La masia catalana convertida en hotel de lujo, Finca Llongariu
El hotel perfecto para desconectar del trabajo y los niños: 11 habitaciones, 400 hectáreas y una piscina infinita en la montaña
La fachada conserva elementos característicos de las grandes casas rurales catalanas
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15 de agosto. Muchos empiezan ahora sus vacaciones. Hay que huir del trabajo y, si la familia lo permite, de los niños.
Cada vez hay más hoteles que lo ofrecen. No son del agrado de Candela Peña o Grison, que tienen criaturas, pero sí de aquellos que no las tienen o que quieren una desconexión total. Si a eso se le suma un paisaje de montaña, el combo puede ser muy bueno.
Uno de ellos, porque hay muchos otros e igual de buenos, es la Finca Llongarriu. Como bien dice su nombre, no es un hotel al uso, sino una finca que se ha reconvertido en alojamiento turístico.
Tampoco está en una montaña cualquiera. Se encuentra en la Garrotxa, tierra volcánica reconocida de Cataluña.
Una finca de 400 hectáreas
La finca es enorme, ocupa una superficie de más de 400 hectáreas de bosques, montañas y valles. En cambio, la masía es discreta.
No hay grandes instalaciones hoteleras ni decenas de habitaciones alrededor, sino una antigua casa restaurada en medio de la naturaleza del valle de Camprodon.
Una masía reconvertida
La idea es precisamente estar en un espacio natural y abierto, pero donde no haya mucha gente y menos aún niños. Todo en una finca con solo 11 habitaciones: dos suites y nueve habitaciones dobles.
Esto y bastante historia. En su origen, Llongarriu era una casa solariega del siglo XIV y la propiedad estuvo vinculada inicialmente a la familia Moguer.
En 1602 pasó a Joan Llongarriu, alias Roncar, y la familia mantuvo la propiedad hasta 1987; luego ya pasó a otras manos.
El edificio que se puede ver actualmente es fruto de esos cambios y de diferentes reformas y ampliaciones realizadas a lo largo de los siglos, especialmente a partir del XVIII.
La fachada original
Aun así, la fachada conserva elementos característicos de las grandes casas rurales catalanas. Prueba de ello son las galerías porticadas con arcos de medio punto, que aún se conservan, junto a otros elementos arquitectónicos relacionados con la historia de la finca.
La rehabilitación para convertirla en hotel tampoco es completamente actual. Comenzó en los años 2000, aunque procurando conservar la estructura original.
Cómo son las habitaciones
Los antiguos espacios de la casa se han transformado en habitaciones y zonas comunes sin renunciar a elementos como los suelos y techos de madera originales, que lucen casi como antes en las 11 habitaciones.
Cada una de estas estancias tiene su propia personalidad y está relacionada con alguna de las montañas de la Alta Garrotxa. Se ve en la madera de roble que las viste, junto a las alfombras artesanales y obras de arte, combinadas con los elementos históricos de la masía.
Las habitaciones dobles tienen diferentes tamaños. Las más modestas son de 17 metros cuadrados y las más lujosas llegan a los 25 m2, y algunas cuentan con vistas hacia el valle.
Los baños también varían según la estancia: hay habitaciones con ducha de efecto lluvia y otras con bañera de hidromasaje.
Spa incluido
Se elija la habitación que se quiera, en el precio van incluidos el desayuno servido en la mesa, el acceso ilimitado al spa y la zona de aguas y el minibar con productos locales.
A eso se le suman las instalaciones. El huerto reconvertido en jardín y, sobre todo, una piscina infinita con vistas a los valles del Bac y de Carrera son sus grandes atractivos.
Cuadras transformadas
Pero en su interior aguardan otros servicios. Las antiguas cuadras y otras dependencias del semisótano se han convertido en una zona de aguas y bienestar.
En esta zona de spa se ofrecen tratamientos y experiencias relacionadas con el bienestar. Y se puede reservar para uso privado entre las 23.00 y las 2.00 horas, cuando el hotel ilumina el espacio con velas.
Todo está pensado para quedarse allí sin salir; sin embargo, eso impediría disfrutar de las más de 400 hectáreas continuas de la finca.
En este espacio se hallan torrentes y pequeños cursos de agua, así como bosques de encinas, hayas y pinos, que forman parte de la Vall del Bac.
Rutas desde el hotel
Este espacio se puede recorrer en bici, a pie o incluso a caballo por los diferentes itinerarios señalizados que hay en la finca. Son caminos históricos que atraviesan bosques, claros y diferentes puntos del territorio del valle.
Además, si uno se cansa, siempre puede recobrar fuerzas en el restaurante de la antigua masía, que ofrece cocina tradicional de la Garrotxa. Una experiencia pensada para la desconexión de las obligaciones y la conexión con la naturaleza.