Publicada
Actualizada

Son pocos habitantes, menos de 3.000, pero ellos también tienen su mercado semanal e ir es un placer. Primero, por los productos que ofrecen y, segundo, por el marco en el que se produce.

El mercadillo de Camprodon (Girona) es de esos que, aunque sean pequeños, son de postal. Tiene poco más de 20 puestos, pero el municipio es tan bonito que es imposible no querer hacer fotos.

Se celebra cada domingo por la mañana, desde las nueve de la mañana hasta las 14 horas y, como pasa en los mercadillos del Pirineo, ofrece un producto de proximidad de muy buena calidad.

Hay de todo, como suele pasar en todos los mercadillos. No falla la alimentación, tampoco la ropa, alguna parada de productos de menaje, ferretería, jardín y hogar y alguna que otra sorpresa.

Qué comprar

Con un entorno como el del Pirineo, donde la agricultura y la ganadería son referentes, no faltan alimentos de la zona. Así, es habitual encontrar alguna parada donde comprar carne de ternera y de potro, quesos y embutidos.

Tampoco faltan los productos de la tierra, con especial atención a las patatas del valle de Camprodon, lechugas, tomates y demás. Eso y alguna galleta.

Un apellido emprendedor

Porque una de las primeras industrias que aquí funcionó fue la de la histórica fábrica de galletas Birba. El nombre es el de una familia del pueblo que, en 1893, puso en marcha una pequeña actividad pastelera que acabaría dando lugar a las galletas.

Desde entonces, y ya llevan más de un siglo, este pequeño negocio de la familia Birba se ha convertido casi en marca del pueblo y casi de toda Cataluña.

La primera fábrica se inauguró en 1929, cuando la demanda ya había convertido el obrador de los Birba en un fenómeno cuya fama no dejaba de crecer. Aun así, no perdieron su esencia.

La marca mantuvo su base en Camprodon. Sí, se fue adaptando a distintos momentos históricos, incluida la Guerra Civil y posteriores etapas de modernización, pero nunca perdió el sello artesanal que hizo popular a la marca.

Las galletas Birba

Tampoco han olvidado nunca de dónde vienen, cuál es el origen. Las mismas cajas de galletas lo demuestran. En ellas aparecen paisajes inconfundibles de Camprodon, como sus casas de piedra, el río y su puente.

Por eso, en el mercadillo del domingo, si faltaran las galletas y los dulces, sería como si fallara algo. Pero no sucede. Las galletas son un sello de Camprodon.

Dónde se pone el mercadillo

También lo es el lugar donde se ubica el mercado ambulante, la plaza del Doctor Robert. Este es uno de los centros neurálgicos de la vida social de Camprodon y un lugar desde el que empezar a explorar el municipio.

Desde aquí uno puede acercarse fácilmente a la imagen que predomina en las galletas Birba: el río Ter. Y, una vez se llega a él, es imposible no tomar una foto al Pont Nou.

El puente es uno de los símbolos de la localidad. Durante siglos permitió la entrada a la villa y era el punto que permitía la conexión de los lugareños con las rutas que atravesaban el Pirineo y que cruzaban a Francia.

Una vez visto, se puede seguir el paseo por las calles del centro y acercarse a algunos de los edificios históricos, como la iglesia de Santa María.

Qué ver en Camprodon

El templo religioso de Camprodon es de origen románico, muy típico en esta zona, pero tiene una peculiaridad. En sus distintas remodelaciones se incorporaron elementos góticos y barrocos.

Ya en su interior también se conserva, según la tradición, la arqueta de Sant Patllari con los restos del santo. No está comprobado, pero la leyenda allí está.

El monasterio románico

Otro de los grandes puntos patrimoniales de Camprodon es el monasterio de Sant Pere, vinculado a la antigua comunidad benedictina y construido en época medieval.

A diferencia de la iglesia, este edificio sí conserva su estructura románica. Es de planta de cruz latina, con un ábside central y un característico cimborrio octogonal sobre el que se levanta la torre del campanario.

Camprodón

Este monasterio también tiene una peculiaridad. No tiene que ver con los santos, sino con algo más terrenal, aunque a veces inmaterial: la cultura. En su interior es habitual que se celebren algunos conciertos.

Un pueblo conectado a la música

Y es que la música tiene una relación especial con Camprodon. Esta es la ciudad natal de Isaac Albéniz, uno de los grandes compositores españoles del siglo XIX y principios del XX.

El pueblo le dedica a él su museo más importante. Una visita a sus instalaciones ayuda a conocer la vida y la trayectoria del compositor nacido en Camprodon en 1860.

Albéniz, la otra marca de Camprodon

También se celebra desde 1985 el Festival Isaac Albéniz. Durante esos días, Camprodon se llena de la música del compositor, con el paseo Maristany y el citado monasterio de Sant Pere como escenarios.

Por tanto, se puede decir que una escapada de domingo a Camprodon puede resultar un atractivo para todos los gustos. Se puede comprar, escuchar música y disfrutar del paisaje y la historia de este valle del Pirineo.

Noticias relacionadas