Son muy pocas las ciudades que pueden decir que en su corazón se esconde un parque tan grande que integra 90 hectáreas de bosque, humedales y varias rutas.
Lleida sí puede. El Parc de la Mitjana es un espacio natural junto al río Segre que ofrece la posibilidad de contactar con la naturaleza sin necesidad de salir de la ciudad.
Por aquí pasean familias, runners, ciclistas y gente que solo quiere desconectar. Espacio hay de sobra y lugares para hacerlo también.
El parque ocupa unas 90 hectáreas y dispone de una red de caminos que permite realizar recorridos de hasta unos 6 kilómetros, prácticamente llanos.
Un bosque en la ciudad
A eso hay que sumarle que el lugar cuenta con dos observatorios de aves en el entorno de la Bassa Gran, uno de los puntos más queridos por los leridanos.
¿Cómo es posible un parque tan grande en una ciudad? Porque La Mitjana está o arranca en el extremo norte de Lleida y sigue el curso del río Segre, hasta adentrarse por bosques de chopos, álamos, alisos, fresnos, sauces y otras especies.
Los colores de la ruta
El verde predomina, pero el agua es protagonista. El Segre atraviesa el parque y genera diferentes brazos, pequeñas islas fluviales y zonas húmedas.
De hecho, el nombre de Mitjana está relacionado con estas islas fluviales que aparecen cuando el cauce se divide en diferentes brazos y los sedimentos se acumulan hasta formar nuevos terrenos.
El resultado es un paisaje de bosque y agua prácticamente integrado en la ciudad y declarado Área de Interés Natural en 1979, debido a sus valores ambientales.
Hoy el Parque de La Mitjana, junto a los Camps Elisis, es uno de los principales espacios naturales de Lleida.
Sendero de 6 kilómetros
El lugar está lleno de senderistas que se pierden por su red de caminos y de las zonas que se quieran visitar. Algunos son más cortos y otros permiten recorrer buena parte del parque.
Uno de los recorridos puede alcanzar aproximadamente los seis kilómetros, una distancia suficiente para convertir el paseo en una excursión de varias horas.
La Bassa Gran
Que nadie sufra, hay áreas de descanso, aunque la más querida es la Bassa Gran, un humedal convertido en refugio para numerosas especies, donde hay dos observatorios de aves, pensados para contemplar la fauna.
Muchos aficionados a la ornitología se acercan allí a avistar las especies que allí se posan e incluso anidan, como ánades reales, pollas de agua, martines blancos y garzas reales, entre otras.
Claro que para los más asustadizos cabe advertir que aquí también pueden encontrarse ranas, sapos, serpientes de agua, barbos, lucios e incluso zorros y jabalíes. Hay que ir con cuidado.
Eso sí, todo es muy bucólico. En este recorrido junto al Segre se pasa por un embarcadero y los Pous de Sant Miquel, pozos de captación de agua vinculados a la fábrica de cerveza San Miguel.
Una excursión también para niños
Aquí hay de todo, hasta una zona de pícnic y juegos infantiles conocida como La Carbonera, donde los niños disfrutan y se olvidan de la caminata que tienen que hacer. Aun así, la ruta es sencilla, apta incluso para niños.
En cualquier caso, la red de caminos permite plantear la visita de diferentes maneras, incluso acortarla si hace falta. La experiencia sigue siendo única.
Una excursión sin salir de la ciudad
¿Quién puede decir que en una visita a una gran ciudad universitaria acaba avistando aves, cruzándose con zorros y perdiéndose por un parque de 90 hectáreas de bosque? Eso solo pasa en Lleida.
Además, se puede visitar varias veces, siempre es diferente. En primer lugar, por los caminos; después, por los cambios que se viven según la época del año: en primavera y verano predominan los tonos verdes, mientras que durante los meses más fríos el bosque es menos denso y aumenta la presencia de algunas aves migratorias. Toda una experiencia.
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