El refugio de Mario Casas y Melyssa Pinto CRÓNICA GLOBAL
El refugio de Mario Casas y Melyssa Pinto: 14.000 habitantes, 12 kilómetros de embalse y una antigua fábrica de porcelana
La vivienda, situada en una exclusiva urbanización de Madrid, se ha convertido en uno de los proyectos personales más importantes de la influencer catalana
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Pocos confiaban en esta relación, pero Mario Casas y Melyssa Pinto forman una pareja cada vez más consolidada. La catalana ha robado el corazón del actor y viceversa, y viven felices en su refugio, apartados de la civilización.
Después de disfrutar de un viaje por Namibia, entre safaris, jirafas y paisajes espectaculares, la pareja ha reaparecido en un plan mucho más cotidiano: haciendo compras para la nueva casa de Melyssa Pinto.
La vivienda, situada en una exclusiva urbanización de Madrid, se ha convertido en uno de los proyectos personales más importantes de la influencer durante los últimos meses.
Melyssa ha mostrado en varias ocasiones cómo avanza la vivienda y ha compartido en redes sociales un recorrido por sus diferentes estancias.
Cómo es la casa
La casa cuenta con todos los lujos que uno espera de esta pareja: jardín, piscina, porche y una decoración de inspiración mediterránea.
Tampoco faltan los grandes ventanales para tener luz natural y los espacios abiertos con una estética marcada por la madera y los tonos claros.
La piscina y el jardín
Aunque lo que siempre gusta más de este tipo de casas es la piscina. La de Pinto y Casas está rodeada de diferentes ambientes, entre ellos una zona chill out y un porche con sofás de madera.
En el interior destacan el gran salón, una escalera flotante con peldaños de madera y barandilla de cristal y una suite principal con vistas al exterior.
Pero la pregunta para muchos es: ¿dónde está? Las últimas informaciones hablan de Valdemorillo, una localidad de la Comunidad de Madrid que ronda los 14.000 habitantes. Pocos pobres.
Esta localidad es conocida por las grandes urbanizaciones residenciales, como en la que viven Mario Casas y Melyssa Pinto. Pero el municipio en sí tiene muchos más atractivos que la gente rica.
Un pantano de 12 kilómetros
Para empezar, está la naturaleza. El embalse de Valmayor es uno de los lugares más queridos por sus vecinos.
Si bien es cierto que es una construcción artificial, se agradece tener 755 hectáreas y aproximadamente 12 kilómetros de longitud de agua en plena meseta madrileña.
Actividades
Es habitual ver aquí a gente pescar o navegar por sus aguas, especialmente en verano, cuando el calor aprieta.
A su alrededor no faltan los bosques, zonas de ribera y amplias áreas naturales con encinares.
Embalse de Valmayor
Ya de vuelta al pueblo, Valdemorillo guarda una sorpresa: una antigua fábrica que llegó a producir porcelana, loza, vidrio y otros materiales.
Su historia arranca en 1845, cuando se creó la Sociedad del Aulencia. La planta aprovechó los recursos naturales de la zona y llegó a convertirse en una importante instalación industrial.
Una antigua fábrica de porcelana
Uno de los elementos más reconocibles de aquel complejo son los hornos-botella, grandes estructuras de ladrillo que todavía se mantienen en pie y que hoy albergan el CUMVAL, la Cueva Museo de Cerámica y Vidrio de Valdemorillo.
Así, a pesar de que la fábrica no esté en marcha, se ha reconvertido en un espacio de memoria que permite descubrir el pasado industrial del lugar.
Una iglesia de cinco siglos
Tampoco falta la arquitectura religiosa. Como buen municipio español, en el centro de Valdemorillo se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción.
Fue construida entre finales del siglo XV y el siglo XVI, aunque su historia es anterior. Se aprecia porque el templo presenta elementos del gótico tardío y de la arquitectura renacentista e incluso se intuye la influencia del estilo herreriano.
Iglesia de Valdemorillo WIKIPEDIA
No es la única. Valdemorillo conserva varias construcciones religiosas de menor tamaño. El municipio llegó a tener hasta siete ermitas, aunque actualmente solo se conservan dos.
Una de ellas es la ermita de San Juan, levantada en el siglo XIX sobre los restos de una construcción anterior y que luce elementos artesanales de madera.
Tierra de reyes
La otra es la ermita de Valmayor, situada junto al embalse y a unos seis kilómetros del casco urbano. Es muy conocida porque es el principal vestigio del antiguo poblado de Valmayor, una localidad que desapareció después de la construcción del embalse.
Todo en una tierra de reyes. Ya el Libro de la Montería de Alfonso XI menciona que en 1302 la monarquía frecuentaba estos lares.
Coto de caza
Venían a los bosques y espacios naturales de Valdemorillo a cazar y disfrutar de los paisajes situados al oeste de Madrid. Tanto es así que Juan II y Enrique IV tuvieron palacios y pabellones de caza en la zona.
Por tanto, se puede decir que el refugio de Mario Casas y Melyssa Pinto no solo es un pueblo de lujo, es también tierra de reyes.