos, fraguas y otras dependencias.

Sant Pere de Vilamajor

Sant Pere de Vilamajor

Durante la Edad Media, todo Vilamajor vivió una época de esplendor, llegando a ser una de las localidades más importantes del Vallès.

El conjunto fortificado era el centro político y económico de la población y recibió incluso a miembros de la casa condal de la ahora capital de Cataluña.

El terremoto que acabó con todo

Un fuerte terremoto que hizo temblar el Vallès derrumbó el castillo e hizo desaparecer toda la construcción original en 1448.

La casa real decidió no reconstruirlo, pero los habitantes comenzaron a reutilizar las piedras de las ruinas para levantar o reformar casas y masías.

Iglesia y fortaleza

Así, se puede decir que La Força sigue en buena parte de las viviendas de la zona. También pueden encontrarse restos de aquella antigua fortificación en algunos tramos de muralla y otras estructuras defensivas del núcleo histórico de Sant Pere.

El elemento más reconocible de este conjunto es la Torre Roja, una torre románica de unos 25 metros de altura y seis metros de ancho en cada lado.

Quien la ve se hace una idea del origen del nombre. La tonalidad rojiza de la piedra arenisca con la que fue construida, procedente del Figaró, es la razón de su denominación popular.

La torre está situada junto a la iglesia de Sant Pere y ahora es el campanario del municipio, aunque permanece separada físicamente del templo.

Patrimonio catalán

Esta diferenciación se nota, no por el origen de ambas, sino porque la Torre Roja conserva aún su aspecto defensivo. Todo un conjunto de cualidades que la llevan a estar catalogada como Bien Cultural de Interés Nacional.

Junto a ella se encuentra la actual iglesia de Sant Pere, construida después del terremoto y consagrada en 1600. En este caso, es una construcción que combina elementos de estilo gótico y renacentista y tampoco olvida las piedras del antiguo castillo.

Fuet y tradición

Muy cerca está el otro núcleo de Vilamajor y el lugar de los fuets y los embutidos, Sant Antoni de Vilamajor. Aquí no hay piedra roja, pero hay una cultura gastronómica y un patrimonio igual de interesante que el de Sant Pere.

Como pasa en todo pueblo de origen medieval que conserva su trazado, la plaza de la Vila es su centro neurálgico y escenario de ferias, mercados y celebraciones populares.

Tampoco falta la iglesia parroquial de Sant Antoni Abat, de origen medieval y reformada en el siglo XVIII, ni las tradicionales masías centenarias dispersas por su término, testigos de su tradición agrícola.